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Será mostrado si existe



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Escrito por Walter el 18/07/20

Es lo que vi... y punto


Sentado frente a la ventana, mirando el hermoso paisaje que puedo disfrutar desde ahí, estaba hoy viernes, cuando me ví sorprendido por lo observado.

Lo quiero contar porque no me lo puedo guardar, no tiene sentido saber algo si no lo comparto, pues es interesante. Sé que alguno me tomará por loco, pero es importante relatar lo que es importante, y ya. Pase lo que pase, les dejo mi relato a quienes deseen leerlo o escucharlo.

Estoy en casa encerrado, por esto de la cuarentena obligatoria que nos toca vivir por el desarrollo de la pandemia. No puedo hacer otra cosa que sentarme a mirar por mi ventana. Es una zona de calor o frío, no hay puntos medios, pues es casi desértico. Pasa, cada tanto, un auto por la carretera. Gracias a la estación de servicio que hay al lado, veo más coches de lo que vería sino fuese así. Unas montañas cercanas son parte del lugar y crean un marco de tranquilidad en mi rutina diaria.

La televisión ahora, más que otras veces, la tengo encendida no tan sólo para conocer las últimas noticias sino para ver gente. Sí, los veo en los programas, los veo en las entrevistas ocasionales o en sus casas, como yo. Gran parte de la gente está en sus casas. Incluso mi hijo que me llama cada dos por tres, cosa de nunca. Lo bueno de la pandemia. Como ya dije, me queda mirar para afuera, viendo, observando esta gran extensión de tierra, piedra y montañas frente amí. Cada día noto más animalitos correr por ahí. Antes sí los veía, pero parece que, por razones que desconozco, su número se incrementó en estos últimos tiempos. O quizás ahora le presto más atención a esa extensión de campo que tengo frente a mí. Quizás por eso, también, será que descubrí lo que es tema de mi exposición en este relato. Y lo quiero contar antes de que me olvide los detalles.

Este viernes, hoy, hace un rato atrás, en horas de la tarde, el sol estaba brillante, con un cielo totalmente despejado, sin nubes, como se acostumbra ver en la zona. Una suerte de brillo particular llamó mi atención. No pude dejar de notarlo, pues se intensificaba por momentos, luego desaparecía. Eso, en estos tiempos, que nada hago sino mirar para afuera, me llevó a tomar mis viejos binoculares. Los tengo hace años, desde que me jubilé y tuve que quedarme en casa o en las inmediaciones. Pues sin los mismos ingresos que antes, mis posibilidades disminuyeron. Yo era vendedor en una empresa de hidrocarburos, viajaba por todo el país.

Bueno… ¿en qué estaba? Ah… perdón estimado posible lector. Es que lo mío no es la comunicación escrita. Yo me pasaba hablando con la gente a la que le vendía mis productos… Perdón, me pierdo con facilidad en el coherente relato de lo que ví. Sigo… Bien, les decía que un brillo llamó mi atención, Sí, tomé los binoculares y me acerqué más a la ventana. Prioricé la zona de donde venía el brillo. Y no lo pude creer. Había sí, animalitos andando por ahí, varios, correteaban, saltaban y quizás huían… Bueno, eso pensé al ver a unos bípedos con paso raro descender de las montañas que tengo enfrente.

En la televisión, el Ministro de Salud acaba de anunciar el número de infectados hasta el momento, y el número de defunciones. Por suerte también, ahora, están informando sobre el número de personas que se recuperaron. Nos da, al menos a mí, una suerte de esperanza, porque nos tiene realmente preocupados este tema de la pandemia…

Otra vez, disculpen… Sí, les decía que vi a unos bípedos, unos tipos medio flacos, de piernas no muy largas, pero flacas. Eso es lo que vi con mis binoculares. Y son de muy alta capacidad. Como que los tenía enfrente, pero estaban como a setecientos metros. Los prismáticos que tengo se los compré a un militar que decidió conseguir otro más moderno. Es un prismático de 15 X 60 que, necesariamente, lo tengo montado sobre un trípode. Me ayuda mucho pues me acerco y me siento en una butaca que tengo especialmente para eso, miro y así paso los días.

El cielo está despejado, y la visión es increíble. Los bípedos, no digo personas, porque, no lo eran. Nadie tiene las piernas así, al menos nadie común. Eran dos bípedos que bajaban por la ladera de la montaña y cargaban un raro artefacto con el que apuntaban al suelo. Los seguí con mi binocular todo lo que pude. Tomaron muestras del suelo, capturaron un animal y luego se retiraron hacia la parte posterior de la formación rocosa. Un rato después, tras ella se elevó una suerte de nave. Tenía una forma rara que no puedo describir, pues creo que, incluso, cambió de forma en el transcurso de su elevación. Pues su traslado era en sentido vertical, al menos, por unos minutos, luego ascendió en forma oblícua y desapareció. Los animales, miestras ocurría ese ascenso estaban quietos, como espectantes. No sé en qué modo les afectaba. Sólo sé que lo ví. No tengo una cámara de alta resolución o de capacidad como para registrar algo a tanta distancia, por lo que sólo cuento con mi relato…

Ahhh, perdón, me asusté. Alguien golpea la puerta… Vuelvo a guardar este texto y creo que se lo enviaré a mi hijo.

