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      "Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma." Cicerón (106 a.C.-43 a.C.)

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Escrito por Ananke el 24/06/09

Shanna, de Kathleen Woodiwiss Pinche en el enlace para votar



Shanna, de Kathleen Woodiwiss

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“El carcelero metió una llave en una cerradura y empujó una puerta que se abrió con un fuerte chirrido de goznes oxidados. Shanna lanzó una rápida mirada a Pitney, sabiendo que había llegado el momento de decidir si continuaba con su plan.

El Señor Hicks levantó la linterna para alumbrar mejor la pequeña celda, y la mirada de Shanna se posó sobre un hombre acurrucado en un estrecho camastro, con una manta muy gastada sobre los hombros como única protección contra el frío. Cuando le llegó el resplandor de la vela se agitó se cubrió los ojos como si le dolieran. Por un desgarrón de una manga Shanna vio un feo magullón. Tenía las muñecas en carne viva donde habían estado las esposas. La cabellera negra y alborotada, y la espesa barba ocultaban la mayor parte de sus facciones, y a mirarlo Shanna no pudo dejar de pensar en una criatura diabólica que se hubiera arrastrado desde las entrañas de la Tierra. Se estremeció cuando sus peores temores parecieron hacerse realidad.

El prisionero se apretó contra la pared y después se sentón protegiéndose los ojos con una mano.

-Maldición, Hicks -gruñó-, ¿Ni siquiera puedes dejarme disfrutar de mi sueño?”

(Shanna, página 24 del libro editado por Plaza&Janés en la colección Cisne)

No voy a hacer aquí una apología en defensa del género romántico; si te gusta estupendo sino me da igual, cada uno es libre de leer lo que quiere y lo que le gusta. A mí hay muchos libros y autores ensalzados a lo alto del pódium literario por las editoriales, críticos literarios y lectores que no puedo ver en pintura y cuyas obras me parecen una especie de broma pesada para las personas amantes de la lectura, entre las cuales me incluyo. De todas formas me hacen gracias esas personas que cuando les comentas que te gusta este género te miran como si fueras un bicho raro o como si fueras menos inteligente y culta, porque para algunos leer novelas románticas es incompatible con leer a Platón o a Sartre. Pero como suele decirse: ofende quien puede y no quien quiere (no soy muy buena para recordar refranes) y yo como leo por placer, leo lo que me gusta cuando quiero y como quiero. Del mismo modo que comprendí que me perdía platos exquisitos por mis prejuicios hacia la comida (que aún tengo muchos, por cierto) me pasó con la literatura: los prejuicios literarios te hacen perder libros magníficos.

La nueva novela romántica:

No, no estoy hablando de Corín Tellado (en paz descanse), a la que no he leído en mi vida ni de Barbara Cartland aunque en cierta forma sus libros también fueron una revolución en su día. Para mí y para muchas lectoras de este género la verdadera autora que lo cambió y puso las pautas de las novelas que nos encontramos hoy en día en las librerías fue Kathleen Woodiwiss, por lo menos en lo que se refiere al género romántico histórico. Fue la primera que escribió novelas largas con una buena ambientación histórica, una trama compleja y escenas de sexo porque antes, las novelas propias de este género eran bastante puritanas en ese sentido.

En estas novelas, al contrario de lo que la gente puede presuponer, no te encuentras una historia de amor edulcorada al estilo de Crepúsculo ( esa saga de vampiros edulcorados que ahora está tan de moda y que a mí me parece de lo más horrible con lo que me he topado nunca) sino más bien todo lo contrario. Tampoco entiendo porque casi todo el mundo hecha pestes de ellas diciendo perlas del estilo: “A mí las historias fáciles no me interesan, prefiero la literatura más profunda” “Sí, es cierto, leo novelas románticas pero para desconectar de lecturas más sesudas, las leo principalmente porque son fáciles de leer” “¿Novela romántica? ¿Eso no es novela rosa? ¿Esas que la pareja protagonista se pasa los capítulos manteniendo intercambios carnales? Pues no, no las leo, me parecen poco realistas y mal escritas”

Me admira la capacidad adivinatoria de alguna gente y también lo pobres que son unos argumentos cuando lo único que hay detrás es pura y dura demagogia.

