Quienes somos Inicio Poesías Recomendamos Nuestros productos Música y cine Entrevistas Noticias Revista Libro de visitas Mapa web Premios Www.ratondebiblioteca.es Visiones Miembros de Www.ratondebiblioteca.es

 Junio - 2021 

 L ¦ M ¦ M ¦ J ¦ V ¦ S ¦ D  D 

          1     2     3     4     5     6  

   7     8     9    10   11   12   13 

  14   15   16   17   18   19   20 

  21   22   23   24   25   26   27  

  28   29   30    13 

       Agenda cultural de
  www.ratondebiblioteca.es ©




   


Será mostrado si existe



Publicidad
Escrito por Apolo el 15/05/21

MISTERIO EN EL VAPOR MIRAFLORES IV


Pasó aproximadamente una hora entre el desayuno y el arribo de nuevos pasajeros para que el vapor siguiera su rumbo a la espera que no se presentasen más hechos incomodos para los viajeros.

Esto sería una ilusión porque dentro de los nuevos pasajeros estaba una señora un poco extraña, vestía de negro desde una vincha en su cabeza hasta sus zapatos.

Además cargaba un canasto también de color negro y en su interior estaba un gato “Angora” muy peludo de color negruzco y de ojos amarillos que brillaban como luz de carretera en la oscuridad.

Este era su único equipaje, por esa razón este animalillo sería la nueva atracción a bordo, todos tenían que ver con el gato hasta que le preguntaron a la dueña por el nombre del felino.

De inmediato se prendieron las alarmas cuando la mujer expresó en voz alta que el nombre del gato era “Belcebú”. Este era uno de los nombres que tomaba el mismísimo demonio.

También llamado el señor de las moscas por los hebreos en la antigüedad, denominado de esa manera para burlarse de los seguidores del dios “Baal” donde se hacían sacrificios con carne y esta en ocasiones la dejaban podrir, por eso dichos lugares permanecían llenos de moscas.

Un escalofrío se apoderó de los presentes al escuchar el nombre tan horrible que tenía el animal. De inmediato tomaron distancia, pero la curiosidad seguía latente por el espécimen gatuno.

La dueña del felino se acondicionó en el lugar que le correspondía y mantenía en sus piernas el canasto donde estaba acomodado el misterioso gato en posición de descanso. Hasta que un desprevenido pasajero por error o por curiosidad se le acercara, enseguida le mostraba los dos colmillos y acto seguido soltaba un áspero maullido.

Llegó la hora del zarpe el vapor da el aviso sonado dos veces el pito y de esta manera se fue alejando lentamente del puerto para adentrarse en aguas más profundas avanzando hacia su destino. Mientras tanto Eva y Carlos mantenían distancia del gato misterioso, el cual empezaba a trenzar historias fantásticas por parte de los tripulantes del viaje.

Todos los viajeros de una u otra forma no le perdían la pista a los movimientos de “Belcebú” y su dueña. Hasta que llegó la primera noche del viaje de estos dos en el vapor.

La oscuridad de la noche se apoderó de todo, las luces de la embarcación sufrieron un desperfecto difícil de reparar en corto tiempo. La penumbra soslayaba la poca luz de las estrellas y de una pálida luna que estaba cruzando su fase menguante donde solo se observa una parte de esta.

No faltaban aquellas personas asustadizas que rezaban para que todo esto terminara y salieran rápido de este incomodo momento.

En el instante que emergen del horizonte los primeros rayos de sol, un amarillento claro despejaba la bruma que había invadido al vapor por toda la noche y con esos primeros destellos de luz los pasajeros y la tripulación empezaban a retomar su rutina dentro de la embarcación.

Justo cuando el capitán trata de anunciar por los altavoces el próximo puerto de arribo, un pasajero da la voz de alerta expresando que el misterioso gato y su dueña no están en su puesto. Se notaban a la distancia las caras de asombro en los viajeros y ahí empieza la búsqueda.

No los encontraron en el vapor a pesar que revisaron a lo largo y lo ancho de toda la embarcación, solo faltaba revisar por debajo y eso sería imposible. Además notaron que el desperfecto de la luces fue ocasionado a propósito.

¿Serían ellos los causantes?

Esa pregunta quedó en el tapete y la respuesta sería difícil de considerarla cierta, puesto que nadie los vio pararse de su puesto y en la noche con esa enorme oscuridad nadie podía ver más allá de sus narices.

Otra incógnita se agregaba a la cadena de hechos sin explicación, ya había desaparecido el polizón que resultó un ladrón que no logró su cometido. Ahora desaparecía otra persona junto con un animal con nombre diabólico.