Regresé… Era Juan, uno de los jovenes que trabaja en la estación de servicio. Me vino a pedir los binoculares, porque dicen que ven movimiento de animales en la extensión frente a mi ventana, del otro lado de la ruta. Lo que vi, no les conté. Aún. Aunque creo que debo compartirlo. Por eso estoy escribiendo esto.

Para los muchachos de la estación de servicio, el movimiento de los animales no tiene explicación. Para mí tampoco, pero yo vi algo que ellos no. Por eso les compartiré este relato. No me importa que me tomen por viejo loco. Es lo que ví… y punto. Perdón, otra vez, golpean la puerta. Deben ser lo muchachos.

*Este relato lo escribió mi padre hace una semana. Es lo último que supe de él. Lleva varios días desaparecido. Si alguien sabe algo, por favor, comunicarse con la autoridad policial más cercana que, ellos, me contactarán. Mi nombre y teléfono los dejo abajo…


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Walter Hugo Rotela González ©

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Escrito por Apolo el 20/07/20

SALOMÓN Y EL SASQUACHT V


Un misterio invadió el destino de las coordenadas parece que no le sirvió a ninguno y muchos menos a Salomón que simplemente veía escaparse la oportunidad de encontrar a la criatura que lo había desvelado por mucho tiempo y precisamente cuando la tenía más cerca se le esfuma. De inmediato recogió todas las cosas y decide buscar la salida más próxima, el recordaba que Andy con anterioridad le había comentado que la salida están al Este. Entonces decide mirar la brújula que tenía pegada a la cacha de su cuchillo de campaña y se ubica al punto cardinal mencionado anteriormente.

Siguiendo camino al Este como lo señaló su elemental brújula transitó por el lecho de un riachuelo por espacio de veinte minutos cuando se topa con una patrulla de guardabosques que lo requieren hablándole en inglés, esta era la barrera más disimulada, Salomón no dominaba ese idioma a duras penas se hacía entender.

Al requerirlo lo notan nervioso y deciden llevarlo a la estación más próxima donde una guarda de origen latino logra entender las explicaciones de Salomón y les comenta a los demás, pero ellos en un ataque de irracionalidad o de discriminación lo remiten al encargado del servicio forestal de los estados unidos, una oficina muy ortodoxa cuando se trata de imponer sanciones a un individuo que penetra en un bosque nacional sin permiso sobre todo sin una actividad definida y amparada por la ley del estado de Oregón.

Por tratarse de una infracción y no un delito fue enviado a descargo en la oficina del sheriff del condado y este a su vez le aconsejó salir del país lo más pronto posible ya que no sería deportado por haber ingresado legalmente.

Salomón tomó en serio el consejo del sheriff organizando su viaje, los oficiales le hacen el favor de llevarlo al aeropuerto de portland, allí empieza su trámite de retorno a casa con tan mala suerte que el mal tiempo retrasó su vuelo un par de días. Por motivos de presupuesto y complejo de culpa o de fracaso resuelve quedarse a dormir en el aeropuerto y esperar la fecha exacta de su viaje.

El vuelo realizó su llamado muy temprano y Salomón se acomodó en su asiento, muchas ideas se le venían a la cabeza ya no sabía distinguir entre las cosas que le sucedieron, que era real y que era imaginario. La frustración invadía todos sus pensamientos imaginando la versión que llevaría a todos sus seguidores en redes y a sus amigos más cercanos sin hacer el oso como dicen los jóvenes.

El retorno se realizó en los términos previstos llegó al aeropuerto el dorado de Bogotá y como muestra de mal presagio llovía pertinazmente impactando en su estado de ánimo.

Al llegar a su casa entró sin que nadie se percatara de su presencia arrimándose a su mesa de trabajo y enciende su laptop HP para realizar su reseña del viaje pero lo que resuelve es cerrar todos sus perfiles y de esta manera no tener contacto con nada que tenga que ver con el fenómeno sasquacht o posibles comentarios dañinos de sus compañeros de viaje por el hecho ocurrido y porque nunca supo de la suerte de ellos.

