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Será mostrado si existe



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Escrito por Apolo el 27/06/20

LA CASA DE LA SEÑORA "MARICRUZ" IV


Cuando entra a su casa de inmediato cerró la puerta principal y la ventana del negocio, dando muestra de enojo o quizás algún problema que resolver. Paso seguido apagó la luz que iluminaba su terraza como también las luces del interior de la casa. Algo inusual porque por las noches ellos se sentaban en la sala, la señora Maricruz a coser con aguja en mano colchas de retazos de tela de varios colores y el Mopri a llenar los crucigramas que no alcanzó en la mañana.

Esa noche fue algo inusual no ver a la pareja en su rutina, la calle se apagó temprano y todos los vecinos se extrañaron con el acontecimiento. Pero esa tranquilidad pronto se rompería ya que nuevamente se escucharon los ruidos que habían roto la calma en horas de la mañana pero esta vez sonaban más espeluznantes.

¿Cuál era el origen de esos ruidos extraños?

Esa pregunta era difícil de responder, además la noche se oscurecía profundamente cosa que hacía terrorífico aquel momento, nadie se atrevía a levantarse para mirar el origen de los ruidos.

A la mañana siguiente una bruma ligera se posaba sobre las calles aledañas y como cosa rara ya pasaban más de la seis de la mañana y la señora Maricruz y el Mopri no abrían al negocio. De nuevo los vecinos comenzaron a sospechar que algo muy extraño rodeaba a la pareja, ya eran reiterados los acontecimientos anormales en dicha casa.

Al ver la demora en la apertura del ventorrillo algunos curiosos se acercaron a la casa y tocaron en varias oportunidades, pero sus llamados no tuvieron efecto nadie salió. Por ese día y los veinte días subsiguientes la casa no se abrió más.

Al día veintiuno se reunieron una gran cantidad de vecinos para tratar de averiguar que pasaba con la pareja y si era cierto que todavía habitaban en dicha casa, nuevamente tocaron pero con mucha más insistencia y por enésima vez nadie respondía.

A esa altura se hacían conjeturas sobre lo sucedido con la pareja y como se había aislado de la comunidad sin motivo aparente, un tufillo de misterio se posaba sobre este caso. Como de costumbre no faltó el exagerado que propuso llamar a un sacerdote para que viniera y examinara la situación.

Los demás sin pensarlo dos veces acogieron la propuesta y el encargado de buscar al clérigo no sería otro que “Nalga e gallo” ya que este quería entrar de nuevo a la casa y descifrar el misterio del cuadro que no pudo resolver la vez pasada que entró a dicha casa.

El cura solo se presentó como a las cinco de la tarde debido a sus múltiples ocupaciones, de inmediato se posó en frente de la casa y emitió la frase;

¡En este lugar, hay malas energías!

Sin perder tiempo se armó con un crucifijo en la mano derecha y un rosario en su mano izquierda, a medida que se acercaba a la entrada con sus sigilosos pasos rezaba el ave maría para protegerse.

Los presentes no daban crédito a lo que ocurrió acto seguido, el sacerdote fue expulsado varios metros cuando tocó la puerta cayéndose aparatosamente enredado con su pesada sotana.

Los vecinos trataron de levantar al cura, pero este groseramente les ordena no hacerlo y sin musitar palabra se limpia el polvo que se le pegó en su vestidura. El religioso perturbado por lo sucedido insiste en acercarse a la entrada y tocar otra vez a ver si alguien responde.

Pero el resultado fue el mismo, y esta vez fue sacudido con mayor brusquedad a tal punto que casi queda desmayado. Al ver esto todos salieron corriendo y dejaron solo al capellán tirado en el piso, mientras tanto “nalga e gallo” miraba de reojo y fue el único que se acercó a él ayudándolo a incorporase luego de semejante totazo.

La situación pasó de castaño a oscuro cuando el cura dio su dictamen;

¡Aquí se necesita un exorcismo!

¡Hay que quemar mucho incienso en esta casa!

