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Será mostrado si existe



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Escrito por M0cha el 16/04/18

Sed


La tierra tiembla, puedo sentirlo incluso a los varios metros de donde estamos. Hay una familia con nosotros dos, y estamos tan aterrados como para siquiera murmurar. Tememos que las maquinarias que ocasionan todo nos escuchen a través del concreto. A penas podemos respirar y rogamos porque una nube de polvo no dificulte aún más nuestras respiraciones.

La madre abraza a su hija, ésta trata de preguntarle, quizá por algún familiar que quedó atrás, pero la mujer es rápida para hacerla callar. Susurrándole que por favor no diga más; puede que para que ella no lo piense y rompa en llanto y rompa la tenue barrera de silencio que no notó las preguntas de una pequeña.

No sé si tendremos los recursos necesarios para sobrevivir aquí abajo, sólo espero que entre los cachivaches que arrastraron consigo estos tres pueda haber algo de utilidad para todos nosotros. Nuestros suplementos no soportarán la inclusión de siquiera una pequeña.

Ana lo nota y me muestra un poco del metal de su arma en una clara señal del plan que ella acaba de hacer. Sólo puedo esperar que si llegara el momento sólo piensa en asustarlos para que se vayan, y nada más. Ella sabe que las balas son tan importantes como el agua y la comida.

Los terrones continúan lloviendo para terminar en un río improvisado que está delimitado por antiguas vías de tren y varios metales. Es agua que no quisiera verme obligado a beber, y no es porque a esta le hayan caído un par de rocas y ha reposado sobre acero oxidado y madera roída. Todos sabemos por qué no debemos dejar que siquiera toque nuestras pieles.

Los estruendos del exterior nos aterran, pero sólo porque sabemos que es una muerte más rápida, y aunque el estar aquí es igual o incluso más atemorizante todos decidimos correr el riesgo momentáneamente.

Las lámparas se mesen al ritmo de los temblores y nos indican que estos se tornan aún más violentos.

Están encima nuestro.

La tierra que conforma el techo se siente considerablemente más caliente de lo normal. El prendernos fuego parece ser la única forma de deshacerse de su error, pero parece que aún no están dispuestos a fumigarnos afuera de estos túneles. Puede que la idea no se les hay ocurrido, pero una parte de mí desea que lo hayan hecho. Así se asegurarían de que esta cosa no saliera de la ciudad.

Hemos visto de primera mano lo que esta agua hace y aunque la respuesta del ejército fue tardía ha mostrado ser efectiva. Perdimos a nuestras familias por esto, directa e indirectamente. No sé cuál de las dos fue peor.

Un pedazo de concreto más grande de lo usual cae sobre el agua y antes de que alguno de nosotros pudiera reaccionar escuchamos el salpicón. Tratamos de cubrirnos como pudimos, pero sólo nosotros tuvimos la prudencia de colocar una lona para protegernos, ellos no.

La niña sujeta a su madre, pero pronto es empujada por una mano para que se alejara. No me preocupa tomarla de la mano puesto que el efecto del agua es inmediato. La pequeña fue escudada por su madre, sólo por accidente. Ella no está convulsionándose en el suelo desesperada por respirar; tampoco está emanando un humo grisáceo de sus poros, lo suficientemente delgados y opacos como para notarse; sus ligamentos tampoco empiezan a tensarse para compensar el crecimiento exponencial de los huesos; los dientes tampoco se combinan casi a la perfección con los ojos que adquieren un casi sobrenatural tono naranja; y sé perfectamente que ella no está a sólo unos segundo de abalanzarse contra nosotros para cubrir la más básica de sus necesidades: alimentarse.

Ana reacciona más rápido de lo que yo di mi diagnóstico, le dispara al hermano en la cabeza casi de inmediato y la madre recibe tres tiros puesto que el último síntoma se había presentado ya en ella. Cubro lo mejor que puedo los ojos de la niña, ella no dice nada por el shock de la situación y sólo la protejo mientras me aseguro de que nuestra salvadora haya terminado el trabajo.

