Quienes somos Inicio Poesías Recomendamos Nuestros productos Música y cine Entrevistas Noticias Revista Libro de visitas Mapa web Premios Www.ratondebiblioteca.es Visiones Miembros de Www.ratondebiblioteca.es

 Septiembre - 2021 

 L ¦ M ¦ M ¦ J ¦ V ¦ S ¦ D  V 

                 1     2     3     4     5  

   6     7     8     9    10   11   12 

  13   14   15   16   17   18   19 

  20   21   22   23   24   25   26  

  27   28   29   30    24 

       Agenda cultural de
  www.ratondebiblioteca.es ©




   


Será mostrado si existe



Publicidad
Escrito por Apolo el 27/04/21

LUCKAS "El Cazador de Hadas" II


Quedó abismado con la gran metrópoli llena de vida y edificios con mucho neón como se suele apreciar en Tokio o la enorme New York.

Como era costumbre en sus viajes permanecía mucho tiempo observando en la calle el movimiento de la ciudad para amoldarse a ella en el menor tiempo posible.

Se ubica en el centro histórico que también se conoce como Zócalo, esta es una zona rodeada de edificios y casas antiguas. Se hospeda en un hostal que se ajustaba al presupuesto y a sus ganas de recorrer gran parte de sus calles antes de seguir con su itinerario hasta Cichén Itzá.

En la noche después de un corto descanso sale a caminar relajado sin saber exactamente su rumbo. Después de unos diez minutos de caminata llega a la gran plaza Garibaldi.

Ahí escucha por primera vez la música ranchera y saborea un delicioso taco, la tortilla típica mexicana rellena de especias y carne de sabor excelente pero ligeramente picante. Esto lo ubica que definitivamente está en la tierra del mismísimo “Pancho villa”.

En ese lugar se topa con unos mochileros, esa especie de turistas que le encanta la aventura pero les falta el dinero. Eran franceses e italianos y estos le comentan que vienen a un encuentro mundial de aficionados a la ufología.

Dicho encuentro sería para avistar y grabar ovnis que supuestamente se acercan a la pirámide de Kukulkán la gran atracción de Cichén Itzá.

Sin pensarlo dos veces se integra con el grupo de mochileros y comparte con ellos hasta altas horas de la noche bebiendo tequila y cerveza hasta que quedaron “pedos de la chuma” como le dicen en ese país a los que se pasan de copas.

Logra llegar al hostal trastabillando por efectos de los tragos tirándose en la cama a dormir por largas ocho horas. Al levantarse “la cruda” como le dicen en México a la “resaca” era fenomenal, la cabeza se le quería estallar y unas nauseas propias de una embarazada primeriza.

Todo eso lo perturba por el momento, pero no se olvida de la razón que lo trajo a este país que cada vez lo asombraba más.

A la noche siguiente nuevamente se cruza con los mochileros pero esta vez no toman si no que comparten opiniones de cómo llegar al sitio en mención sin gastar mucho dinero. Esto les permitiría conocer otros lugares de esa tierra tan hermosa.

Todos estaban de acuerdo que desde el DF como ya le llamaban a la gran capital hasta el sitio arqueológico era una gran distancia.

Resuelven recolectar dinero entre todos y contratar un camioncito como le dicen en México a los buses pequeños, pero era en realidad una furgoneta Volkswagen modelo Combi, aquellas que utilizaron los hippies en sus viajes de placer en los años sesenta y setenta en Europa y Norteamérica.

Además escogieron ese transporte porque uno de los mochileros era admirador de la serie de dibujos animados Scooby-Doo que también utilizaron dicha furgoneta.

Arreglaron con el dueño de la furgoneta regateando el precio del transporte hasta la pequeña ciudad de Mérida sitio cercano a Chichén Itzá el cual estaba a más de veinte horas del DF.