Decía en un tono muy serio el cura, además comentaba que las malas energías que rodeaban la casa hacían imposible que un hombre de dios sin la preparación suficiente no alcanzaría entrar e indagar que pasó con la pareja. Por eso cierra sus ojos y se despide de los presentes recitando un versículo de la biblia “1 de juan 3:10 En esto se reconocen los hijos de dios y los hijos del diablo: Todo aquel que no practica la justicia, no es de dios; tampoco aquel que no ama a su hermano”

Aquel presagio fue aprovechado por “nalga en gallo” el cual distorsiona el dictamen del cura y al día siguiente reúne a los curiosos que estuvieron en la algazara y les comenta;

¡La casa hay que “quemarla” arrojando abundante incienso!

Pocos lo apoyaron en esa idea y se preguntaban si en realidad el cura había dicho eso en serio, por más que insistía “nalga e gallo” fueron pocos los que decidieron darle una mano con ese macabro plan.

El susodicho al saber que no tenía el respaldo de los vecinos guardó silencio y se dispuso a ejecutar lo que tenía en mente, maniobró con cautela y preparó todo lo necesario para dar el golpe esa misma noche.

La noche cayó con cautela y las esquinas se hallaban opacamente iluminadas por las destartaladas pantallas que colgaban de los postes, la borrasca que se avecinaba entristecía todo el panorama. Eso no fue impedimento para que “nalga e gallo” sorteara las precipitadas gotas de llovizna que empezaban a caer y sin mostrar temor a la oscuridad se escondió en las sombras de una maleza que se hallaba a pocos metros de la casa en mención.


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Escrito por Apolo el 28/06/20

LA CASA DE LA SEÑORA "MARICRUZ" V


En ese lúgubre sitio espero a que la oscuridad fuera su cómplice, así podía empezar a quemar la casa arrojando Kerosene como combustible y el fuego lo sacaría de unos cerillos largos de esos que solo encienden con frotarlos en su caja.

Al parecer nadie lo vio cuando ejecuta su papel de pirómano, sin tenerle miedo a lo anunciado por el cura, aquel hombre estaba enceguecido y su única intención era quemar la casa hasta que quedara en ruinas, de esta manera podía entrar para sacar el misterioso cuadro que celosamente la pareja de dicha casa guardaba con mucho misterio.

Tal cual lo planeó encendió la casa y esta se quemaba lentamente esparciendo una gran nube de humo que se propagó por todo el barrio, ese olor a madera chamuscada fue la alarma para que los vecinos empezaran a acercarse para mirar como las llamas consumían la casa con todo ese arsenal de cosas interesantes que había en su interior al igual que sus dueños.

La policía fue alertada y por radioteléfono le hicieron un llamado a los bomberos que se tardarían en llegar por lo alejado que se hallaba la estación. Debido a esto los vecinos se organizaron en una cadena humana para lanzar agua con cualquier recipiente para apaciguar el fuego que consumía sin piedad la fachada, las ventanas, el techo y todo aquel material inflamable que avivaba la llama.

A pesar de la fuerza de la llamas no se observaba ningún movimiento desde el interior y los espantados vecinos veían con asombro que nadie salía como si los propietarios de la casa no estuviesen allí dentro.

Luego de unos quince minutos tal vez se presentó una pequeña máquina de bomberos y empezaron su protocolo para aplacar el fuego que lamentablemente los vecinos no lograron apaciguar a pesar de su gran esfuerzo.

A todas estas “Nalga e gallo” observaba todo lo que sucedía escondido en la maleza y no se atrevía a presentarse en el sitio de los hechos porque su ropa y sus manos emanaban olor a Kerosene lo que lo hacía sospechoso a pesar de que la gente ya presentía quien era el responsable, sobre todo aquellos que asistieron a la jarana que se formó en la casa cuando el cura llegó a hacerse cargo del misterio que rodeaba a la pareja.

Al fin los bomberos con el agua que trajo en el tanque del carro lograron calmar un poco el incendio, en ese momento nuevamente los vecinos se acercaron ayudando arrojando agua para culminar con el fuego definitivamente. Allí en ese instante aparece “nalga e gallo” en escena y muchos vecinos se le vienen encima culpándolo de ser el responsable de la incineración que consumió casi en su totalidad la casa del Mopri y su esposa, que a esas alturas brillaban por su ausencia.