No parecía ser el caso ya que ahora la pequeña y yo estamos siendo encañonados. Ana me dice que me aparte, incluso aunque le aseguro que la niña no fue afectada. Pasan los segundos y mi teoría fue probada como cierta. El arma deja de ser un peligro luego de esto y así puedo notar el temblor en sus manos cuando la guarda.

La pequeña llora en silencio y siento cómo Ana vuelve a su lugar junto al mío, ambos vemos a los cadáveres disolverse lentamente para convertirse en parte del líquido que los convirtió en el blanco de práctica de mi compañera; sólo sus ropas quedan atrás.

-Sabes, el eco de los disparos alertará a los que están arriba.-

Sabía perfectamente eso, pero sólo me concentré en calmar a la pequeña lo más que pudiera. Incluso si morimos aquí, es mejor saber que nuestro destino será diferente que el de nuestros acompañantes. Pero mis pensamientos no se transfirieron a la mujer a mi derecha, ella en su lugar había tomado su arma, le colocó cuatro nuevas balas y esperó.

De pronto, hubo silencio. El techo dejó de emanar calor y se escucharon pisadas a lo lejos.


Libro de Visitas

Joaquín Albarado ©

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Escrito por Antonio el 18/04/18

A la prima se le arrima


Esta historia es de una época en que yo tenía 19 años y vivía con mis abuelos en un pequeño pueblito de Veracruz. Era el mes de abril y hacía un calor infernal, por lo que fui a un arroyo que había cerca para echarme un chapuzón. Ese día me encontré con mi prima Rocío, quien tenía 14 años, era morenita, delgada, de cabello negro lacio y largo, muy simpática; pero hasta ese día no la había visto bien; esa mañana, cuando llegué al arroyito, ella se encontraba lavando a la orilla de una poza que había y lo hacía solo con una bata de color azul muy claro, que al estar mojada, dejaba traslucir un corpiño rosa y unas pantaletas amarillas. Cuando me vio, no se sorprendió para nada ni se apenó por la poca ropa que traía. La saludé y me contestó el saludo con una sonrisa linda, que me hizo sentir cosquillitas en la panza. Yo iba con un short azul marino y una playera de tirantes en color blanco, de inmediato me metí al agua a nadar en la poza y ella siguió en lo suyo, desde donde estaba, la podía ver de espaldas y me acerqué como un cocodrilo detrás de Rocío, por lo que podía ver sus pantaletas desde la parte de debajo de la bata la cual apenas le llegaba a la rodilla y al estar inclinada hacia adelante, se levantaba aún más. Podía ver como su pequeña rajita se marcaba a través de la tela y me puse bien caliente, tanto que tuve que irme nadando hasta la orilla contraria, me metí entre los arbustos y me masturbé viéndola. Desde ese momento pensé en cogérmela y la oportunidad llegó pronto, después de regresar al agua, seguí nadando y observé que no había nadie más aparte de nosotros. Ella terminó de lavar y se metió a nadar conmigo, lo que me dio la oportunidad de tenerla más cerca y hacerle plática. Comenzamos a jugar a hacer carreritas de una orilla a otra y yo fingía no poder ganarle por lo que de repente le jalaba los pies o le agarraba la mano para que perdiera. Entre risas y poco a poco fui tomándola del pelo, de la bata, de la rodilla e incluso en algunas ocasiones la abracé y como sin querer, le llegué a tocar una teta, que no eran muy grandes, pero estaban duritas y paraditas. Ella solo reía y fingía enojarse por hacerle trampa, pero seguía riendo como si nada. En un momento dado ella me jaló de la playera y se impulsó hacia adelante, ganándome nuevamente. Yo fingí enojarme y me quité la playera, aventándola hacia la orilla.

-Ya no vas a poder ganarme otra vez.-

-Ah sí, pues yo también me voy a quitar este estorbo.-

Mi plan había dado resultado, se quitó la bata y la tiró a la orilla, quedando solo con las braguitas y el corpiño, mientras reía. La seguí y al alcanzarla, le tiré de un pie y enseguida tomé del corpiño, haciendo que se retrasara y la rebasé, salé por la otra orilla burlándome.