Pasaron por las ciudades de Puebla, Oaxaca, San Cristóbal de las casas, Palenque y se detuvieron a unos dos kilómetros que le faltaron para llegar a Mérida cuando la furgoneta se varó por problemas mecánicos y no pudo andar más.

Tirando dedo como se dice en el argot Mochilero cuando se pide transporte gratis a la vera de una carretera, buscaron llegar a Mérida lo más rápido posible ya que la noche se les acercaba velozmente. Usando ese mecanismo de movilización lograron conseguir un aventón que los llevó mucho más allá de lo que ellos esperaban.

Llegaron entrada la noche al pueblo llamado Pisté, de allí al sitio buscado solo los separaba unos pocos kilómetros. Buena noticia después de casi dos días sentados viajando.

En Pisté se alimentaron ligeramente y pernoctaron en el patio de una frutería que les ofrecieron posada a cambio de cinco dólares por cada uno.

A la mañana siguiente partieron al sitio buscado pero antes se dieron a la tarea de comprar varias botellas de agua para amainar el sofoco por la alta temperatura. Además compraron golosinas y unas cervezas en una tienda Oxxo muy popular en la zona.

Caminaron aproximadamente unos cuatro kilómetros desde Pisté hasta Chichén Itzá, llegaron y legalizaron su entrada como cualquier turista allí no había forma de pagar menos.

Al entrar al sitio se despiden calurosamente de Luckas el resto del grupo ya que estaban localizando a sus colegas para el encuentro de Ufología.

Luckas se dispersa por las zonas aledañas a la pirámide de Kukulkán y en su corto español comparte algunas palabras con un nativo de la región, este le decía que lastima no era la fecha del “equinoccio de primavera”, este es uno de los eventos más extraordinarios de la humanidad.

Aquel nativo le explicaba que en un juego de luces y de sombras se refleja la silueta de una serpiente que parece bajar de lo alto de la pirámide.

Este comentario más motivo a Luckas a seguir en ese lugar que desde que llegó lo invadió de una energía muy particular.

Se animó a subir a la pirámide, saca su teléfono móvil para tomar algunas fotos y en ese momento a una distancia prudencial entre unos matorrales observa algo que le llamó mucho la atención. Una especie de luces que giran en espiral que solo él parece captar porque las demás personas las observa muy entretenidas en otras cosas.

Baja de la pirámide meditando sobre lo que vio en el pináculo de la misma, sale raudo a llegar al sitio donde vio las luces en espiral que se apreciaban más desde las alturas que a ras de piso.

A medida que se acercaba al espiral este perecía atraerlo con la fuerza de un imán gigante. Por un momento siente algo de temor y al llegar a escasos veinte centímetros del fenómeno lo toca para indagar un poco más.

Quedó totalmente sorprendido cuando al introducir la mano a la altura de la muñeca no le sale de la luz, a medida que hacía más fuerza para sacar la mano más esta se introducía.

Con más de medio brazo dentro de la luz decide meter el cuerpo completo dentro del espiral dejando su mochila afuera.

Lo que sucedió fue increíble sale al otro lado en un sitio totalmente diferente al sitio arqueológico, parecía otro mundo. Los arboles eran gigantescos y en la vegetación predominaban las flores que esparcían agradables fragancias.

El cielo era infinitamente azul y no había nubes, había pequeñas colinas cubiertas de unas enredaderas de hojas de varios colores en forma de corazón.

Definitivamente Luckas no sabía dónde se encontraba, la sorpresa fue mayúscula cuando al voltear observa a tres duendes que entonaban una especie de himno o canto que parecía ceremonial.

Los duendes se detienen en frente de Luckas y le dan la bienvenida diciéndole que lo estaban esperando desde hace años y que ellos son los mismos duendes que jugaban con él cuando era niño.

Luckas quedó estupefacto al escuchar la afirmación de los duendes, algunas veces pensaba que lo de la niñez tal vez era producto de la imaginación, pero ahora lo ponía en duda.