Durante muchos meses se mantuvo en el anonimato y por raticos ingresaba con un perfil falso a las redes y espiaba las publicaciones de sus compañeros de viaje y se sorprende al ver que estos perfiles no tenían actualizaciones de estado y mucho menos tenían fotos, comentarios, ni un me gusta, como si todavía estuvieran desaparecidos, esto ocasionó una crisis emocional en Salomón hasta el punto de rayar casi la locura. Hasta la fecha ya había pasado un año del fatídico viaje y noticias de los compañeros no aparecían por ningún lado, por supuesto no era nada agradable para este aficionado al misterio que lleno de culpa vaga por las calles de Bogotá buscando razones para vivir con la única esperanza de toparse con una noticia alentadora de la suerte de sus compañeros de viaje que le ayude a tranquilizar su alma atormentada.


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Luis Alfredo Arroyo Osorio ©

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Escrito por Apolo el 24/07/20

Olé, Olé... Olé


Domingo por la tarde la plaza estaba a reventar, el murmullo en los tendidos opacaba las instrucciones que el maestro de la banda daba a sus músicos. Estos atentos revisaban las partituras para que el pasodoble sonara de forma sublime y llegase a lo profundo de las almas a los asistentes de esta celebración pagana que los ortodoxos amantes de los toros llaman fiesta brava.

Afuera en la calle sobre la carrera sexta en la ciudad capital era un hervidero, varios vendedores ambulantes queriendo hacer su agosto mientras la seguridad de la plaza los empuja a la acera para evitar problemas con los empresarios organizadores. Entre tanto los inquietos negociantes ven en ese evento su forma de ganarse la vida ofreciendo escapularios de la virgen de la macarena, estampitas, botas de cuero el artilugio propio de la tauromaquia para llenarlas de manzanilla, jerez, ron o cualquier otro líquido dependiendo el status del propietario.

El sol mansamente se posaba sobre el redondel y una sombra descansaba al otro lado de la plaza donde se podía apreciar la altura de edificios de ladrillos rojos con enormes ventanales forrados de cortinas que casi nunca se abren los domingos.

La fila para entrar a la corrida es una estación tranquila, una que otra tertulia de club social con burócratas que lucen su gala dominguera, y aquellos que dicen ser empresarios con su pinta al estilo francés usando pantalones de dril y camisetas Lacoste. Las damas no se quedaban atrás con ajustados jeans levis y botas de tacón alto con sacos de lana amarrados al cuello convirtiendo el ingreso al redondel en un desfile de modas.

No nos olvidemos de esos personajes que alguna una vez fueron de la farándula criolla que por varios años mojaron prensa, pero ahora yendo a la plaza de toros es la única forma que hablen de ellos, mal o bien pero que hablen.

Afanosamente buscaban los flases de cualquier fotógrafo conocido para posar de aficionado de algo que no saben ni jota, pero el simple hecho de estar en el evento da pedigrí en la rancia sociedad colombiana.

Ya adentro los aficionados repartían sonrisas por doquier, el ambiente propio de esta liturgia empezaba con el paseíllo, el matador como se le dice al diestro torero con su imponente traje de luces recorre la arena acompañado de su cuadrilla.

Al inicio del primer tercio el torero capotea a la fiera que alanza a pesar cuatrocientos cincuenta kilos más o menos, este salió raudo por la puerta de toriles enceguecido resoplando la arena. Después de varios minutos llega un caballo montado por un rejoneador que pica al toro con una vara para dar inicio al desangre del animal que a esa altura jadeaba de forma atroz.

Precisamente ahí se escucha el Olé… Olé… Olé…: que es música para los oídos del torero. Mientras que en los tendidos llueven aplausos y los aficionados gritan a rabiar. La sangre en el ruedo envilecía a los políticos que se creen de casta española, pidiendo a la banda que repita el famoso “Gato Montes” el pasodoble que según ellos los hace empinarse la bota hasta el fondo.

Cada quien vive su fiesta como puede, mientras los devotos de esta mal llamada fiesta gozan del espectáculo, en la trastienda el último torero del cartel un diestro en decadencia que sin contar con mozo de espadas propio espera pacientemente su turno. Luego de que el toro ostentaba en su lomo tres pares de banderillas ya estaba listo para morir bajo la sentencia del estoque que empuñaba su verdugo. Todo esto para que el palco de presidencia premie al matador con mínimo dos orejas después de semejante faena, y si hay insistencia del respetable que con pañuelos blancos grite ¡Torero… Torero… Torero! quizás le otorguen un rabo.

Al final todos felices tres visiones diferentes un solo contexto; un vendedor que no alcanzó a entrar y rozarse con la alta sociedad, un portavoz del gobierno ebrio prometiendo esta vida y la otra. Por último un torero al punto de retiro porque en su sexto toro sufrió una cornada que lo dejó vivo gracias a dios, pero sin esperanzas de volver a la lidia de toros que es todo en su vida.


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