-Aún tienes de dónde puedo agarrarte.-

-Pues no te voy a dar el gusto de volverme a ganar.-

Se quitó el corpiño y lo tiró a donde la bata, quedando con esos hermosos pechos a la vista.

-Alcánzame si puedes.-

Reía mientras regresaba al agua. Para eso yo ya tenía la verga bien parada. La seguí y cuando llegué a la otra orilla, ella ya se había lanzado al agua nuevamente, por lo que la seguí y eché toda la carne al asador, le jalé de un tobillo y luego de las pantaletas, las que al no estar muy apretadas, pude sacarlas completamente. Dejé que se fuera y nadé al otro lado.

-Ja ja ja. Si las quieres, alcánzame.-

-Claro que te puedo alcanzar.-

Sin salirse del agua, nadó hacia mí y yo me dejé alcanzar, pero antes tiré sus bragas hasta la orilla. Al llegar lo primero que hizo fue quitarme el short y fingí forcejear tomando mi short con mi bóxer en un puño para que ella al quitármelo se llevara las dos prendas y así lo hizo. Me las sacó y las tiró hasta los matorrales.

-Ja ja ja, ahora estamos iguales–dijo ella.

-Una carrerita de ida y vuelta, quien pierda va por la ropa de los dos.-

-Acepto, pero sin trampas. Ja ja ja.-

Ella me sacó ventaja y yo me deleitaba viendo su vagina desde atrás, tenía escasos vellitos y cuando abría las piernas podía ver mejor. Me acerqué cuando íbamos de regreso, le jalé de un tobillo, la abracé y aparenté tratar de retardarla mientras le tocaba una teta y ella al tratar de escapar, se soltó de mí y yo deslicé las manos por su cuerpo y llegué a rozar su vaginita. La tomé del tobillo nuevamente y pude llegar primero.

-Ni modo, perdiste.-

-Hiciste trampa.-

-Pues vamos los dos.-

-Está bien pero tú cierra los ojos.-

-í, pero tú también y nos ayudamos para no tropezar.-

Me puso una mano en los ojos, yo una mano en los suyos y caminamos hacia afuera del agua, íbamos abrazados, prácticamente. Llegamos hasta su ropa y nos soltamos, lo primero que hizo fue verme el miembro.

-¿Qué es eso?-

-¿Nunca habías visto uno?-

-Sí pero no así de grande.-

Era cierto, ni yo había visto mi pene de ese tamaño, estaba excitadísimo; pero noté que ella también lo estaba, porque le temblaba hasta la voz y no era de frío, además sus tetas estabas muy erguidas. Estaba tan distraída mirando mi garrote, que olvidó que estaba desnuda o no le importó, porque su calzón estaba a medio metro de ella y no lo recogió.

-¿A quién se lo habías visto antes?-

-A mi hermano; pero lo tenía chiquito y todo arrugadito.-

Supuse que mi primo la tendría dormida, porque tenemos casi la misma edad, incluso él es mayor que yo. Ya calientes como estábamos, le propuse tocarla.

-Tócala, para que sepas qué se siente.-

-¿Te duele?-

Dijo, mientras lo sujetaba con la mano derecha y con la izquierda me acariciaba las bolas. Yo aproveché para frotar sus tetitas con la punta de mis dedos, estaban a reventar, ella estaba como hipnotizada.

-No me duele, siento maravilloso.-

Comencé a tocar sus tetitas con mis dedos, ella ni pestañeó. La abracé poco a poco y la fui jalando suavemente, no soltó mi palo, por el contrario, comenzó a jugar con el prepucio, subiendo y bajando su mano, le besé delicadamente el cuello por debajo de la oreja, ya mi pepino rozaba su vientre, bajé mis manos hasta sus nalgas e inicié un masaje que de suave pasó a unos apretones que le encantaron, porque comenzó a gemir, no sé si por mis manos en sus nalgas, por mis labios en su cuello o mi verga que ya buscaba su entrepierna.

-No Toño, nos pueden ver.