Aquellos personajes eran muy pequeños, su altura no alcanzaba las rodillas de Luckas, venían bien vestidos con sombreros, botas y amplios cinturones.

Ellos le rememoraron muchos momentos vividos en aquellos años cuando Luckas disfrutaba de su niñez en su tierra natal. Esto no ponía ni un ápice de duda que se trataba de los mismos personajillos, esos que le alegraban la vida a aquel soñador que desde muy temprana edad se obsesionó con esas deidades fantasiosas.


Libro de Visitas

Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

Creative Commons License



Publicidad
Escrito por Apolo el 28/04/21

LUCKAS "El Cazador de Hadas" III


Caminaron juntos un largo sendero hasta que llegaron a un pequeño fortín custodiado por otros duendes, era un minúsculo castillo donde residía Betzabé el hada madrina que regía aquel lugar.

Los pequeños personajes le presentaron a la reina del castillo y esta se le subió en la mano derecha de Luckas, la hermosa criatura apenas era del tamaño de su dedo pulgar.

Esta saludó cordialmente a Luckas revoloteando sus alitas como señal de emoción al departir con un ser humano por primera vez.

El hada Betzabé no hablaba como los duendes, pero Luckas sentía una comunicación tipo telepática que lo estremecía.

El encuentro de los dos duró unos minutos, ambos se miraban mutuamente sin perder ningún detalle. Luego el hombre bajó lentamente a la pequeña criatura demostrando simpatía hacia ella.

Después de ese sorprendente episodio Luckas le sigue la marcha de los duendes que le muestran el camino de un lugar donde se suponía él reposaría durante su estadía en aquel lugar.

Era una caverna sobre una pequeña colina a unos veinte metros de altura con una entrada custodiada por dos enormes rocas de color amarillo y en su interior estaban dos duendes que serían sus asistentes.

Luckas quedó sorprendido al ver que estaba ordenada y decorada como para atender a un visitante de primera clase. Había muebles de estilo Luis XV, una mesa que parecía sacada de un relato de los tiempos del rey Arturo y una recámara para dormir propia de un príncipe.

Aquel hombre no sabía que decir y mucho menos que hacer, hasta que los duendes que ya eran sus sirvientes lo invitaron a que se recueste y descanse plácidamente en este lugar que sería su sitio de habitación.

Los sirvientes antes de retirarse le señalan un gran baúl donde estaban unas hermosas túnicas para que se cambiara de ropa si así lo deseaba. Sin más que decir los dos hombrecillos se retiran a la espera de órdenes de su nuevo amo y señor.

Luckas queda pensativo intentando armar su cuartada para poder documentar en un archivo fílmico lo que estaba viendo pero lo que ocurre es impresionante, su cámara digital no funciona, la análoga de rollo la había dejado en su mochila afuera antes de entra al portal, su teléfono móvil quedó sin batería. Ninguno de esos aparatos le servía parecían fuera de servicio.

Esto era una catástrofe para un trotamundos ambicioso y buscador de fenómenos extraños que estaba a punto de cumplir una de sus metas pero el destino le estaba jugando una mala pasada.

Se sentó en lo que sería su cama, un catre más o menos de su tamaño ordenado y cubierto por unas sábanas muy suaves al tacto con adornos de algo que parecían hilos de oro. De un momento a otro la oscuridad cubría el entorno algo similar a la noche pero aún más sombría y lúgubre.

Luckas se impacta al ver que su reloj también estaba parado, algo inusual piensa que está bajo el influjo de alguna fuerza magnética que estaba interfiriendo en sus artilugios.

En aquella caverna aquel hombre daba vueltas y vueltas caminando pensando en hacer algo así fuese fuera de lo común con tal de poder registrar lo que estaba viendo, pero todo estaba en su contra.

Luego de estar sometido a una presión en grado sumo empieza a buscar calma en una extraña técnica de respiración que había aprendido en la india, con eso logra conciliar el sueño.

