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Será mostrado si existe



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Escrito por Apolo el 13/12/20

VER PARA CREER I


Es difícil que un barrio popular esté calmado por cierto tiempo, siempre hay cuitas por resolver, nunca falta el bullicio y por lo general siempre hay personas que saben todo lo que se cuece dentro y fuera del mismo, así sea a costa de no vivir su propia vida con tal de estar pendiente de la de los demás.

Aquel cinco de julio no sería como todos los días, la calma reinante sería el detonador de una serie de sucesos o infortunios que no pasarían inadvertidos. Precisamente ese mismo día se jugaba un partido de fútbol muy importante en el mundial de España 82 y aún recuerdo con emoción ese encuentro entre la selección de Brasil e Italia.

Los brasileros con su “jogo bonito” ilusionaban a todos aquellos suramericanos que no tuvimos representación en ese mundial, y los italianos conocidos por practicar un fútbol de defensa férrea y ultraconservadora. Se jugaban la segunda ronda, Brasil había apabullado a sus rivales en la primera y salía como favorito al partido pero todo cambió con el paso de los minutos.

Con tres de mis mejores camaradas disfrutábamos del evento, pero tuvimos que pagar para ello nada menos y nada más que cinco pesos cada uno para poder ver el partido en la casa de nuestro amigo Pancho, un gordito pusilánime cuyo padre era un astuto negociante que disfrutaba vengarse de nosotros porque no dejábamos jugar al fútbol a su hijo siempre y cuando que él fuera quien colocase el balón.

Además era el único que tenía un televisor a color, un elemento extraño en nuestro barrio. Dicho televisor era un armatoste de veinticuatro pulgadas marca Sankey que el padre de pancho había comprado en Maicao el paraíso del contrabando por aquellos días. Así mismo teníamos que cumplir otra terrible condición, sentarnos en el piso y estar absolutamente callados porque el único que podía comentar el partido era el papá de pancho, este se gastaba unas ínfulas de ricachón pero tenía una halitosis pavorosa, y era más tacaño que “cura de pueblo” no brindaba ni agua.

Al minuto cinco sucedió lo impensable, Paolo Rossi delantero italiano había aguado la fiesta y de soberbio cabezazo anota el primero, no hubo palabras para expresar lo que se sintió con ese golpe. Hasta que apareció la magia que se desprendía de los botines de los jugadores de la verde –amarela y Sócrates se saca el clavo anotando un golazo en un ángulo muy difícil, así empataba las acciones y había vida para la selección carioca. Cuando el partido seguía su curso Italia perseguía y presionaba a Brasil, pero este buscaba con su endiablado toque-toque la salida y marcar diferencia en el partido, pero por esas cosas del fútbol al minuto veinticinco el curtido defensa de Brasil “Junior” da un mal pase y eso es aprovechado por Rossi que se aviva y toma la pelota anotando el segundo para los italianos dejando a los seguidores de Brasil en shock.

Así con ese resultado termina la primera parte y tuvimos tiempo para levantarnos ejercitar las piernas y le hicimos unas señas a pancho para pedirle que sacara su balón para echar una patadita frente a su casa mientras comenzaba el segundo tiempo. Pero el padre de este lanza el grito;

-¡No van a sacar ningún balón, después vienen a la sala sudados hediondos a sudor y a pedir agua, ya pancho sabe que está caliente!

Este decía eso a viva voz tratando de decir que nosotros no podíamos patear un ratico porque esto nos convertiría en bolas de sudor, y no se daba cuenta que el pestilente era él con ese terrible hedor bucal convertía a la sala en una verdadera alcantarilla. En ese preciso instante nos percatamos de ciertos movimientos extraños en la casa de pancho, su hermana salía y entraba repentinamente a su cuarto como guardando o sacando cosas. Su andar era nervioso y trataba por todos los medios de hacer su vida normal pero sus reacciones de nerviosismo cuando la mirábamos eran evidentes.

Sin embargo seguimos concentrados en el partido y comienza la segunda parte, el trámite transcurre normal y nuevamente Brasil retoma su juego característico armando jugadas llamativas para buscar el gol. De un momento a otro el padre de pancho se percata de lo que estaba pasando con su hija y la reprende toscamente con gritos que se escucharon en toda la casa, era una rabieta del viejo para hacernos sentir mal, es posible que él se diera cuenta que ya nos habíamos percatado de la situación embarazosa que estaba por acontecer.


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Escrito por Apolo el 17/12/20

VER PARA CREER II


Como si fuera poco aparece en escena “Leoncio” un vecino amanerado del cual se sospechaba su condición pero él la mantenía en suspenso. Cuando el papá de pancho ve al delicado personaje en su puerta le dice;

-¡Qué haces ahí parado!