Entonces tomé su mano, recogí sus braguitas y la llevé entre los matorrales, limpié el suelo rápidamente, la recosté en el césped, el cual no estaba tan crecido, comencé a besarla y me di cuenta que nunca lo había hecho, yo ya había tenido relaciones varias veces y sabía más que ella.

-Toño, tengo miedo, puede venir alguien.-

-Pues le dices que fuiste al baño y ya.-

-Pero es que nunca lo he hecho. ¿Me va a doler?-

-Lo haré muy despacito, vas a sentir bien rico.-

-Está bien. Pero sigue besándome, me gusta.-

Jugaba con su lengua, le metía la mía, le besaba el cuello y bajé hasta sus tetas, las chupé y ella gemía y se retorcía mientras acariciaba mi nuca, seguí bajando hasta su ombligo y en breve estaba mordisqueando el interior de sus piernas, sus manos seguían en mi cabeza y las mías acariciaban sus pechos. De pronto pasé mis brazos debajo de sus piernitas y las flexioné un poco para juguetear su clítoris con mi lengua. Ella se retorcía cada vez más. Estaba mojadísima, su vagina escurría y supe que era momento de meterle mi miembro. Mi lengua recorrió el camino de su rajita hasta su boca.

-Relájate, abre un poquito las piernas y disfruta tu primera vez.-

-Sí, hazlo con cuidado.-

Tomé mi pene con la mano derecha mientras con el codo izquierdo me apoyaba para no dejarle caer todo mi peso, froté la punta de mi verga entre los labios de su cuquita, de arriba abajo y la fui acomodando en la entrada, ella estaba tensa. Cuando mi glande comenzó a abrirse paso entre sus labios vaginales, ella gimió y yo besé su boca. Me abrazó fuerte y abrió levemente las piernas, la abracé cariñosamente y acaricié su pelo detrás de su cabeza mientras seguía besándola. Mi verga se abrió paso hacia adentro de su vulva y ella emitió un pequeño quejido y comenzó a gemir.

-Ay, me duele.-

-Ponte flojita, ya entró la punta.-

Mi verga había entrado, la había desvirgado, solo faltaba que entrara lo demás.

-Ah, sí, que rico se siente. Duele un poco, pero síguele.-

-Sí, mi amor. Ya casi entra toda.-

-Oh, otro poquito más, pero despacito, me duele, pero se siente increíble.-

Empujé más y entró todo de golpe, sus paredes me apretaban riquísimo. Yo sentía que no iba a aguantar mucho tiempo así, comencé el mete y saca suavemente, primero sacaba un poquito y la volvía a meter, luego fui aumentando un poco más hasta que solo quedaba adentro la punta y la metía hasta el tronco nuevamente. Ella tenía los ojos cerrados y me abrazaba hasta con las piernas. Podía sentir como se frotaban mis vellos con los suyos. Le acariciaba los senos, le mordía las orejas, la besaba en toda la cara.

-Ah, siento que me voy a orinar.-

-Hazlo, mi amor. Es un orgasmo.-

Me abrazó más fuerte todavía y todo su cuerpo se tensó, apretó mi garrote tan rico, que no aguanté más y me vine en ese preciso momento en que ella se derramaba. Nos besamos apasionadamente, me hundí lo más adentro que pude y llené de leche su coñito.

Cuando por fin recuperamos el aliento, sonrió y me dio un tierno beso en los labios, estábamos tan sudados que parecía que acabábamos de salir del agua. Saqué mi pene ya más flácido y escurriendo semen y un poco de sangre.

-¿Te gustó?-

-Sí, fue maravilloso. No me dolió casi nada.-

-¿Te puedo esperar mañana aquí?-

-Claro que sí; pero ya me voy, porque se hace tarde.-

Se puso sus pantaletas y se metió a las cálidas aguas del arroyo. Yo busqué mi bóxer, me lo puse y crucé nadando a toda prisa y antes de que alguien pudiera verme, me puse el resto de mi ropa y me alejé corriendo. Hubo más días de estos; pero se los contaré luego.


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