¿Por qué se estaban presentando estas desapariciones a bordo?

¿Cuáles eran sus causas?, no existía con certeza una explicación valedera para responder estos interrogantes y mucho menos no se podía especular con esos hechos tan graves. Debido a eso muchos pasajeros decidieron bajarse del vapor en el próximo puerto dejando atrás todo ese misterio vivido a bordo, en ese grupo estaban Eva y Carlos.

Luego de día y medio de viaje después de haber zarpado del puerto del Banco el vapor había navegado gran parte de su trayecto. Pasó por los puertos de la Gloria, Gamarra y puerto Wilches hasta llegar a Barrancabermeja el gran puerto comercial en el departamento Santander.

En ese lugar los dos enamorados tomarían una decisión trascendental en sus vidas, en una pequeña libreta de apuntes Carlos tenia anotada la dirección de un cliente de la zapatería donde el laboraba en Barranquilla, dicho cliente residía y tenía negocios en ese puerto.

Tal vez ese cliente podía ayudarlos o darles una mano en ese municipio, tal vez allí ellos podían iniciar una nueva vida, Carlos y Eva nunca pensaron bajarse antes de tiempo pero la situación vivida en el vapor no ameritaba otra salida.

Dice un dicho popular “La peor diligencia es la que no se hace”, esto lo tomó como base Carlos para buscar la mencionada dirección y presentarse donde aquel cliente que podría ser su tabla de salvación en aquella tierra ajena.

Tomando su equipaje partieron con muchas ilusiones y el corazón latiendo velozmente como muestra de lo inseguros que estaban de encontrar una respuesta favorable en su destino, pero lo que ellos no sabían es que la vida en ocasiones brinda segundas oportunidades.

Cuando llegaron a la dirección indicada se encontraron con una enorme casa de una sola planta con varias ventanas de madera pintadas de un blanco hueso, estas se hallaban entre abiertas para soportar el calor del mediodía.

Al tocar la puerta de madera la cual era de más de dos metros de altura y constaba de dos hojas acompañadas de una aldaba en forma de león muy brillante.

Dicha puerta se veía pesada su color azul turquesa hacía juego con las paredes y la cornisa, no cabía duda que su propietario tenía buen gusto debido a los detalles de la edificación.

Esperaron a que el llamado surtiera efecto, pasados unos segundos la puerta se abre y los atiende una dama vestida de color lila y un delantal blanco, ella parecía ama de llaves o la encargada de la casa. Cuando los dos exhaustos viajeros preguntan por la persona indicada la señora le dice que su patrón está tomando la siesta.

Mientras que Carlos y Eva le explican a la mujer quiénes eran ellos el dueño de la casa se levanta de un catre de cuero donde tomaba su siesta. El señor camina lentamente cruzando la sala ajedrezada por el mosaico blanco y negro que cubría aquel gran salón inundado de finos muebles, adornos y cuadros al óleo.

Al llegar a la puerta el señor reconoce al Carlos en el acto, lo invita a seguir a la casa y se sientan en el corredor que estaba después de la sala donde este abría su catre, Conversan por un rato y el señor invita a la pareja a almorzar.

En medio del almuerzo Carlos le explica al señor porque está en su tierra y en su casa, además le cuenta toda la odisea que vivieron en el vapor y que la mujer que lo acompañaba era su novia la cual había decidido fugarse con él ya que sus padres no aprobaba la relación.

El señor le dice a Carlos que para un hombre de verdad esa situación no debía amilanarlo, le comenta que él en su juventud estuvo una situación parecida y que vivió muchas peripecias antes de organizarse con su mujer.

Aquella historia conmovió a la pareja la cual se hallaba atenta a todo lo que decía su anfitrión y antes de culminar el almuerzo el señor le propone a Carlos un negocio para que este pudiese trabajar y constituir una familia con su novia.

El negocio consistía en atender todo lo relacionado a las ventas de Zapatos que este traía desde Barranquilla y distribuirlos en los puertos del Magdalena y el Cauca, ya que él se sentía un poco viejo y cansado para viajar, los años le fueron pasando y este no se dio cuenta. Además no tenía personas de confianza que podrían ayudarle en ese proyecto.

El señor le explica a Carlos que Lógicamente los viajes serían programados y por épocas para que así este pudiera compartir con su novia.

Carlos quedó estupefacto al escuchar eso y mira a Eva la cual no podía expresar palabra alguna, entonces el desesperado joven con sus manos temblorosas metidas en los bolsillos debido a que estas no dejaban de tiritar, acto seguido le dice al señor que acepta el negocio.