Leoncio responde en un tono suave y gesticulando delicadamente con sus manos,

-¡Su hija me mandó a llamar, para que le ponga los rulos!

Cuándo el hombre escucha eso exclama de forma burlesca;

-¡Lo que faltaba que mi casa ahora se convierta en salón de belleza!, -entra antes de que me arrepienta-

De inmediato Leoncio camina como pisando cáscaras de huevo y pasa por encima de nosotros tapándose la nariz con dos dedos de la mano izquierda, mientras que la derecha la venteaba como apuntando a cada uno de nosotros con un movimiento de hada madrina y hacía gestos como para espantar el fuerte tufo de su interlocutor.

Al entrar a la habitación donde se hallaba la muchacha más inquieta que de costumbre cierra la puerta, ese acto enfurece al padre de la chica que enseguida lanza el grito;

-¡Abran esa puerta, en esta casa nadie anda con cuchicheos, anoten porque no repito!-

La chica y Leoncio obedecen, abren la puerta y empiezan a reírse a carcajadas, esto también parece enfurecer al hombre y nuevamente grita;

-¡Aja, cuál es la risa, no me dejan oír la transmisión del partido!

Esa situación se estaba poniendo color de hormiga, porque Leoncio no obedeció el mandamiento del hombre y suelta una carcajada tras otra hasta el punto de ocasionar una fulminante advertencia;

-¡Por última vez les digo!… -me dejan esas pendejadas o tendré que tomar medidas extremas, ¡este invertido cada vez que viene me trae problemas! dijo en voz baja.

Mientras tanto el partido continuaba y pasa lo esperado una soberbia descolgada del defensa brasilero Junior que se acerca al área contraria habilitando a Paulo Roberto Falcao y de soberbio disparo de media distancia anota el empate y el júbilo llegó, todos saltamos de alegría e inclusive el papá de pancho daba muestras de estar contento con el golazo anotado por el mediocampista brasilero, y por un momento el hombre parecía olvidarse del incidente con su hija y Leoncio.

Pero la dicha duró muy poco, porque seis minutos más tarde Rossi el verdugo de los brasileros anota en un descuido de la defensa después de un cobro de esquina y pone cifras definitivas al partido al minuto setenta y cuatro, esto ocasionó un patatús al papá de pancho que procede a echarnos de su casa y acto seguido va a la habitación de su hija para descargar la rabia con ella junto con su acompañante. Pero el desconcierto fue considerable, su hija no estaba y Leoncio mucho menos.

¿Por dónde salieron, si las paredes del patio eran sumamente altas?, ¿cómo hicieron para pasar por la sala sin ser vistos?, esas preguntas no las pudo resolver el hombre en medio de la confusión. Pancho lloraba afligidamente y su padre maldecía hasta por los codos, en una de esa saca un viejo y oxidado machete que si cortaba a alguien esa persona se moriría más por el tétano que por la herida.

Mientras en la calle mis amigos y yo lamentábamos la eliminación de Brasil nuestro equipo favorito, entre tanto la gente del barrio salía a su puerta a ver de qué se trataba la algarabía que se había formado en la casa de pancho. Debía ser algo de enjundia comentaban todos.

Pocos días después la selección Italiana se coronaba campeona de ese mundial y se supo de buenas fuentes que dejaban escapar los rumores de los chismorreos que la hermana de pancho se había fugado con su novio con la ayuda de Leoncio, el cual poseía un secreto para hipnotizar a las personas solo con señalarla y era capaz de pasar por delante de alguien sin ser visto. Era un hechizo que había aprendido muchos años antes con unos amigos ocultistas con los cuales cruzaba una secreta correspondencia y astutamente lo utilizó el día que le sirvió de celestino a su amiga para escapar de la casa de su temible y desaliñado padre.


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Escrito por Apolo el 22/01/21

DONDE SE DEVUELVE EL VIENTO


Froilán Cedeño era un conductor de taxi en su máxima expresión, su carisma y personalidad juguetona lo hacían brillar por encima de sus colegas. Siempre andaba elegantemente vestido con camisa de challis multicolor, pantalón blanco y zapatos de dos tonos al estilo cubano. Este era popularmente conocido con el remoquete de “farucho”, era el conductor de un portentoso Chevrolet 56 color azul y rojo al cual le tenía pintado en la parte superior del parabrisas su apodo.

