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Será mostrado si existe



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Escrito por Tapichless el 26/04/15

El fantasma que quiero


-Este lugar es siniestro. ¿Usted cree en fantasmas?

-Yo no -respondió el otro. -¿Y usted?

-Yo sí -dijo el primero y desapareció.

George Loring Frost: Memorabilia. (1923)

Él caminaba por una calle desierta, ya era tarde, en la ciudad se sentía una atmósfera de tranquilidad, otra vez llegaría tarde a la hora predestinada.

Entonces la mujer se levantó y abrió la puerta, esperaba ver al caminante, sin embargo, lo que vio fue el vacío, la nada.

-¿Acaso crees que va a llegar a la hora? Él nunca ha llegado a la hora -le dice el hombre con desprecio.

-Creí que está vez sería diferente -dijo la mujer cerrando la puerta.

Su paso había aumentado, quería llegar con ansias a esa habitación, el viaje había sido intenso, estaba cansado y quería descansar.

-Mujer, cálmate. Vendrá.

-Sí lo sé, pero lo necesito ahora.

-Yo también puedo darte lo que él te ha dado todos estos años.

El hombre se detuvo, había llegado, vio la reja negra que parecía decirle que no entrará, él como siempre no hizo caso.

-Je… ¿Crees que tú, un miserable, puede acogerme como él lo ha hecho?

-No… creo que lo puedo hacer mejor.

Los más de cincuenta escalones hasta el quinto piso, querían cansarlo, pero no lo hicieron, su cuerpo, al igual que su mente, tenían un solo propósito… y ese era llegar a la habitación.

-Estas soñando. ¿Pareciera que ni siquiera sabe que existes? ¿Acaso no has visto como te humilla? ¿Cómo pasa a través de ti sin darse cuenta?… ¡No, claro! Lo quieres demasiado para darte cuenta.

El quinto piso y esos muros siempre amarillos, esos que dan cuenta que nada ha cambiado. El 502 aparece ante sus ojos.

-Abre la puerta si quieres

-No puedo, sabes que no puedo.

Suena el timbre.

-Abre. Debe ser él.

-No puedo enfrentarlo.

La puerta se abre.

-¿Cómo te fue en tu viaje?

-Bien, ¿Alguna novedad durante el tiempo que me ausente?

-No, todo tranquilo como siempre. Tú sabes, no es muy difícil cuidar un departamento, vengo en las tardes a ponerle agua a las plantas, limpio cada cierto tiempo por aquí por allá… Como te dije, nada especial.

-Bueno, gracias. No muchos quieren cuidar este apartamento, yo no los he escuchado, pero dicen que se oyen ruidos en la noche. Je… como si hubiese un fantasma.

-Sí… lo sabía.


Libro de Visitas

Alejo Riobo Brosse ©

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Escrito por Desstri el 01/05/15

Atravesando los siete mares


Esta historia está ambientada en el reino de Montainge, en Théah. Viene siendo la versión de una Europa prerrevolución francesa, que nos ofrece la ambientación del juego de Séptimo mar. En la época del relato tenemos Eisen un Sacro Imperio Romano (la actual Alemania y Austria) muy fragmentado y en constantes luchas fraticidas. Castilla: Una España que está perdiendo terreno en una guerra contra Montainge (Francia), una nación en pleno auge -y a la vez decadencia- gracias a una nobleza mucho más preocupada en fomentar la estética y el prestigio internacional que en la realidad social y económica que sufre su país.

En esta historia nos vamos a acercar a la vida de un joven noble de Montainge.

Del diario de Charles Día 4 de Junio de 1.662

Hoy es el día de mi 17 cumpleaños, y mi tío, le Duque du Verre vino a por la celebración. Es mi tío por parte de mi madre Matilde y es raro que se haya tomado la molestia de venir pese a ser miembro de la corte y estar en la capital. Creo que mi madre insistió, realmente tiene ganas de que me codee con él, dejar que me conozca y me coja aprecio. Entiendo que a mi madre esas cosas le parezcan importantes, aunque ese cincuentón mal encarado no es la compañía que más deseo tener precisamente.

Por suerte, vinieron muchísimos más a mi fiesta, gente de mi edad, casi toda mi promoción de la escuela salvo a Paul el maloliente y Guilles von Cretino, a los que no invité a este día especial. Especial por ser una gran celebración, mi cumpleaños claro esta, aunque también porque era el último año de escuela, con lo que se unió a la despedida de muchos de mis amigos de la infancia, aunque a buena parte esperaba verlos en la universidad en Septiembre.

La fiesta fue estupenda, casi perfecta en su ejecución para deleite de mis invitados y aunque había demasiada familia para estar completamente cómodo, también fue muy bueno para mí, por la ingente cantidad de magníficos regalos. Fue deliciosa la cara de envidia de Enrick cuando desenvolví mi capa nueva de terciopelo con hilo de oro. Un regalo de mi tía Claudia, que pertenece al Mode du Lac y tiene un gusto exquisito para la ropa. Sé a ciencia cierta que seré el centro de todos los ojos y envidias este curso de la universidad.

