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Serα mostrado si existe



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Escrito por Desstri el 18/07/15

Atravesando los siete mares IV


Entrada de Charles Día 4 de Mayo de 1.663

Otro espléndido día en la capital le Empire, esta mañana logré desarmar en las practicas de esgrima a Guillés, el ojito derecho del instructor, ganándome así la admiración de toda la clase.

Antes de las clases de geometría hice una apuesta con la bella Elise Leveque. Le había pedido una cita aunque sé que estaba siendo cortejada por ese idiota de Guillés, se merece algo mejor. Ella me dijo solo aceptaría cuando la Luna brillara más fuerte que el Sol al medio día. ¡Ja! No sabe de lo que soy capaz.

Tracé un plan, le pedí a Gabrielle un gran tapiz de tela, tan grande como una carpa, y calculamos como lograr que la sombra que al proyectarse ocultara el Sol para toda la universidad.

Después, solo hubo que buscar un par de mozos que se encargaran de colocarlo y llenarlo de aire caliente, para hacer volar la tela como un enorme globo. El oscuro tapiz tenía el dibujo de la Luna cosido en el centro y dentro del propio globo aerostático había un fuego de artificio colgando de tal forma que se situó en centro lleno de aire caliente.

A medio día, cuando todos salimos de clase y estábamos en el patio, solo hubo que dejar subir el globo hasta que tapara el Sol, encender la mecha y ¡PUM! La luna estalló en una brillante explosión que eclipsó el mismo Sol mientras la tela aún lo tapaba. El globo se pincho por efecto del petardo, pero mi objetivo fue conseguido. Elise tuvo que aceptar venir a bailar conmigo.

Lo pasamos realmente bien, sus ojos brillantes, encandilados por mi conversación son la prueba irrefutable.

Lo único malo es que Guilles apareció en el local y nos vio. Por mucho que disfrute restregando mi victoria prefería disfrutar de la buena compañía sin interrupciones. Por suerte no montó una escenita, sino que se marchó y Elise estaba tan absorta en mí que ni siquiera le vio.

La acompañé a casa tras la cita y nos despedimos con un beso.

La cosa se torció un poco cuando al volver a mi casa, Guilles me salió al paso en el parque, de noche, con ganas de pelea. Como no tenía problema con eso, le concedí su deseo y peleamos a puño, como hombres.

Tendré que llevar guantes unos días, se me han despellejado las manos de atizarle. Él me dejó un pequeño moratón en la cara, pero será fácil de disimular con maquillaje. A ver como disimula la paliza que le di yo.

Entrada de Gabrielle: día 4 de Junio de 1.663

Hoy lord Charles cumple 18 años. Estuve pensando si podía regalarle algo, pero mis minúsculos ahorros no podrían comprar nada que le gustara a mi rico amo, así que lo que hice fue esmerarme en su última petición.

Después de pretender que me hiciera cargo de que saliera bien aquella locura con el globo y la pólvora, sin contar que no nos expedientara la universidad en el proceso. Me había pedido que escribiera algún rumor en forma de versos, las típicas rimas anónimas que ensalzan o humillan a alguien en los círculos jóvenes universitarios, en este caso, las rimas eran para su mayor gloria y pompa.

Así que me he esmerado en ello, por suerte las clases van a terminar ya en este agotador curso, me ha costado Dios y ayuda mantener mis buenas notas del colegio, hay demasiadas distracciones.

Este verano parece que Charles y yo con él, viajaremos a Eisen con su padre, que es un reputado comandante y diplomático. Aunque el hijo no pinta nada en su viaje, el padre quiere que conozca mundo y que pase algo más de tiempo con él. Así que tengo que prepararme, aprender el idioma y como el joven señor piensa que puedo hacer milagros, intentar enseñárselo.

Entrada de Charles Día 1 de Agosto de 1.663

Mon Dieu, en Freisburg hace un calor infernal, casi envidio a los desarrapados que pueden ir con el torso al aire todo el día, pero no es mi caso, un noble como mucho podría hacer eso mientras entrena, por lo demás me he de conformar con criados abanicándome.

Esta ciudad es bastante grande, llevo un tiempo explorándola, comprando souveirs para mi familia y amigos, viendo se pueden actividades realizar.

He tenido que acompañar a mi padre a la corte un millar de veces, era bastante triste, nada que ver con la exquisita corte Montagniesa, el hecho de que aun no supiera su idioma no ayudaba, aunque tuve suerte y encontré una pareja de hermanos jóvenes, que aunque no tenían el nada de gusto a la hora de vestir, eran muy simpáticos y sabían mi idioma.