El tiempo siempre sigue su curso inexorable y es el único testigo si los hombres aciertan o no cuando toman decisiones. Pero en este caso Carlos acertó y durante varios años laboró en el negocio que le propuso el señor antes de abrir su tolda aparte.

Conoció mucha gente en sus viajes y acumuló gran experiencia en esa actividad, mientras tanto su compañera ya convertida en su mujer laboraba como maestra en una escuela pública debido a su formación académica, además cuidaba de una pequeña niña fruto de esta relación la cual bautizaron con el nombre de “Grace” en honor a la gran actriz Grace P Kelly.

Aquella diva de Hollywood era la preferida de Eva porque veía sus películas en el teatro que quedaba muy cerca de su casa en su ciudad, la gran Barranquilla o la puerta de oro como era conocida esta gran urbe.


Libro de Visitas

Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

Creative Commons License



Publicidad
Escrito por Walter el 16/05/21

La carta del hombre de la silla


Hace muy poco tiempo atrás me contaron sobre un asunto que aún no sé si pasó realmente o no. Sin embargo, la historia me resultó, por demás interesante. Por ello quise dejar testimonio de lo que me contaron una soleada tarde de otoño.

Un amigo, que conozco de hace un montón de años, me comentó, a propósito de un sistema cloacal que estábamos conociendo, sobre otra cloaca y un sistema de túneles.

Nuestro sistema cloacal consta de dos cámaras y un estrecho pasaje de conducto de media caña que lleva los efluvios hacia el sistema de drenaje que pasa por el medio de la calle. Me impresionó el tamaño de la cámara, puesto que nunca lo había visto antes. Suponía que tenía cierta profundidad, mas nunca pensé que un hombre cabía allí parado y que hubiese lugar para otra persona más allí, aunque de dimensiones más pequeñas. Es decir, un recinto importante para albergar dos personas pequeñas o una de tamaño normal y otra pequeña.

Mi amigo me comentó que en realidad no era muy grande, que él conocía un sistema de desagüe cuyas dimensiones permitían caminar dentro del sistema casi erguidos, en un trayecto de varios metros, muchos en realidad.

Lo miré y le dije que no conocía algo así, aunque sabía que en la ciudad existían lugares así.

Él me contó que realizando una tarea de albañilería en una casa conoció un túnel de las dimensiones referidas y que era accesible desde la casa donde realizó servicios de reparación. Pero que ese acceso estaba en parte ocluido por una puerta que la mantenía casi oculta. Y la historia referida por el dueño de la casa era también, de un modo, algo que no revelaba por que sí no más. Pero que no era un misterio, sino, una curiosidad.

Mientras avanzaba en su relato, le fui sirviendo unos mates invitándole a que prosiguiera con la historia, que prometía ser interesante.

Él, sabiendo mi gusto por conocer historias de la ciudad, fue tomando una postura de quien tiene entre sus manos una cosa importante.

-Mira, la cosa es que tenía que reparar una pared que estaba perdiendo el revoque y arreglar el marco de una puerta trampa que estaba en el suelo de una habitación.

-Entiendo… -le dije, buscando que prosiguiera.

-Bueno, para poder reparar la puerta, es decir, el marco de la misma, debía abrir la hoja de la puerta y sacarla. Lo hice y mi sorpresa fue grande…

-¿Por…?

-Bueno, había un tipo sentado allí. Es decir, no un tipo, lo que quedaba de él. Un esqueleto sentado en una silla.

-¿Cómo?

-Como lo escuchas. Un tipo, claramente muerto, un esqueleto vestido, con ropas polvorientas, con mucha mugre, sin olor ninguno apreciable.

-Y el tipo, el dueño ¿cómo explicó eso?

-Me dijo que no me asustara. Que él lo encontró allí cuando se puso a hacer reparaciones la primera vez. La puerta trampa, está debajo de una segunda tapa de tablones que conforman el piso de madera de la habitación. Por eso no reparó en la existencia de la puerta sino hasta que un día, golpeando el piso, en una suerte de zapateo, lo sintió hueco. Jugaba con uno de sus hijos y así lo descubrió.

-¡Qué historia…!

-Sí, el dueño de casa me contó que si bien primero atinó a mantener todo en secreto, no pudo seguir sin saber qué o quién era la persona que allí estaba. Es decir, sus restos.