Algunas personas juzgan el contenido de los libros por las portadas con la creencia errónea de que el continente siempre se corresponde al contenido. Me parece una idea tan absurda como la pretensión de algunos científicos del siglo XIX de reconocer a los criminales por sus fisionomías o el tópico de pretender juzgar el carácter de las personas por su color de pelo. Durante una época no muy lejana una editorial decidió publicar las novelas románticas en tamaño bolsillo con una horrible contraportada de color rosa y unas portadas con la supuesta pareja protagonista en un momento tórrido. Lo suficiente para que cualquier lectora un poco tímida no se atreviera a sacarla en público por miedo a las posibles preguntas indiscretas. Hoy creo que eso ha cambiado, existe más variedad, más ilustradores que han dado un nuevo toque… y aunque repito, ningún libro debe de ser juzgado jamás por la portada, a nadie le amarga que está sea atractiva a la vista.

La autora:

Kathleen Woodiwiss es una excelente narradora (o debería decir era ya que falleció en 2007), una escritora que podría haber escrito perfectamente cualquier otro género pero que se decantó por el romántico porque las novelas románticas eran las que más la hacían disfrutar. Durante años se ha ganado un hueco en el corazón de millones de lectoras (y me atrevería a decir que lectores) en todo el mundo. Si queréis conocer un poco más sobre su vida y su obra lo podéis hacer aquí.

Sus novelas suelen seguir unas directrices marcadas o tópicos que no por ello la hacen menos interesante o menos apetecible su lectura. Hay una pareja protagonista bien definida y marcada; en la novela romántica los secundarios, salvo excepciones, no suelen tener un papel muy marcado dentro de la trama. Es probable que uno de los miembros de la pareja protagonista (si no los dos) luche en un principio contra sus propios sentimientos. Dentro del género romántico histórico ella suele tener una experiencia nula en el terreno sexual (lógico porque eso era lo normal hasta no hace tanto) salvo en el caso de que sea viuda. Un enemigo común los une en muchas ocasiones para siempre y es probable que él tenga que salvar a su amada de sus garras.

Un poco sobre Shanna:

Shanna es una de las novelas del género romántico que más me gusta. Debería decir que me encantó en su día cuando se cruzó en mi camino por casualidad. Se trata de una de esas novelas que se pueden releer una docena de veces sin cansarse nunca, aunque ya se conozca como está entretejida la trama como la tabla de multiplicar, es una historia que no decepciona ni a las amantes más expertas del género ni a las lectoras recién llegadas.

Shanna es un libro que lo tiene todo: amor, romance, aventura, piratas, personajes que enganchan desde el primer contacto con ellos hasta el último y un ritmo narrativo que no decae. Kathleen Woodiwiss no era parca en las descripciones y, sin embargo, su estilo nunca se llega a hacer pesado. Para mí podría haber sido una excelente escritora de novela histórica, la ambientación histórica de sus obras suele ser intachable y su estilo es más elegante y cuidado que el de muchos escritores más apreciados que me he encontrado en mi vida como lectora.

El argumento gira en torno a Shanna, la heredera de un millonario excéntrico que vive en una isla caribeña en el siglo XVIII cuyo mayor deseo es ver a su hija casada para que le de herederos. Shanna es una mujer bellísima educada en los mejores colegios de Europa y heredera de una fortuna tan grande que pone a sus pies a todos los hombres y ella los rechaza sistemáticamente, sabiendo que se agota el plazo de un año que su padre le ha dado para encontrar marido. En Londres no se le ocurre nada mejor que casarse con un preso condenado a muerte que tiene un buen apellido, Ruark Beauchamp, el cual acepta el trato con la joven pero imponiendo una condición. Shanna regresa a la isla de su padre como viuda, y su padre maldice la suerte de su hija y la suya propia; la joven caprichosa y mimada cree que su plan ha salido a la perfección. Pero la pena de Ruark es cambiada por otra; termina como preso de trabajos forzados en la isla, una especie de esclavo hasta que no se cumpla su condena.