Varios vecinos agredieron a “nalga e gallo” por el hecho y no lo dejaron entrar a la casa, por su parte solo el encargado del carro de bomberos logró entrar a la estropeada casa y en voz alta le habla a la muchedumbre;

¡Todo está quemado!

¡Ya he revisado y no se observan restos de personas que pudieron perecer por el fuego!

¡Si ustedes quieren entrar, vengan y cerciórense ustedes mismos!

Era cierto que todo estaba quemado, pero para asombro de todos lo único que sobrevivió al feroz incendio fue el famoso cuadro que la pareja formada por el Mopri y la señora Maricruz cuidaban en exceso.

Muchos de los presentes por fin podían observar de frente la mencionada pintura que era un lienzo antiguo pintado con una técnica desconocida donde los objetos pintados parecían moverse, lógicamente eran ilusiones ópticas las cuales representaban escenas de la divina comedia la obra cumbre del poeta italiano Dante Alighieri, este afamado artista que vivió a finales del medioevo y en su obra contaba las aventuras de un viaje trascendental en el que el autor visita “El infierno, El purgatorio y el Paraíso” guiado por el poeta romano Virgilio. Esto dejó boquiabiertos a los presentes, pero uno de ellos detalló el cuadro con atención y logró mirar que en dicha pintura también se hallaban dibujados el Mopri y la señora Maricruz rodeados de varios gatos.

Era tal la finura de la obra que para observar a la pareja había que concentrase para lograr verlos, aquello no tenía explicación y de nuevo empezaron las conjeturas con respecto a la pintura. Tal vez por eso los dueños no dejaban ver dicho cuadro o acaso quizás;

¿Ellos entraban y salían cuando querían de la imagen?

Esa fue la versión que tomó fuerza aquella fatídica noche y durante mucho tiempo en el barrio no se habló de otro tema.

Eso no lo esperaban los vecinos que asombrados quedaron rodeando el cuadro mientras que “nalga e gallo” malogrado por el arrume de golpes que recibió fue el único que no logró ver la pintura. Mientras tanto un vecino se encargó de traer nuevamente al lugar de los hechos al sacerdote y este sin pedir permiso a nadie tomó el cuadro con la excusa de llevarlo a la curia para ser estudiado por expertos en el tema.

Lógicamente quedaron muchas preguntas e interrogantes que no se pudieron resolver, como también nunca se supo del paradero de la señora Maricruz y el Mopri, es más después de varios años de aquel acontecimiento los vecinos al pasar por el lugar aligeran el paso para no ser tocado o atrapado por las malas energías que dicen que deambulan en aquella desvencijada casa.

FIN


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Escrito por Prometheus el 30/06/20

La Maldición X


Aunque no se preocupó en exceso, a Yolanda le pareció muy raro que Javier no la llamara y que tampoco cogiera el móvil cuando ella lo llamó. Ya era tarde, así que decidió irse a dormir.

Yolanda despertó sobresaltada. Por el resplandor que entraba por su ventana, se dio cuenta de que había amanecido hacía ya mucho rato. Le pareció escuchar que su madre hablaba con alguien, pero no identificó con quien en ese momento. Había tenido una pesadilla. No recordaba los detalles, pero aún estaba sudorosa, a pesar de que no había hecho calor durante la noche. Recordó que el mal sueño incluía a Rubí y a Javier. Trozos de las escenas vividas mientras dormía bailaban en su cabeza. Era preferible evitarse un dolor de cabeza tratando de recordar de qué se trataba. Se levantó y se fue al baño. Quince minutos después estaba en la cocina buscando con qué desayunar y vio a su madre en el porche hablando con Samuel. Parecía una conversación en buenos términos, aunque podía ver por la ventana que su madre se mantenía más bien alejada. Puso dos rebanadas de pan en la tostadora y decidió interrumpir. Abrió la puerta y se recostó en el marco. Altagracia y Samuel callaron y la miraron.

--Buenos días. —Dijo Yolanda.

--Buenos días, hija. ¿Dormiste bien?

--Buenos días, Yolanda.

--Sí, mamá. ¿Todo bien?

--Estoy tratando de explicarle a tu madre la situación de ayer.

--¿Eso tiene explicación, Samuel?—Preguntó Yolanda.