Tomó coraje y con una linterna entró a esa habitación, como lo creyó en un principio. Notó que además del esqueleto había otras cosas: muebles pequeños, utensilios de cocina y algunas herramientas estaban, cuidadosamente, colocados en pequeños estantes adosados a la pared de un túnel, que continuaba más allá de los límites de su casa. Pero no pocos metros, sino que mucho más.

-Me parece increíble, totalmente increíble lo que me cuentas -le dije. Más mi amigo asegura que el lugar existe y que el dueño de casa le contó más sobre el asunto.

Mi amigo entendió que lo que estaba compartiendo sonaba totalmente descabellado y me explicó que también a él le pareció así cuando el dueño de casa le refirió la historia.

Mas tenía sentido, lo que había debajo de la casa de este señor no era una habitación, sino un túnel que fue habitado por personas en un tiempo en que se desarrolló una guerra civil en la ciudad, y que algunos hombres y mujeres tuvieron que esconderse en esos túneles. Historia que yo conocía, pero jamás por un relato verbal de alguien. En textos de algunos sobrevivientes aparecían relatos de lugares así, pero que en nada semejaban lo contado por mi amigo.

-Como te decía -prosiguió mi amigo. El hombre quería que le reparara la puerta y tuvo que contarme la historia, primero para que no me espantara y segundo para que terminara el trabajo. Investigó y descubrió que, en un pasado no muy reciente, el lugar había sido ocupado para esconderse de una ocupación, de un sitio de la ciudad. Las ropas estaban intactas, y ciertamente no era de los sesenta o setenta, sino mucho más antigua. Por ello consideró que nadie buscaría a esta persona.

Por otra parte, nunca había sentido nada al respecto y creyó que si estaba allí y no molestaba, era como un tesoro escondido, como una historia que estaba allí en el sótano de su casa. Un día, un vecino le comentó que también tenía acceso a un túnel, que rellenó con escombros y dejó cerrado el acceso. Años después, otro vecino, de dos cuadras más al norte, también había encontrado acceso a un túnel que también rellenó y cerró su acceso. Esto le corroboró que el túnel era más largo que lo que pensó en un principio y que tenía como fin no sólo comunicarse, sino que había sido usado para vivir, pues los utensilios encontrados así hacía pensar.

-¿Y el hombre de la silla? ¿Quién pudo ser? ¿Investigó el dueño de casa?

-Sí, sí… pudo saber quién era. Al menos había encontrado una carta que estaba en una caja. Te digo que el lugar está seco, eso es increíble. Pues en general estos lugares son húmedos. Sin embargo, esa zona no es húmeda, pues fui varias veces y nunca sentí humedad.

-La carta ¿qué decía?

-Sí, la carta… Era una carta para una mujer. Le escribía diciéndole cuánto la amaba pero que debía permanecer oculto hasta que todo eso pasara. Que apenas cesara la revuelta él buscaría la forma de contactarla. Firmaba al final de la carta, Theo R. Sin embargo, él nunca salió de allí.

-Y la carta tampoco.

-Cierto. No lo había pensado.


Libro de Visitas

Walter Hugo Rotela González ©

Creative Commons License



Publicidad
Escrito por Apolo el 20/05/21

POR FIN LLEGÓ LA LUZ I


Luego de soportar los efectos colaterales y llevar a cuestas las huellas de la intolerancia de la lucha partidista que se vivió en Colombia en aquellos fatídicos años que llamaron “La violencia”, Juan de Dios Tiburcio Barcasnegras y González llegó a “Villas del Rosal”, un pueblo cercano al mar caribe y por supuesto muy alejado de su terruño montañezco.

Con casi treinta años cumplidos y con una soltería rancia a sus espaldas para los hombres de su época llegó con una gran carga de incógnitas como cualquier forastero. En dicho pueblo Juan de Dios tardó poco en ganarse el respeto de los lugareños, hasta el punto de despertar los sentimientos amorosos de la señorita Albania De Narváez, la neurasténica y tercera hija de una familia distinguida que ya la estaba situando en edad de merecer.

Los amores de Juan y Albania empezaron en secreto, ya que el padre de la dama no aceptaría dicha relación de buenas a primeras. Por esa razón un forastero del cual se sabía poco no podía desposar a esta dama de la noche a la mañana.

Pero el hombre era obstinado y era la primera vez que se entusiasmaba de verdad, por eso buscó primero ganarse los favores del alcalde trabajando gratis durante casi seis meses como “sereno”, para que lo tomaran en cuenta cuando este fuera a nombrar inspector de policía debido a la excelente labor que realizó en su trabajo comunitario y a las llamativas referencias que trajo de su servicio militar.