Ruark es el hombre perfecto, una especie de santo porque no hay más que leer los desplantes que aguanta de la caprichosa Shanna. La joven se queda atónita cuando se entera que su padre ha contratado a un preso llamado John Ruark que no es otro que el marido que creía muerto en la horca y que para mantener su secreto le exigirá cumplir el pacto que hizo con él en la celda para que accediera a convertirse en su marido.

La relación de Shanna y Ruark es deliciosa, poco a poco van rompiendo las barreras que hay entre ellos pero sus clases sociales los separan a pesar de estar unidos en santo matrimonio.

Personajes:

Los personajes, a pesar de caer en ciertos tópicos atribuidos a este tipo de novelas, se hallan bien perfilados, tienen cierta dosis de profundidad que los hace ser más humanos sin caer en el existencialismo. El hecho de que el final se conozca no es óbice para crear unos personajes incompletos o una trama escasamente bien hilvanada.

Shanna, quizás uno de los personajes femeninos más caprichosos y mimados que he tenido el gusto de cruzarme en mi periplo como lectora de novelas de este género pero aún así no resulta odiosa (como en cambio si lo llega a ser Scarlett O´hara de Lo que El Viento se llevó porque no cabe duda de que la muchacha tiene buen fondo. Creo que Shanna es uno de esos personajes que odias o que adoras, con ella no hay términos medios.

Ruark, es el prototipo de héroe de novela romántica, un hombre atractivo, paciente, encantador, dispuesto a renunciar a su propia libertad con el fin de conquistar a su esposa. Es el contrapunto perfecto de Shanna porque a pesar de ser paciente con ella no se deja manejar por sus tretas y lo bastante honrado y trabajador para ganarse la confianza de su hacendado, Orlan Trahern.

Orlan Trahern, el padre de Shanna es un hombre hecho a si mismo; hijo de un salteador de caminos que fue colgado cuando su hijo tenía doce años fue lo bastante inteligente y astuto para amasar una enorme fortuna. Ahora desea que su única hija se case con una aristócrata para entrar dentro de un cerrado mundo al que sólo se puede acceder por nacimiento o por lazos matrimoniales.

Pitney es un hombretón, un gigante amigo de Trahern que cuando su hija está en Europa actúa como una especie de guardaespaldas o protector. Aunque no está de acuerdo con Shanna en muchas ocasiones nunca traiciona la confianza de la muchacha.

Hergus, la doncella escocesa de Shanna, una mujer que en un primer momento parece no creer en el amor.

Gaylord, un inglés de buena familia, pedante e insoportable que pretende la mano de la rica heredera.

La familia Beauchamp: una encantadora familia de las colonias norteamericanas con la que Orlan Trahern espera poder realizar buenos negocios y que guardan un secreto que es de vital importancia para Shanna.

Y otros… no terminaría nunca si escribiera un poco de cada uno de ellos. Los personajes secundarios en ningún momento les llegan a robar el protagonismo pero se hallan bien dibujados, tienen un papel claro y preciso pero no por ello dejan de ser unos personajes interesantes, con un pasado, con un fondo que en ocasiones se intuye más que se muestra.

Reflexión:

Shanna se convirtió hace años en una de mis novelas predilectas de este género tan denotado de manera injusta. Para mí es una novela que a pesar de cumplir como he dicho con casi todos los tópicos que se le atribuyen a la novela romántica va más allá. Shanna invita a soñar, a evadirse de la realidad, es un pequeño refugio contra la mediocridad del día a día, una válvula de escape. Y permite olvidar, mientras te sumerges en sus páginas, mientras disfrutas de la tormentosa relación entre la pareja protagonista y las aventuras que corren con los piratas o mientras sufres por las dudas de la altanera joven, que no es el amor el que mueve el mundo sino el dinero.