--Por supuesto que la tiene. Conozco a Elena desde hace muchísimo tiempo y la estaba acompañando a hacer la compra. No hay misterio en eso.

--¿Desde cuándo te acuestas con Elena, Samuel?

--YOLANDA. —Se escandalizó Altagracia. —Eso no es de tu incumbencia.

--Lo es, mamá. Si tu supuesto novio tiene una relación con otra mujer mientras está contigo, me parece obvio que es una persona que no respeta a los demás. A ti, en este caso.

--No te voy a negar que hubo algo entre nosotros, pero de eso hace ya mucho tiempo. —Dijo Samuel sin que sonara a justificación.

--Yolanda, por favor, déjame resolver yo este asunto. —Dijo Altagracia.

--De acuerdo, mamá. Samuel, buenos días.

Yolanda volvió a la cocina. Preparó su desayuno, puso las cosas en una bandeja y se regresó a su cuarto. Llamó a Javier y salió en buzón de voz. Empezó a preocuparse. Desde que están juntos, Javier la hastiaba con llamadas a cada momento y desde la tarde anterior no había podido comunicarse con él. Mientras mordisqueaba el sándwich, pensó si ir a su casa sería buena idea, aunque le pareció que hasta que no se aclarara lo de ayer, suspendería esas visitas. Quizás se le había estropeado el móvil. Cuando fue a llevar la bandeja a la cocina, encontró a su madre y a Samuel tomando café en ella. Parece que Altagracia decidió darle otra oportunidad. Aunque se alegraba por ella, no manifestó ninguna emoción cuando los vio. Altagracia la miró un poco aprensiva, pero Yolanda le sonrió como diciendo, es tu vida, haz lo que quieras.

A las tres de la tarde, Altagracia se fue a una reunión de su grupo a la iglesia, con miras al viaje de retiro que tenían para fin de mes. Supuestamente, Yolanda estaba durmiendo la siesta, pero en realidad solo esperaba su marcha para ir a casa de Rubí. Aún no se creía que la hubiera llamado. Después de más de un año sin hablar con ella, por fin estaría cerca de su amiga otra vez. Recordó la noche fatídica del rayo y de lo que Rubí le había dicho. No era tonta, sabía que esas palabras habían salido del corazón de su amiga, pero después de lo que le había pasado para ella todo era perdonable. En ese lapso, Yolanda era consciente de los cambios físicos que había sufrido su cuerpo. Desde que empezó a tener relaciones con Javier, miraba la vida desde otro punto de vista. Ya no era la chica mojigata que se ruborizaba cuando se hablaba de sexo a su lado.

Dejó de divagar y se vistió. Salió por el patio, saltó la pared que dividía ambas casas y llegó a la cocina. Toco la puerta y su corazón de hincho de felicidad cuando la vio. Rubí abrió de inmediato y se fundieron en un abrazo lleno de cariño. Sus caras se inundaron de llanto por un rato. Entraron y se fueron directo al dormitorio. Yolanda intentaba que el estado físico de Rubí no le afectara, pero no pudo evitar sentirse culpable al ver esa piel oscura y arrugada que evidenciaba las quemaduras. Mantuvo siempre una sonrisa alentadora, y siempre sosteniéndole de las manos.

Hablaron de todo lo que se les ocurrió, excepto de cómo se sentía Rubí. Hicieron todo lo posible por no tocar el tema después de las primeras palabras de saludo. Ella dijo que estaba y se sentía bien y lo dejaron así. Yolanda le contó lo sucedido con Héctor y lo de ahora con Javier. Rubí no se creía que su amiga del alma estaba teniendo relaciones sexuales. Se rieron mucho y también lloraron. Yolanda no le permitió a Rubí volver a pedir perdón, era algo que decidieron dejar en el pasado.

Hablaron de la mejor forma de que sus madres fueran amigas nuevamente e idearon un plan para llevarlo a cabo. La visita duró un promedio de dos horas, hasta que escucharon que el padre de Rubí había llegado de trabajar. Yolanda prometió volver tan pronto lo permitieran las circunstancias. Volvió a su casa por el mismo camino que usó para salir, feliz de que las cosas con su amiga, fueran ya un asunto del pasado.