No todo fueron ropa y pasteles este día, también ha sido el día de mi primer beso. Aposté con Enrick a que hoy sería el día que la bella Marie Brilan caería ante mis encantos y nos enrrollaríamos a la luz de las estrellas. Y vaya si fue a la de las estrellas, pues me llevó un día entero de baile, galantería e ingenio lograr que se quedara un poco más aunque estuviera anocheciendo, y lograr que estuviéramos a solas.

Pero recibí mi premio, en forma de un beso en la boca que me dejó algo de su maquillaje en los labios -prueba que use con Enrick- y también pude acariciar su cuello hasta el hombro, cosa que me gustó sobremanera.

Tampoco hay mucho más que contar del día. Mi madre, secundada por mi tío, me estuvo convenciendo de que sería inteligente buscarme una ayuda de cámara “a mi medida” como dicen.

No lo entiendo bien, cualquier burguesillo o hidalgo se echaría a mis pies por que le nombrara mayordomo de la familia Cominges, pero insisten en que si elijo a alguien a quién dar forma será más eficiente en el futuro.

Del diario de Gabrielle Parouse: día 24 de Agosto de 1.662

Escribo a estas horas de la noche para ver si soy capaz de dormir ¡estoy realmente nerviosa! Espero que hablar contigo, mi amado diario, recordando el pasado, me ayude a estar tranquila y encontrar el sueño.

Mi padre, Ser Esteve Parouse ha trabajado mucho para el día de mañana por mí, por mi futuro.

Antes de que yo naciera, él era un chevalier, como su padre. Mi familia había perdido a su antiguo patrón hace mucho, y con él su medio de vida y su fortuna. Pero, aún pobres no se resignaban a cambiar de profesión.

Pero ya hace unos años, la familia Cominges le acogió y le han patrocinado con su mecenazgo, al que dio buen uso para labrarse una carrera en la orden de la Rosa y la Cruz.

Él siempre se ha esmerado en educarme con sus mismos valores. Para nosotros la lealtad es lo primero, también la autosuperación. Quería que su hija tuviera lo mejor y que fuera la mejor. Mañana, si todo va bien, logrará su propósito.

El joven Barón Charles de Cominges busca un secretario personal y dicen que no le sirve cualquier cosa. Al parecer quiere alguien joven que haga de este oficio su vida, está dispuesto a pagar los estudios universitarios de esa persona, una carga muy dura para mi padre, pues soy su tercera hija y ya gastó el dinero en mis hermanos. También le asegurará a su ayudante una generosa asignación y un lugar cerca de él, incluso podrá pisar la corte. ¿Quién sabe? Mi padre sueña incluso con casarme con algún noble si todo marchara correctamente.

Sé bien que al joven barón le han presentado decenas de candidatos y candidatas, pero lejos de elegir arbitrariamente, ha empezado a pedir todo tipo de credenciales, cartas de recomendación, certificados de buenas notas y buena conducta, credenciales de tener afinidad sobre algún arte. Todo tipo de cosas.

Por suerte mi padre veló toda mi vida porque pudiera reunir semejante currículo a mis 17 años. Ahora, tras volver de vacaciones de Entour, ¡El barón me quiere conocer como última prueba para seleccionarme!

Es un día importante ¡y yo aquí escribiendo en plena noche! Me iré a la cama, tengo que dar la mejor impresión mañana al barón.


Libro de Visitas

Eduardo Tapia Quesada ©

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Escrito por M0cha el 04/05/15

Un Trabajo de Ficción


"…La lluvia golpeteaba mi ventana, preguntando si podía entrar, y a pesar de que le adoraba con locura lo único que buscaba oír de ella eran esos toques, inocuos, que sólo disminuían la temperatura de mi habitación y me obligaban a acercarme cada vez más al cristal traslucido que me mostraba a cada una de las gotas."

‘Suena bien, un poco repetitivo, pero sin duda efectivo,’ me felicité al ver otro párrafo terminado, llevaba cuarenta de ellos y aún me sentía lejos de mi meta. Soy un novelista que practica, aunque al menos así me gusta llamarme, soy más bien un escritor de historias cortas que trabaja, me gusta pensar que mi poco éxito es algo digno de la subcultura de lo alternativo; que aunque allá cientos, y probablemente miles como yo, puede que sea capaz de llegar a un público fiel y que esté en pleno crecimiento.