Después de esperar largas horas en las estrechas oficinas donde retumbaba el eco de los teclados de las máquinas de escribir, y el horrible calor que provocaba el gentío que entraba y salía de las incómodas instalaciones del burgomaestre carente de ventiladores debido a la ausencia de fluido eléctrico.

Esto no fue obstáculo para juan que logró hacerse con ese importante cargo, así podía obtener las credenciales necesarias para presentarse formalmente ante los padres de Albania como su novio oficial, esto allanaría el camino para una posible aceptación “gusto a gusto” como dicen por ahí.

Desde ese momento el nuevo inspector se hacía la idea de tener mejores perspectivas con la familia de la mujer, Así que los novios acuerdan una reunión formal con los padres de esta para probar que tanta aceptación tendría la idea de los tórtolos. La tan mencionada reunión con los padres de Albania se dio sin aspavientos de las partes, los aristocráticos personajes recibieron a Juan con muchas reservas sobre todo don José del Cristo padre de la dama que no le quitó la mirada durante toda la reunión.

Sin más se despidieron y el hombre partió de la casa de su amada sin poder darle un beso ya que sus padres no la dejaron sola en ningún momento. Todavía juan no tocaba la calle cuando don José del cristo le dice a Albania lo siguiente;

- ¡Este tipo no termina por convencerme, mucho cuidado con él, no te descuides, quizás solo está buscando comerse la merienda antes de recreo, no me gusta cómo te mira!-

De inmediato Albania le responde a su padre;

- ¡Usted siempre tan mal pensado, Juan de dios es todo un caballero!-

Luego de varios días de ese suceso, se le presenta la primera misión a Juan de dios como inspector de policía del pueblo. Fue el encargado de recibir a un personal del gobierno estatal, estos visitarían al pueblo y le comunicarían a sus autoridades y a sus habitantes, que próximamente el gobierno empezaría a enviar los suministros para comenzar las obras de instalación de postes y redes para que por fin el pueblo tuviera fluido eléctrico permanente.

Esa era una excelente noticia para el pueblo, pero no comentaron que los trabajos de dichas instalaciones debían ser realizadas por personal gratuito ya que no se contaba con presupuesto para pagar dichas obras. En ese orden de ideas el personal debía ser voluntario.

Eso cayó como un balde de agua fría ya que si por un lado los habitantes de villas del rosal podrían disfrutar de las bondades de la electricidad y por ende se acabarían los aterradores sucesos provocados por las tinieblas que vivía el pueblo por las noches.

Por otro lado las damas se emocionaron al pensar que podrían poner a funcionar las radiolas que permanecían en las salas de las casas de adorno cuando estas agotaban las baterías Eveready, entonces con electricidad se podía escuchar las radionovelas todos los días como lo hacían sus congéneres en otros pueblos.

La tarea de aunar esfuerzos y buscar el apoyo sin pagar por ello no sería fácil. El pueblo se caracterizaba por tener una cantidad de hombres desocupados sentados en las esquinas vagando y comiendo prójimo como se dice. Pero eso sería una gran faena, convencer a esos haraganes de la importancia de colaborar para el pueblo sin ver un chivito en sus bolsillos era una tarea casi imposible.

Acto seguido el inspector organizó todo lo respectivo a las obras, pero el personal encargado de dichas labores no alcanzó y se hacía imperiosa la necesidad de más voluntarios para que los trabajos terminasen rápido.

Se armaron varios grupos que querían colaborar pero tan solo trabajaron un día, por esa razón cabía la posibilidad de atrasos si seguía esa tendencia.

El inspector sumamente preocupado no encontraba la estrategia adecuada para que el plan de trabajos marchara sin contratiempos.

¿Pero qué debía hacer el inspector para que los voluntarios no declinaran en su intención?

Esa pregunta no la pudo resolver el hombre, por el contrario quedó más confundido que nunca, ya que las calles después de estar abarrotadas de personal vagando de un lado para otro desde el momento que comenzaron las obras estaban más vacías que nunca.

Entonces al tercer día de comenzar las obras el inspector sacó de la manga su as escondido, era la única forma de presionar al personal a colaborar. Ese día sacó un decreto de ley seca y toque de queda a partir de las 7 de la noche de forma indefinida, eso naturalmente incluía el cierre de bares y cantinas con todos sus aditamentos.


Libro de Visitas

Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

Creative Commons License


Esta web ha sido creada por www.ratondebiblioteca.es 2007-2021 ©
Contacto ¦ Legalidad