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Escrito por Apolo el 23/11/21

LA FUENTE DE LOS DESEOS


Como todas las tardes muchos parroquianos se congregaban alrededor de la recién inaugurada fuente que adornaba la plaza del pueblo como nunca antes, esa era la sensación del momento, sobre todo para los enamorados que juntos tomados de la mano le tiraban monedas a la fuente pidiendo un solo deseo “amor eterno”.

El espectáculo de mirar la fuente y lanzarle las concebidas moneditas se había convertido en el programa obligado de todo aquel que transitaba por el mencionado sitio, tanto así que los asistentes debían hacer fila para realizar la acción de la lanzada.

Aquella rutina de ir a la fuente no tardaría en llegar a oídos de Rogelio Quintín, el personaje más odiado por la mujeres del pueblo debido a su inclinación de fisgón y voyerista. Este tenía a su haber un sinfín de acusaciones que iban desde vago husmeador hasta ladrón de prendas íntimas, dado que Rogelio acostumbraba a deambular por los patios de las casas vecinas cual gato en cacería, para ver si las damas estaban mal sentadas y así ver el color de sus pantys saciando de esa manera su perturbación mental.

Con casi cuarenta años, este pervertido exhibía en su fatuo mundo lleno de fantasías la colección más grande del pueblo de revistas pornográficas y afiches obscenos. Por eso su madre casi nunca entraba a su habitación y si por casualidad lo hacía antes de abrir la puerta se santiguaba dos veces.

Aparte de su inclinación excéntrica con los temas sexuales Rogelio también ostentaba el título de gorrero del año, o sea que se hacía invitar a las parrandas sin colocar un solo peso para el licor.

Esta costumbre la tomó desde sus tiempos de adolescente, cuando en las cantinas solía tomarse los sobrados de las cervezas y a veces llegaba hasta el punto de ingerir los tragos de aquellos borrachos que se quedaban dormidos en las mesas, así de esa manera se embriagaba todo el tiempo gratis sin ningún atisbo de pena o vergüenza este depravado pasaba sus días.

Una tarde soleada Rogelio llegó a la dichosa fuente y esta estaba atiborrada, no cabía ni un alfiler, parecía que todo el pueblo estaba volcado en masa pidiendo su respectivo deseo o que todos los habitantes habían desocupado sus casas solo con el propósito de ver el jolgorio que se producía en ese sitio.

Rogelio se sintió agobiado a ver que no podía hacerse un lugar en la fuente y pedir su deseo al lanzar su respectiva moneda, que valga la pena decir eran recogidas por un encargado del cura párroco quien las destinó para las obras de la iglesia del pueblo. Entonces no le quedó otro camino al desesperado hombre que buscar la forma de dispersar a la multitud para el hacerse un lugar en la mencionada fuente.

Por eso decidió regresar a casa y preparar su famoso “pedo químico” la broma que lo convirtió en toda una celebridad en sus tiempos de escuela, cuando desataba estampidas con su bomba fétida hecha de ácido clorhídrico, azúfre en polvo y limaduras de hierro, curiosamente envasados en un pequeño frasco que al removerlos desataba un olor nauseabundo. Esto acostumbraba hacerlo en actos solemnes o celebraciones que eran aburridas para él, esa siempre fue su arma secreta para salir airoso y librarse de tareas o desarmar cuanta reunión donde no era bienvenido.

Como era un experto lo preparó en un santiamén y lo camufló en su puño que lo cubría con la manga larga de su camisa, cuando llegó de nuevo a la plaza encontró más gente de la había dejado ya que el sol estaba bajando su intensidad y muchos transeúntes que no habían bajado a la plaza también decidieron esa tarde visitar la fuente.

Rogelio, sin pensarlo dos veces agitó el frasco y de forma leve le soltó la tapa, de inmediato el sitio fue inundado por una hediondez terrible, la pestilencia era tal que se le pegaba a la ropa de los asistentes.

La gente se fue retirando de la fuente, esta quedó desolada en un instante ya que los espectadores corrían para escapar de la hedentina, mientras que Rogelio veía todo escondido tapando su nariz con un pañuelo cargado con unos gramos de café molido que le servía de filtro para desviar el hedor.

Pasaron unos minutos, quince tal vez para que la plaza quedara tan sola como lugar fantasma, eso fue aprovechado por Rogelio para tomar varias monedas de su bolsillo y lanzarlas para pedir su deseo. Este muy diligente hizo el ejercicio como todos, pero Rogelio pensaba y esperaba que su deseo se le iba a cumplir de inmediato. Por eso sufrió una decepción mayúscula injuriando a la fuente y a sus respectivas bondades, además preso de una rabia demencial arrojó una cantidad de basura convirtiendo aquel sitio de distracción en un espantoso muladar.