Cuando se levanta tiempo después lo que observa en su rostro es abismante, al mirarse en un pequeño espejo queda sin palabras al ver que tenía una barba de varios días.

Sale en busca de sus sirvientes y estos estaban sentados en las afueras de la caverna en posición de meditación.

Los dos duendes le comentan que estaban preocupados por él ya que llevaba más de tres días dormido y no daba señales de despertar. Otro misterio sin resolver para Luckas que hasta ese punto vivía un desconcierto total en esta experiencia.

Sus sirvientes le traen un enorme plato lleno de jugosas frutas para que se alimentara pero Luckas no podía reconocer de qué frutas se trataba, eran muy redondas y de varios colores nunca antes vistas por él.

Queda pensativo durante varios minutos mirando el horizonte desde la entrada de la caverna a Luckas se le perdía la mirada en aquella inmensidad que se le ponía ante sus ojos.

Sus sirvientes le desean buen provecho retirándose a la espera de cualquier orden.

Luckas le pide a sus sirvientes que lo lleven donde Betzabé pero estos se reúsan diciendo que eso no es tarea de ellos y si deseaba llegar al castillo debía esperar la visita de los guardianes aquellos que lo trajeron a la caverna.

Tiempo después los guardianes llegan a la caverna a indagar con Luckas sobre su estadía, como se había sentido, que preguntas o sugerencias tenía para que fuera más placentera su permanencia en aquel lugar.

El hombre solo pide a los guardianes que lo lleven nuevamente donde Betzabé, aludiendo que desearía compartir un momento con aquella hermosura ya que en el primer encuentro no fue suficiente.

Eso dijo Luckas de dientes para afuera pero en realidad lo que tenía en mente era un plan malévolo.

Los guardianes aceptan y se disponen a tomar el camino que conduce al castillo de la deidad. Al llegar al sitio no encuentran a la criatura y los sirvientes de esta le anuncian que se demora porque está resolviendo una rebelión en un lugar lejano del castillo.

Luckas se quedó sentado al pie del castillo que aun así no superaba la altura del hombre a pesar de estar en esa posición.

Aburrido y abrumado por no encontrar en aquel sitio a la pequeña criatura el hombre se queda meditando o tramando más bien su propósito de venir a visitar a Betzabé.

Pasó mucho tiempo según el cálculo de Luckas porque nuevamente oscureció y en las sombras se ve a la pequeña criatura venir en compañía de un enorme grupo de hadas todas de color azul, estas escoltaban a la reina para que llegara bien a su castillo.

Cuando Betzabé encuentra a Luckas en su fortaleza se sorprendió de tal manera que se ruborizó, bajó la mirada y saludó al invitado con timidez mostrando una leve sonrisa en sus diminutos labios.

El hombre nuevamente le ofrece su mano para que la tierna hada se subiera en ella, pero esta se resistió quedándose en la entrada de su castillo.

Luckas toma esa actitud como grosera, por esa razón toma por la fuerza a la diminuta criatura y emprende una veloz carrera buscando la caverna donde estaba alojado. Por un momento todo fue confusión las hadas que acompañaban a Betzabé lo siguieron al igual que los guardianes del castillo.

Ninguno alcanzaba a Luckas este corría a una velocidad increíble, el hombre se había grabado muy bien el camino que conducía a la caverna por eso sus pasos se veían seguros.

El hombre llega a la caverna y se percata que los duendes guardianes y las hadas venían lejos a pesar que estas venían volando, decide tomar un segundo aire y emprende otra carrera al sitio donde entró a aquel lugar.

Bajó un par de colinas, aquellas que están invadidas de hojas multicolores con forma de corazón, ese camino conducía a la entrada del portal.

Cuando el portal se divisa Luckas intenta agilizar el paso pero el esfuerzo lo estaba dejando sin aire, aun así saca fuerzas para continuar su marcha.