Nos ayudaron a aprenderlo a Gabrielle y a mí. También nos enseñaron la ciudad, donde se podía comprar, donde se podía beber, donde se podía jugar. Incluso donde se podía alquilar un barco, para perdernos los cuatro por el río un par de días.

Uff, a mi padre no le hizo ninguna gracia, aunque no es tan pesado como mi madre, no le hace falta serlo, su autoridad es ley.


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Eduardo Tapia Quesada ©

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Escrito por M0cha el 24/07/15

Onomatopeya


— ¡¿Podrías dejar esa revista por un momento?!

— ¿Qué? No es como si estuviera pasando algo ahora.

— Aunque sea cierto, eso no quiere decir que debas holgazanear durante la guardia.

— Pero la radio nos avisará y sólo me faltan unas páginas, y quiero saber si detuvieron a Saet-

— ¡Guárdala!

— De acuerdo — murmuro un par de groserías bajo mi aliento mientras dejo el cómic en mi mochila y procedo a utilizar la radio.

— Aquí habla Nido 3, confirmando señal de que nada ha pasado ni quizá pase. Cambio.

— Nido 3, aquí Nido 1. Todo está tranquilo.

— Nido 5 al habla, todo despejado. La señal está durmiendo. Cambio.

— Aquí Nido 4. Un par de gritos se escucharon en una residencia. Esposo y esposa discutiendo. Notificamos a la policía.

— Excelente trabajo, Nido 1. Cambio — los felicité. Me habría gustado completar con “y fuera” porque nadie más me respondió. Qué embarazoso.

Había sido una noche tranquila, como muchas, pero siempre sucedía algo que hacía que entráramos en acción. “Los Guardianes siempre alerta” decía escrito en gis el suelo de cada escondrijo regado por la ciudad del que estábamos hablando. Un grupo de jóvenes que quisieron hacer una diferencia, con o sin gen S.

— Oigan — Nido 1 habló.

— Oímos. Cambio — respondió Nido 5 antes que yo.

— ¿Por qué no mencionamos a Nido 2? Sé que es su día libre pero es un poco confuso no mencionarlos siquiera.

— ¿Entonces qué sugieres, Nido 1? Cambio— pregunté.

— No lo sé…, podríamos mover los lugares de arriba abajo y sólo quedarnos con cuatro nidos.

— No es mala idea, pero no funcionamos así. Cambio — contestó el Nido 5, y sólo ellos continuaron por un rato.

— ¿Por qué habríamos de tener cinco nidos si sólo hay cuatro equipos esta noche? No tiene sentido.

— Pero hay cinco nidos, así que no tiene caso eliminarlo. Además, nuestros radios tienen sintonizados los cinco nidos así que eso descarta tu idea, otra vez.

Es el año 2040, ¿por qué diantres seguimos usando radios de onda corta?

— ¿Tanto te costaría usar el radio de alguien más?

— Tienes tu estación y yo la mía. Eso es todo.

— Vamos, es sólo que-

— Muy bien, basta — Intervino Nido 4 —. Hay movimiento en el banco principal. Luces parpadeando y no parece que los robots de seguridad tengan linterna. Cambio.

— Estamos cerca del banco, Nido 4 — contesté ligeramente exasperada por tener que dejar mi historia sin terminar —. ¿Ya entraron en las cámaras? Cambio

— En eso estamos — pasaron unos segundos de silencio antes de que lograran respondernos —. Tenemos a un trío de personas vestidas de civiles que están tratando de abrir la bóveda. Una de ellas está haciendo un agujero con sus ojos y las otras juguetean con sus lámparas. Cambio.

— Muy bien, nosotros dos intervendremos — les mencioné mientras recogía mis gafas y mi lanza garfios —. Nido 4, vigílanos por el monitor y mantennos informados de la situación. Y, Nido 3, esperamos su apoyo si algo resulta mal. Cambio y fuera.

— Enterado. Cambio.

— De acuerdo.

Maldición, esa era gran línea de salida y ellos la arruinaron.

— ¿Estás lista, Eva?

— Hey, te dije que es “Rogue” — le corregí —. Entendido, ¿Alan?

— Ah, ¿y ahora te negarás a llamar “Eclipse”?