Ahora, era tiempo de saber qué había pasado con Javier. Volvió a llamarlo y le llegó la misma respuesta, buzón de voz. No sabía cuánto tardaría Altagracia en regresar, así que le dejó un mensaje en el móvil. Recorrió las calles alrededor del mercado que ya estaba cerrando sus puertas hasta el día siguiente. Unas cuantas cuadras más y llegó a casa de Javier. Tocó la puerta y a pesar de que lo esperaba, se sorprendió de verlo. Tenía un semblante triste y lo que parecían marcas de golpes en la cara.

--Hola. —Dijo él. —Pasa. No hagas ruido que mi madre está delicada de salud. Debo estar cerca porque a cada momento se despierta con sed. Perdona que no te haya llamado desde ayer. Pasaron muchas cosas ayer después que nos despedimos…

--¿Qué te pasó en la cara?

--Una pelea. Nada de importancia.

--¿Qué pasó anoche? He estado muy preocupada.

--Lo siento. Cuando llegamos aquí mi madre y yo discutimos. Le reproché algunas cosas y ella también me dijo otras. Me enfadé y lancé mi teléfono al suelo. Ella sufrió una recaída y desde entonces no se levanta. Vino un doctor que era amigo de mi padre y me dijo que su vida estaba en un hilo. Se va a morir en cualquier momento, porque lo de anoche la alteró mucho y le afectó. Su corazón se resintió. Samuel vino poco después y también discutí con él porque no le permití verla y lo eché de malos modos. Me empujó, lo empujé y luego nos fuimos de las manos.

--¿Así que la pelea fue con Samuel, no?

--Sí. Dile a tu madre que se cuide, ese tipo no es buena persona.

--Bueno, mi madre es grande y además él le gusta. Estuvo en casa esta mañana y al parecer hicieron las paces. La última vez que los vi, estaban tomando café en la cocina. ¿Qué se puede hacer por tu madre? ¿No deberíamos llevarla al hospital?

--Ya no vale la pena. Ella está desahuciada desde hace mucho tiempo. Me dijeron que si recaía otra vez, sería la última. Lo que me molesta es que nos despedimos enfadados y aunque no nos llevábamos muy bien, era mi madre. Me habría gustado que las cosas estuvieran bien entre nosotros.

--Bueno, hay que tener fe en Dios que todo se arreglará.

--Sí, parece que Dios ya va a arreglar este asunto de una vez por todas.

--Por favor, no seas blasfemo. No se puede ir contra su voluntad.

--Vamos a dejar a Dios en su trono en paz y arreglemos las cosas nosotros como sabemos hacerlo. No hay que darle vueltas al hecho de que mi mamá se va a morir.

--¿No tienes otros parientes? ¿Alguien que venga a estar contigo en estos momentos?

--No llamaré a nadie. Ya hablé con el sacerdote. Hará una misa de cuerpo presente y me ayudará con los trámites del entierro. No tengo dinero para eso.

--Si quieres, te acompañaré el tiempo que pueda.

--Te lo agradeceré mucho.

--No hay nada que agradecer, quiero estar contigo.

Javier la tomó por los hombros y la besó. Iban a recrearse en dicho beso, pero escucharon un ruido proveniente de la habitación.

--Es mamá. —Dijo Javier. —Debo darle agua.

--Claro, ve. Te espero aquí.

En casa de Yolanda, Altagracia sucumbía a las caricias de Samuel. Estaban en una pequeña habitación que servía para guardar trastos viejos, en la cual había una cama pequeña. Altagracia no quiso que fueran al dormitorio principal. Sentía como si estuviera engañando a su marido muerto. Samuel estaba con la cara entre sus piernas. Altagracia se encomendaba a todos los santos con los ojos en blanco mirando al techo. La sensación era sublime. Maldijo a su difunto marido por privarla de ese placer. Lo sacó de su mente porque no quería mezclar una cosa con la otra. Samuel salió de entre las piernas de la mujer con la cara empapada. Su rígido miembro buscó sin tardanza el hueco caliente y se introdujo en él. Altagracia gimió sin querer. Temía más que el diablo a la cruz ser escuchada por algún vecino, aunque era muy improbable que eso sucediera.

Con gusto leeré sus comentarios. Gracias.


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