Luckas estaba enloquecido corría sin coordinar las ideas solo pensaba en sacar del misterioso lugar a la pequeña criatura y de esta forma se convertiría en el primer ser humano en cazar a un hada.

En medio de la algarabía que ocasionó el hombre que estaba como invitado en el maravilloso mundo de las hadas y los duendes, este impunemente raptaba a la reina huyendo como un rufián.

Hasta ese instante cualquier cosa podía pasar, pero en el preciso momento que Luckas intenta cruzar el portal una fuerza lo detiene y no lo deja pasar al otro lado completamente quedando medio cuerpo en el mundo de las hadas y el otro medio en el sitio arqueológico de donde partió.

De un momento a otro el hombre es liberado completamente y alcanza a pasar el medio cuerpo que estaba en el mundo de las hadas, cuando abre la mano donde supuestamente tenía atrapada a la reina no había nada, el hombre no sabe cómo se pudo escapar.

Luckas queda más confundido que al principio de la aventura y no sabe si documentar la experiencia o darlo todo por perdido regresando a su hogar con las manos vacías.

El hombre camina unos metros y se queda perplejo al ver que el reloj nuevamente empieza a andar, se cerciora preguntando fecha y hora quedando de una pieza cuando la respuesta dada es que no transcurrieron si no media hora desde que él se introdujo en aquel lugar fantástico.

Cosa diferente sitió él cuando los duendes guardianes le dijeron que pasó varios días y además le creció la barba.

El hombre para no confundirse más sale en busca de su mochila y esta no estaba en el sitio donde la dejó, los responsables de la vigilancia la recogieron y la llevaron a la puerta de entrada para que el dueño la reclamara.

Así lo hizo Luckas y esa fue la tarde más triste de su vida, después de ese episodio las cosas para aquel aventurero cambiaron rotundamente.

Organizó su viaje de regreso con una gran nostalgia a cuestas pensando colgar los guayos y dedicarse a trabajar en otros proyectos pero sin viajar más.


Libro de Visitas

Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

Creative Commons License



Publicidad
Escrito por Apolo el 08/05/21

MISTERIO EN EL VAPOR MIRAFLORES I


El vapor Miraflores navegaba el rio magdalena en pleno apogeo del comercio fluvial, que hacía de los puertos ribereños un fortín de dividendos para los acaudalados y prósperos empresarios que vivían de esta actividad.

En todos esos lugares era un motivo de fiesta la llegada de un vapor lleno de pasajeros y cuanta cosa necesitaban, en algunos pueblos esperaban con ansias todo lo embarcado e inclusive parte del correo nacional llegaba en estos navíos.

Todo lo que acontecía dentro y fuera de los puertos giraba en torno a las lanchas, vapores y buques que surcaban esta arteria que sirvió a Colombia para que se desarrollara el comercio de norte a sur.

Un vapor constaba de espacio para pasajeros y mercancías, viajaban en un quimérico recorrido en el que se enmarañaban la oscuridad de la noche con un manto de zancudos algunos de ellos invisibles, palpables solo por su abrupto run run. El tibio amanecer llegaba con de un sol trasnochado que dejaba ver la otra orilla del rio en medio de un manto de neblina adornada con esbeltas garzas.

El Miraflores zarpó de la intendencia fluvial de Barranquilla un día soleado con exuberante brisa decembrina, en aquellos años posteriores al Bogotazo aquel pasaje oscuro de la historia de la patria, cuando Colombia se partió en dos bastiones violentos que por estos lares no se sentía con el fragor que se vivía en la parte andina de la nación.

Ese día el litoral estaba reluciente y el cielo pintado de un azul profundo sin nubes alrededor a cientos de kilómetros. Sin aspavientos subían los transeúntes peregrinos así como todo cachivache que tenía su destino preparado con antelación.

Con pasos lentos pero con buen augurio se instalaban en los recintos aquellos alegres viajeros, que después de saborear una refrescante chicha de corozo o un fresco de piña subían a la portentosa máquina.