Este caballero siempre mantenía un desparpajo en sus conversaciones, a pesar de su corta educación hablaba de casi todos los temas, pero siempre mantenía oculto o casi en secreto el lugar donde vivía. Cuando le preguntaban por eso saltaba la página o cambiaba repentinamente de tema y respondía lo que se le venía a la mente en ese instante. Tal vez le daba pena decir que residía en un barrio muy alejado de la gran urbe. Por eso muchos decían jocosamente que ese barrio estaba tan lejos que ahí se devolvía el viento.

Este era un barrio que no tenía un nombre definido, por esa razón le llamaban de varias formas y las más conocidos eran; tripa larga, salsipuedes, nariz con boca, barriga de santo, villa cacho y calle de los baños. Todos esos nombres hacían alusión a un sinfín de situaciones, problemas, enredos amorosos y varios secretos que guardaban la estrechez de sus calles.

Uno de los más insólitos misterios era el de las tres casas esquineras que se hallaban a la salida del barrio. Estas mantenían una decoración exterior con un mosaico de baño, por esa razón le decían a ese pedazo de tierra “La calle de los baños”.

Uno de los misterios que guardaba dicho barrio era que en la dichosa calle de los baños salían por la noches unos diminutos hombrecillos de color negro y ojos rojos, cuando la gente los veía estos salían corriendo y se metían debajo de las casas y nadie los podía coger. Unos decían que eran los animes, otros que eran diablillos y algunos otros que eran duendes desahuciados que atraían las malas energías, por esa razón en las mencionadas casas siempre había discordias y un mal ambiente entre familiares y extraños. Pero en realidad nadie tenía explicación al fenómeno.

En una noche clara de diciembre bañada por una luna llena que solían posarse en esas fechas a Froilán lo sorprendieron los anómalos personajillos, pero el hombre venía “tres quince” o sea con unos tragos encima por eso no se asustó. Es más se animó a perseguirlos y por poco captura a uno de ellos. Esa noche la suerte no estuvo de su lado, pero juró que los atraparía a si sea la última cosa que hiciera en su vida, eso decía mientras se tropezaba con cuánto poste o esquina mal puesta se encontraba.

Al día siguiente se fue a trabajar como de costumbre con una resaca de los mil demonios, en su rostro se notaba que ya los años le estaban pasando factura y que ya no era aquel mozo que los tragos no le ocasionaban efectos secundarios. Por eso se detuvo unas calles más abajo de su casa y se sentó en el restaurante callejero de doña “Paulita” la cual vendía una sopa de ojo de vaca la cual era bendita para espantar esos estados post bebida.

Como a eso de las diez de la mañana sacó el carro de su sitio de parqueo y empezó a faenar duro y parejo para recuperar el tiempo perdido. Sin contar que en horas de la tarde noche se encontraría en el centro de la ciudad con unos compadres de la vieja guardia y enganchó de nuevo a refrescarse con cerveza ya que el clima estaba sofocante. En compañía de sus compadres Froilán se sentía como nuevo y alcanzó a ingerir casi una docena de su bebida predilecta.

Por segunda noche consecutiva el veterano conductor regresaba a su casa poseído por el embrujo de “Dionisio” el dios griego del vino. Si alguien le decía algo este le respondía;

-¡Calma… Calma… tu sabes que en diciembre todos los días son sábados y al borracho lo cuida el diablo!

Como era de esperarse la calle de los baños estaba solitaria y más oscura que nunca, los vecinos se acostaron temprano por miedo a los temidos espectros nocturnales.

Estos le salieron al paso de Froilán sin contar que el hombre no se asustaba con nada. De inmediato los increpó fuertemente gritándoles que él no temía por tener los “Niños en cruz” aquel amuleto que espantaba el miedo a su poseedor y lo hace merecedor de una fuerza descomunal con unos nervios de acero. Por eso logró ahuyentarlos, esta era una diáfana muestra de que este caballero no estaba hecho de medias tintas.

Luego de ese episodio Froilán tomó una actitud soberbia con sus vecinos, se creía la última coca cola del desierto y muchos decían que se había tragado el amague. Esos comentarios no molestaron para nada al personaje más por el contrario lo animaron a seguir fanfarroneando, esto lo hizo merecedor de odio y de perder mucho de la personalidad afable que poseía antes del episodio. Tanto así que una semana después se autoproclamó líder cívico del y se tomó el atrevimiento de bautizar a su manera el barrio con un nombre muy sugestivo, además instaló una pancarta de tres metros de largo por uno de ancho en la entrada del barrio la cual decía literalmente lo siguiente;

"Vienbenidos a BillA Farucho… terriTorio libre de esPantos"


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