Las palabras fluyen a través de las yemas de mis dedos, y aunque borro más de lo que escribo estoy seguro de que el remanente es digno de una publicación oficial. La editorial ya me ha rechazado tres veces en el pasado. Quién diría que la tercera no fue la vencida. Sin embargo el optimismo es el combustible que siempre he necesitado, y si bien mengua constantemente siempre queda un poco en el tanque. Además de la taza de café a mi izquierda, con la que siempre he tenido una relación complicada, puesto que cada tres párrafos la inercia de mi mano tiende a llevarla a mi boca en grandes sorbos ya que yo olvidó por completo que esté allí.

"El cigarrillo que sólo puedo fumar afuera tuvo que romper las reglas para ser encendido y darme un poco de calor, yo fui su cómplice, siempre lo seré, al menos hasta que el calor natural de las cuatro paredes que me rodean regrese, entonces me volveré el único culpable."

‘Puede funcionar; pero esto ya se ha visto esto antes, incluso yo suelo quejarme de personajes así,’ mis dedos actúan de manera automática, incluso adelantándose a mi proceso mental. Es cierto, suelo ser un tanto repetitivo, pero busco cambiar eso. No son personajes malos y pueden dar para más, pero el párrafo ya no está y quiero que permanezca así.

Un toquido, distinto al de las gotas de agua que me imaginé llega a la estructura rectangular que protege mis ideas. Se repite siete veces en algún patrón de una canción popular que desconozco hasta que me rindo y abro la puerta. No miro por la rendija porque debe tratarse de alguien que vive en los demás apartamentos.

- Hola, creo que sabes a qué vengo - esos bigotes que reverberan junto a las mejillas dentro del tanque semi-sucio siempre me ponen nervioso. ¿Cómo es que alguien con un casco de agua no se da cuenta del moho del lugar en el que respira?

- Pues sólo tengo la misma respuesta, ahora junto con un perdón - mis ojos parpadearon un poco más de lo que debían a causa de mi vista. La señora Rosse debería asearse más a menudo, si es que quiere ayudar a la fachada de este edificio de renta accesible.

- Debes pagar las cuentas, Auctor. Al igual que todos.

- No debo ser el único que esté un poco atrasado en renta, ¿o sí? - no era una defensa, era el intento del inicio para conversar y evadir el pago. Jamás funciona.

- No, pero eres quien vive más cerca de mi puerta y tener la lavandería tan cerca me ayuda a matar dos toros de un tiro.

- Por cierto, ¿podría decirles a los demás que laven su ropa en un solo viaje? - me molesta el ruido, pero no lo suficiente como para insistir - No me ayuda tener que oír las centrifugas al mismo tiempo que trato de escribir.

- Yo no controlo que hacen los demás vecinos, tendrás que aprender a lidiar con ello - me contestó la señora Rosse en su usual tono condescendiente, sin olvidarse de colocar una de sus zarpas sobre la cintura mientras se medio inclinaba contra la pared -. Aunque tal vez debería sugerírselos. De esa manera podrás comenzar a pagarme.

- Muchas gracias - le mentí entre dientes -. Ahora, si me disculpa…

Ella no lo haría, y aún con eso en consideración no dudé en cerrar la puerta con rapidez. Espero que no pareciera que la azoté, aunque el sonido del rápido girar de la manivela puede que indique una emoción similar. Ahora que tuve un descanso involuntario creo que podré terminar esto a tiempo.

"No necesitaban mi permiso, pues el frío que transmitieron a través de la humedad impregnó mi piel de inmediato y me hizo recordar desde la última vez que sentí un frío similar. Fue hace tanto, y sin embargo lo recuerdo muy bien…"

Creo que el ambiente necesitaba un poco más antes de pasar con el protagonista. Este trabajo no es sencillo, las fechas límite se acercan y necesito algo concreto para que me paguen. Escribí un par de párrafos más antes de levantarme para abrir la ventanilla y así poder fumar un poco. Es gracioso, jamás me ha gustado el sabor ni la humedad de esto, no sé por qué continuó comprando un cilindro de ellos cada semana. Espero que a mi editora le guste la idea de una versión distinta de este vicio en mi borrador.

La frescura del tubillo no tarda en deslizarse a través de mi garganta, los minúsculos cristales tratan de pasar desapercibidos por mi tráquea, pero no lo hacen sino hasta que tomo otra dosis. Mis oídos filtran sin mucho apuro los residuos del cigarrillo y estos escapan por la ventanilla a la ciudadela para mezclarse con las nubes que hay allí abajo.

¿Por qué el lugar más barato siempre debe estar tan arriba? Siempre he dicho que los escritores de ficción necesitamos un aumento para poder descender decentemente.

Mi silenciosa petición se apagó casi tan rápido como el aro de fuego cigarrillo que estaba cada vez más cerca de mis ventosas, lo dejé caer al piso y lo terminé de apagar con la suela de mi zapato, la cual me ayudó para encaminarme nuevamente a la silla, en la cual probablemente tendría que estar toda la tarde. De nuevo.


Libro de Visitas

Joaquín Albarado ©

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