Algunos viajeros llevaban sus mejores galas, los hombres con pantalones y camisas blancas planchadas en abundante almidón, las damas con finos vestidos de algodón que llegaban hasta más abajo de las rodillas bien entallados en la cintura y coloridos estampados de flores, estos dejaban ver las refinadas zapatillas tacón de aguja que eran el furor de aquella época.

La tripulación al mando del vapor a su vez lucia sus uniformes marinos con su infaltable quepí que daban señal de autoridad y seguridad que el viaje sería un éxito.

Por otro lado los encargados de bajar y subir los atavíos al igual que los trabajadores de las calderas siempre cargaban en sus ropas un olor a cenizas y estos se pintaban de hollín de pies a cabeza.

El minucioso trámite del zarpe se cumplió sin novedad y la enorme embarcación dio su última pitada anunciando que salía del muelle rumbo a su destino la población de la Dorada en el departamento de Caldas.

En su pesado andar que tomaría varios días además debía llegar a los puertos de Tenerife y El banco en el departamento del Magdalena, al igual que los de Magangué en Bolívar, Barrancabermeja en Santander y puerto Berrío en Antioquia antes de llegar a su destino.

Inmediatamente la embarcación tomaba rumbo al sur se hallaban en cubierta la mayoría de los pasajeros entre ellos comerciantes del interior, algunos extranjeros y en especial una pareja de Barranquilla.

Él hombre era Carlos Miranda un metódico obrero de la fábrica de calzado italiano ubicada en la calle de las vacas a pocos metros de la iglesia de san roque, y ella Eva María Pernett una recién graduada de bachiller del colegio San Miguel del Rosario un internado donde se educaban las niñas de bien por aquellos años.

Estos tórtolos vivían su aventura amorosa a escondidas del padre de la dama. Este era un rancio patriarca comerciante de peletería y talabartería que tenía su negocio ubicado en la calle treinta y dos o del comercio.

Él vivía muy orgulloso de su apellido italiano-francés, además poseía una aristocrática casa de amplios jardines en el exterior situada en la calle del sello entre Líbano y cuartel.

De esa casa partió Eva maría un día antes del viaje, escondida bajo la penumbra de la noche aprovechando que su padre ingería licor celebrando el día de las velitas en medio del estrépito de la música de Rufo Garrido y Pacho Galán que sonaba en su tocadiscos marca RCA color marrón de cuatro patas.

Mientras eso pasaba en la sala de su casa sigilosamente la joven traspasa la maleta con su ropa a una casa vecina ayudada por una amiga que deliraba con aquella historia de amor, de esas leídas por las señoritas en la revista Corín Tellado.

De ahí Eva salió presurosa a encontrarse con su prometido que la estaba esperando en una refresquería donde este consumía presurosamente una cerveza Germania para los nervios.

Su mano temblaba y este movimiento le sacaba espuma a la botella. El muy caballero le ofrece a Eva un refresco pero la mujer le dice que no desea nada que estaba muerta del susto.

Aquel sitio estaba ubicado entre Olaya herrera con la calle caldas y estaba lleno de clientes que alegres departían sin darle importancia a la escena de aquella pareja con maleta en mano.

De inmediato se encontraron se fundieron en un fuerte abrazo y entre sollozos Eva le decía a Carlos que lo amaba pero que tenía miedo a lo que sucedería al día siguiente si su padre no la encontrase en su casa.

Para no despertar sospechas Carlos sale a la calle a la espera de un amigo suyo de nombre Jonás el cual conducía un coche fúnebre y este sería el que los transportaría al sitio donde pasarían la noche. El joven astutamente buscó a su amigo para que le ayudara con ese encargo porque el papá de Eva conocía a muchos dueños de taxis los cuales podían estropear el plan.