— Básicamente. Ahora, llévame — sostuve mi mano en frente. Él se negó a tomarla. Yo suspiré antes de acceder —. Muy bien… Eclipse.

Tras decir eso él sonrió y comenzó a generar el portal en nuestros pies.

— Deberías cambiar el nombre. Creo que ya existe alguien llamado Rogue — agregó mientras reaparecíamos en la azotea del banco.

— ¿Seguro de que es un hombre? Es un título bastante unisex.

— De cualquier manera no te va.

— Lo pensaré mientras detenemos a estos pillos.

La salida del aire acondicionado ya estaba desatornillada, así que eso facilitaría nuestro acceso al lugar. Colgué uno de mis ganchos al borde y le dije a Al-Eclipse que fuera primero. Bajamos y nos encontramos con una oficina con un fuego casi extinto y documentos a medio quemar por doquier. Los robot de seguridad estaban a medio derretir.

— Se nota que no les gusta nuestro sistema bancario — escuché por mi auricular.

— ¿Cómo es que puedes vernos? — pregunté volteando a ver en las esquinas un par de cámaras que aún tenían su foco parpadeando.

— Son cámaras resistentes al calor. Dudo que fueran colocadas para esta ocasión pero facilitarán todo.

— ¿Puedes borrarnos de ellas? — pregunté en silencio mientras salíamos al pasillo.

— Sí. Sorprendentemente su software es basura.

Solté una risilla burlona al salir de allí, divisando también por si había alguien esperándonos en las esquinas.

— Y tranquila, soldado. Sólo son tres y todos están frente a la gran puerta.

Ha sido una noche hecha para avergonzarme.

Llegamos sin percance al pasillo adjunto que llevaba a la bóveda. La gran y redonda puerta de metal me hizo recordar uno de mis viejos cómics, donde los villanos sólo pegaban la oreja al metal mientras daban vuelta a la ranura, escuchando cada clic y actuando acorde a él. Ahora sólo son un trío de peleles haciendo un agujero de fuego sin pensar en si estaban dañando lo que estaba al otro lado.

— Eclipse, quiero hagas un portal bajo los pies del que está haciendo el agujero — ese era su límite, dado por cómo estaban posicionados —, pero sólo a mí señal.

Apunté con mi lanza garfios al único de los tres que estaba más alejado del grupo, el que estaba bebiendo una cerveza. No parecían notarnos y así era mejor.

— ¡Ahora!

Tan pronto como grité la orden, el suelo se “abrió” debajo de quien hacia el agujero, desconcertándolo tanto como parar — ese es el efecto de que tu cabeza sea lo único que esté protuberando del suelo. Eso alertó a los otros dos, pero sólo uno de ellos supo qué pasó pues el otro había sido golpeado en el estómago por un redondo (no letal) garfio que lo mandó inconsciente al otro extremo del pasillo.

— ¡Alto ahí! — le ordené al único de ellos que podía contestarme.

— ¿O si no? — me lo dijo tan pomposamente que casi me río.

Énfasis en casi.

Es decir, que debí noquearlo a él primero.

Ambos vimos cómo él se elevó por los aires, haciendo visibles fuertes corrientes que amenazaba con dispersar. Hizo un par de pequeños tornados en sus palmas y no pudimos ver desde el pasillo de donde vinimos pero debió hacer algo malo si es que el choque nos mandó tan lejos. Las corrientes de aire seguían y los escombros de muebles de oficina y listones de seguridad nos protegían de la vista de cómo-se-llame. No se llevaría dinero pero parecía estar contento con llevarse nuestras vidas.

— Corre cuando te de la señal.

— Espero que no sea una ruidosa — creo que lo dijo en serio, así que me limité a pedirse que se levantara con un movimiento de cabeza.

Nuestros murmullos no atrajeron su atención pero la cuna de Newton que Eclipse le lanzó a su espalda de seguro lo hizo. Ambos desaparecieron de mi vista al cruzar una puerta destrozada y yo me apuré a buscar algún lugar por el cuál adelantármeles.

— A tu derecha están los baños. Las ventanas te llevarán de vuelta al frente a la bóveda.

Le agradecí rápidamente mientras entraba al baño de hombres (perdón por romper esa regla) y salté por la ventana para después tomar mi pistola, dispararle a la cornisa y balancearme a la otra ventana.

Y sí, eso fue necesario.