Cuando quiso retirarse sintió el impulso de una señal telepática que parecía decirle algo, Rogelio se llenó de nervios pero a la vez sentía mucha curiosidad en averiguar de qué se trataba dicha onda. Pero lo que nunca se imaginó era que se trataba del mismísimo satán buscando hacer un pacto de sangre con él a cambio de concederle en el acto cualquier deseo.

Cuando el impaciente hombre descifra lo que el malévolo personaje le estaba proponiendo sin pensarlo mucho le dice;

-¡Quiero que salgas para ver que es real tu presencia en este lugar!-

En el acto se oscureció la tarde de forma brusca y en medio de las tinieblas apareció un torbellino de unas moscas inmundas, fue así como un escalofrío le recorrió por todo el cuerpo a Rogelio y en medio del sopor alcanzó a escuchar;

-¿Cuál es tu deseo?-

Rogelio sin pelos en la lengua pero con algo de nerviosismo responde;

-¡Quiero… quiero, tener una súper visión para ver a todas las mujeres desnudas así tengan la ropa puesta!-

Con una extrema seguridad el espectro le dijo;

-¡Dicho y hecho, en menos de lo canta un gallo veras a todas las féminas de este pueblo como dios las trajo al mundo!-

Rogelio inmerso en un nubarrón de sorpresas pero lleno de recelo pregunta;

-¿Qué quieres a cambio de concederme mi deseo?-

En seguida satán le responde;

-¡Quiero que firmes este contrato que tengo en la mano con tu sangre!-

Rogelio le dice con una voz entrecortada;

-¡Tranquilo diablillo, que yo le firmo lo que sea con tal de tener lo que te pedí!-

Como por arte de magia, la claridad fue retornando al sitio y Rogelio quedó sentado en uno de los rebordes de la fuente mirando a todos lados para comprobar que el deseo se convertía en realidad. Además sin darse cuenta por la emoción que lo embargaba sostenía en sus manos el pergamino que debía firmar con su sangre.

Por unos minutos por esa zona no pasó nadie, esto debido a lo acontecido un par de horas antes por efecto del mal olor de la bomba fétida y por otro lado el espectro se aseguró que por la fuente no pasara nadie para quedarse a solas con su víctima.

En medio del claroscuro Rogelio se percata que su deseo se convertía en realidad y para donde doblaba su mirada si había una mujer esta se veía vestida de Eva. El hombre estaba más feliz que niño con juguete nuevo, pero de nuevo irrumpía la voz fantasmagórica diciendo;

-¡No te olvides de firmar el contrato, ya cumplí con mi parte, ahora cumple con la tuya!-

Rogelio envalentonado y con la fanfarronería a flor de piel murmura en un tono alto;

-¡olvídate de todo, no voy a firmar tu ridículo contrato, ya tengo lo que quería lo demás no me interesa!-

Después de eso a Rogelio le sobrevino una seguidilla de carcajadas y en medio de las mismas decía;

-¡Soy el ganador de este reto diablillo, el alumno superó al maestro!-

Cuando el espectro escuchó la bravuconería de Rogelio le gritó en una frecuencia espeluznante como de otro mundo;

-¡No te olvides que el maestro nunca enseña todo lo que sabe, pagaras muy caro la osadía, no sabes con quien te metiste!-

Rogelio hizo caso omiso de la advertencia que le hace el espectro diabólico y sale raudo del sitio a disfrutar de su deseo. Mientras caminaba se extasiaba al ver tanta mujer desnuda, pero no se percató que a medida que avanzaba su cuerpo se le iba borrando en el aire hasta el punto que de nuevo llama la atención del público en la calle, todos veían a un individuo que se desvanecía súbitamente.

Era claro que esa era la venganza de satán por el incumplimiento de Rogelio, cuando este logró advertir lo que sucedía ya era demasiado tarde, se había desaparecido por completo y cuando hablaba nadie lo podía escuchar. Era muy raro aquel suceso Rogelio podía ver a todos pero nadie lo veía ni escuchaba.

La que sufrió en carne propia la desaparición de Rogelio fue su madre, ella desde aquel día lo busca por todos lados, sin saber que su hijo preso de una obsesión sin límites por los temas eróticos quiso jugarle una burla al patrón de las tinieblas y terminó errando en otra dimensión.


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Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

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