El patrón de Carlos le había facilitado las llaves de un pequeño apartamento ubicado en el barrio Abajo entre la carrera Aduana y la calle de las flores muy cerca de la estación Montoya donde funcionó el ferrocarril que llegaba a puerto Colombia unos años antes.

Allí en ese sitio ubicado en un segundo piso Eva miraba asomada en un pequeño balcón a la muchedumbre en la calle quemando triquitraques, luces de bengala y todo aquello que alegraba la temporada decembrina.

La muchacha impactada por el paso que había dado no sabía si llorar o reír, sin embargo trataba de animarse para no dañar el momento, a pesar de que cuando observaba a los vecinos caminar de un lado a otro felices compartiendo una noche de fiesta no podía soportar que se le aguaran los ojos.

Eva se resistía contra viento y marea a ser la quinta solterona que habitaría su casa, ya que sus cuatro hermanas vieron truncados sus sueños de enamorarse y buscar otros horizontes, esto debido a la terquedad de su padre acolitado por su despectiva madre la cual expresaba a viva voz que sus hijas solo se casarían con extranjeros.

Al día siguiente en la casa de Eva la tranquilidad se vio truncada cuando en medio de su guayabo o resaca el padre de las muchachas las llama una a una para que se alistaran, les dice que las llevaría al matiné a ver una película en el teatro Colón que quedaba a menos de una cuadra de su residencia.

Precisamente ese día había en cartelera un estreno, se trataba de la película “Extraños en un tren” del afamado director de suspenso Alfred Hitchcock.

Era costumbre que el patriarca de vez en cuando les diera un paseo a sus hijas sin tener nada planeado de antemano.

Cuando las jóvenes salen a la sala con lágrimas en los ojos el padre les pregunta el motivo del llanto y ellas en coro le responden que Eva no está en su cama, al escuchar eso el hombre sufre una transformación llenándose de ira y emprende una veloz carrera hacía la calle sin rumbo alguno gritando el nombre de su hija. De antemano él presentía la acción cometida por Eva, simplemente maldecía al no saber su paradero.

En medio de la carrera se le pegan unos perros callejeros que perseguían a una hembra en celo. Estos comienzan a ladrarle para morderlo, el hombre no tuvo otra cosa que arrojarle si no su caja de dientes, de una la lanza con tanta fuerza que hiere a unos de los perros en el hocico.

Luego de aquel incidente el hombre reacciona y se da cuenta que salió sin camisa, eso en aquel tiempo era un escándalo, un hombre sin camisa en un barrio residencial daba muy mal aspecto y además para malos comentarios.

Diplomáticamente las vecinas veían aquel suceso por las ventanas tímidamente como para no pasar por chismosas.

Sin embargo vieron el desespero del hombre que regresaba a su casa con su caja de dientes malograda por el golpe y esta no encajaba en su boca de la mejor manera.

El irritado hombre regresa al jardín de su casa y le grita a su esposa que le traiga la camisa, camisilla y zapatos. Por último solicita que le alcancen sus gafas y su mariquera donde guardaba sus documentos, termina de vestirse en la terraza diciendo que llegará al centro para tomar cartas en el asunto.

Raudo sale a visitar un amigo abogado que solía estar por los lados del edificio palma a un costado del paseo de Bolívar. Es posible que tomaría acciones legales en contra de Carlos por la desaparición de su hija.

Mientras tanto Eva se levantaba por primera vez en una casa diferente a la suya, se prepara a tomar un ligero desayuno con caribañolas y café con leche, luego de esto tomarían camino a vivir un episodio más de su historia de amor.

Ya embarcados en su travesía los dos enamorados no se imaginaron que aquel momento no lo olvidarían nunca, tal vez por la osadía de huir sin antes casarse o por las cosas que le sucederían más adelante.


Libro de Visitas

Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

Creative Commons License


Esta web ha sido creada por www.ratondebiblioteca.es 2007-2021 ©
Contacto ¦ Legalidad