Una vez que salí pude escuchar gritos y sonidos de cosas rompiéndose. Debía darme prisa. Coloqué la trampa justo en una de las puertas de las oficinas que había y tan pronto como lo hice esperé en la esquina a que ambos se aproximaran, pronto vi a un hombre en un traje de látex bicolor [bastante ridículo para mí] y a un hombre volador detrás suyo, al acercarse más intenté disparar otro garfio en su dirección pero él lo evadió. Mocioné a Eclipse para que entrara agachado a la oficina de enfrente, yo le seguí, y como era de esperarse el ladrón también lo hizo pero no de la misma manera. La trampa fue simple: un cable a la altura de la cabeza, lo suficientemente tensado como para hacer que el cuello de nuestro perseguidor chocara contra él. Cayó con poca clase y una vez en el suelo se cercioró de que su cuello siguiera en su lugar, tosió un poco y antes de que él pudiera abrir los ojos mi rodilla había impactado con su nariz, rompiéndosela y noqueándolo al mismo tiempo.

— ¿Estás bien? — le pregunté a mi compañero mientras yo maniataba al ladrón.

— ¿Tú… Tú qué crees? — su respuesta tenía que esperar al aliento que volvía lentamente —. ¡Me lanzó un abrecartas!

Se dio la vuelta y una vez que me aseguré de que el maestro del viento no podía moverse pude ver una pequeña navaja con tema de ala de ángel enterrada en su hombro. Se veía doloroso.

— No estás sangrando mucho… Si quieres puedo-

— Ha-Hazlo de una vez.

Y así lo hice. Él apagó su alarido de dolor lo mejor que pudo. Le pedí que fuéramos a la bóveda a dejarle a los chicos malos en bandeja de plata a la policía.

La cabeza del tercero en pie seguía tratando de liberarse pero todo era en vano. Le pregunté a Eclipse dónde estaba el resto de él. Me dijo que en la entrada del banco estaba un “guía” que levantaría sospecha sobre lo ocurrido aquí. Por suerte el efecto de los portales sólo dura un par de minutos si es que algo o alguien sigue atravesándolo, luego de eso las partes se reúnen en alguno de los lugares. Lo noqueé de un puntapié para asegurarme que cuando fueran a recogerlo estuviera predispuesto a ir con los oficiales, Eclipse le cerró los ojos con cinta adhesiva que encontró por ahí y dejó una nota advirtiéndoles. Los malhechores estaban en una cómoda pila y estábamos listos para irnos, pero-

— Ni se te ocurra — me advirtió mi compañero.

— Vamos, prácticamente ellos iban a hacer lo mismo y salvamos millones más — dije esto apuntando a una puerta de bóveda parcialmente abierta —. Y estos cables no son gratis.

— Sigue siendo hurto.

— Somos una caridad, pero no aceptamos donaciones. De alguna forma debemos mantener esto.

— No.

— Les recuerdo que de todas formas borraré los videos de seguridad y cualquier otra cosa que demuestre que estuvieron allí — esa dulce voz del intercomunicador parecía estar también famélica a causa de tantas noches de detener pillos sin recibir paga.

— No… No es correcto — lo estábamos convenciendo.

— Vamos. Te prometo que sólo será para poder seguir con esto. Nadie lo sabrá — él seguía cabildeando, yo aún tenía una última palanca —. Y si sobra algo te prometo que tu hija tendrá un excelente pastel de cumpleaños este año.

Parecía que el soborno era el punto que él necesitaba para plantar su posición, pero Elena sólo sopló la vela de un panqueque el año pasado… Dios, soy una mala persona con buenas intenciones.

— Sólo… Sólo toma lo que necesitemos.

— ¡Eso haré!

Rápidamente, e ignorando la culpa de mi estómago, me fui con diez mil euros en mi bolsa. Salimos sin decir una palabra. Al menos hasta estar de vuelta en la azotea.

— ¿Qué te parece Crochet? — recordé una marca de ganchos de ropa que vi abajo.

— Si no le dices a nadie que no eres francesa entonces ése serviría — levanté el puño por la victoria extra de la noche.

Nos fuimos de ahí y luego de unas horas más nos fuimos a nuestros respectivos hogares. Esperando vernos la siguiente noche. Culpamos a los que estuvieron inconscientes por el dinero faltante. Las autoridades creyeron que ellos lo habían quemado.


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Joaquνn Albarado ©

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Escrito por Desstri el 13/08/15

Atravesando los siete mares V


Entrada de Gabrielle: día 18 de Octubre de 1.663

¡Ah! Hecho de menos Freisburg, me lo pasé realmente bien con los von Hassen, me parece que le gustaba al señor Kral, ¡fue realmente galante! Aunque la presencia de mi lord Charles parecía eclipsar todo lo demás, siempre con alguna forma de dar la nota, de llamar la atención. Al final, no tuve ni una ocasión de estar a solas con el señor Kral, pues no quería citarme con él de noche y que pensara que soy fácil. Ahora me reconcome la idea de no haber aprovechado el momento, aunque creo que volvería a actuar así.

El nuevo curso empezó en Septiembre, y lord Charles ha retomado rápidamente sus amistades del año anterior, lord Jacques está tan encantado con la amistad de mi señor que le ha propuesto presentarle al mismísimo Empereur. Me parece que se sobrevalora, “solo” es hijo de un duque, tener amistad con el Empereur son palabras mayores, él es un hombre de edad, me cuesta creer que hayan intercambiado algo más que un saludo en alguna fiesta aristocrática.

Ahora parece que mi mayor función para mi lord, es ser su mensajera: le doy cartas a su chica lady Elise acordando citas a horas intempectivas, cartas a su tía, Lady Claudia, para estar a al tanto las novedades de vestir que menguan tanto su fortuna… Mando mensajes incluso a sitios impropios de un noble, pero con los que insiste en relacionarse secretamente.

No sé en que piensa…

Que fácil es la vida para quien lo tiene todo, yo debo dejarme la piel estudiando para que no me retiren la beca, pero sobretodo, para ser una mujer de provecho.

Entrada de Charles Día 9 de Noviembre de 1.663

Llevaba tiempo prometiendomelo, pero hoy lo ha cumplido, Jacques me ha presentado al Empereur en persona, ya le conocía de vista de cuando voy a visitar a mi padre a la corte, sin embargo una graciosa reverencia y un “majestad” no es algo para presumir en la gran universidad de Charouse. Pero ahora, ahora le conocí, bebí el mejor de los vinos con él y charlamos sobre esgrima. Es un hombre de presencia imponente, cultivado y tal y como me advirtió Jacques, no le gusta que le lleven la contraria.

La reunión fue breve y al despedirnos, Jacques me dijo que me había visto con buenos ojos y que seguro que se acordaría de mi en el futuro.

Ahora me siento tan pletórico, nos fuimos de fiesta casi toda la noche tras conocerle, nos emborrachamos como campeones y solo porque Jacques me paró no rematé la noche trepando por el balcón de Elise hasta su cuarto, a disfrutar de su cuerpo desnudo, eso lo tengo en mi lista de tareas pendientes.

Por otro lado, en las clases, mi nuevo profesor de historia y filosofía es nada menos que mi tío Philipe du Flaubert, es el quinto hijo de mi abuelo, por lo que su herencia era insignificante, así que decidió buscarse la vida como arqueólogo, viajando por el mundo, y cuando fue lo bastante reputado consiguió una cátedra en la universidad.

Entrada de Charles Día 11 de Diciembre de 1.663

¡Al fin cayó en mis brazos! La joven y bella Elise, con sus cabellos castaños y sus ojos verdes, fue mía esta noche ¡ya era hora!

Este último mes, mis atenciones hacia ella se intensificaron, tuve la suerte de que fue su cumpleaños, así que le compré un collar de oro y perlas, la estuve sacando a bailar dos veces por semana y estudiábamos juntos a menudo, incluso fui de compras con ella.

Hasta Jacques se quejó un poco este mes por no salir con él día sí y día también como otras veces, je. Pero un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer, esta noche trepé a su cuarto, por suerte, sus padres a menudo no están y la única preocupación era el servicio, que no abrirá la boca por su bien.

Allí estaba ella, esperándome, con un fino y adornado camisón para dormir, seguramente tan bello que estaba pensado para ser disfrutado con una compañía especial. Disfrute del tacto cálido de su atuendo translucido, mientras poco a poco se lo iba levantando, hasta dejarla como Dios la trajo al mundo. Veía en la penumbra una piel tan pálida y suave como la de un bebé, solo que infinitamente más ardiente, y así, la poseí, en una exquisita sensación que me hizo sentir más vivo, realizado, ojala la hubiera probado antes.

Dicen que la primera vez es doloroso para la mujer, pero en mis brazos no pasó un solo momento de aflicción.


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Eduardo Tapia Quesada ©

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