¿De qué sirven los libros si no podemos evadirnos con ellos? Los libros pueden ser un refugio maravilloso de la realidad o bien narrar esta de forma cruda y realista. Los lectores no siempre necesitan lo mismo, porque lo común termina cansando. La primera vez que leí esta novela de Kathleen Woodiwiss me encantó, me rememoró en cierta manera a las lejanas tardes de mi infancia en las que me sumergía en las novelas de Alejandro Dumas y de Sir Walter Scott…

No es necesario ser una persona romántica para leer este tipo de libros y disfrutarlos, si lo eres estupendo, en caso contrario no pasa nada. Personalmente yo tengo el mismo romanticismo que una lata de sardinas (o eso dicen quienes me conocen) pero sí es cierto que hay que leer dejando atrás los prejuicios. Estos, a la hora del hábito lector no sirven de nada. Y, tal vez, a causa de ellos te estés perdiendo historias que te pueden fascinar, sea esta novela o cualquier otra.


Libro de Visitas

Rita C. Rey. Ananke. ©

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Escrito por Ananke el 04/08/09

Summerhill, de Alexander Sutherland Neill Pinche en el enlace para votar



Summerhill, de Alexander Sutherland Neill

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“A las generaciones nuevas hay que ofrecerles la oportunidad de crecer en libertad. Dar libertad es dar amor y sólo el amor puede salvar el mundo” (Summerhill, página 88)

Summerhill

Summerhill es un libro que todos los padres y las personas que trabajan o tienen contacto con niños deberían leer al menos una vez en la vida. No es un libro que vaya a pasar a la historia de la literatura ni tampoco el típico manual pedagógico que podemos hallar en las bibliotecas y librerías. Pero es uno de esos libros, que pese a la sencillez con la que se halla escrito, consigue que los lectores reflexionen.

En el libro de Summerhill. A. S Neill cuenta las vivencias y el funcionamiento de su original escuela. Sus palabras sintetizan perfectamente el pensamiento de un hombre que más que vivir para la educación vivió por y para los niños. Neill defiende la libertad del niño frente a la imposición de las instituciones o personas (maestros, padres, adultos en general) aunque sus ideas tienen una clara base ideológica anarquista, como la tienen asimismo las de Tolstoi, Ferrer i Guardia y Rogers entre otros.

Summerhill es una escuela inglesa que fue fundada por Alexander Sutherland Neill en 1921. Fue una escuela pionera dentro del movimiento de escuelas democráticas, las cuales se basan en dos principios: los propios alumnos eligen si quieren o no asistir a clase (algo inimaginable en la educación convencional donde la asistencia a clase es obligatoria) y las asambleas, en las que participa todo el mundo y en la que la voz de un profesor no se oye más que la de un alumno de seis años.

En Summerhill estudian niños de educación primaria y secundaria en un régimen de internado, se trata de una escuela distinta en la que no existe una jerarquía ni el miedo, al que el Neill acusa de ser el verdadero problema de la educación convencional tanto dentro de la propia familia del niño como en la escuela.

Neill asegura que el miedo es lo que hace obedecer a los niños, no las ansias de aprender y que éste debe de ser libre para decidir qué hacer con su tiempo, si acudir a la lección de música o de inglés o pasar la mañana jugando o trabajando con las herramientas de carpintería. En realidad, Neill en Summerhill deja libertad a los niños para que tomen sus propias decisiones sobre temas que les atañen personalmente, pero jamás les permitiría introducir los dedos en un enchufe porque protegerlos (en su caso lo más acertado sería decir advertirlos) de los peligros es responsabilidad del adulto.

En Summerhill no se permite a los niños hacer lo que quieran en contra de la creencia popular de muchos, por ejemplo, el propio Neill dice: “La libertad no significa malcriar al niño. Si un niño de tres años quieres andar por la mesa del comedor, simplemente hay que decirle que no. Debe obedecer, esa es la verdad”. (Sobre la libertad y el libertinaje, summerhill, página, 99)

El propio Neill confiesa que en sus primeros tiempos como profesor él también uso los medios convencionales y que fue partidario del cinturón, tan común en las escuelas inglesas, sobre todo las exclusivas como Eton:

“Aprendí en un sistema que dependía del tawse, como llamábamos al cinturón en Escocia. Mi padre lo usaba y yo lo imité, sin pensar si actuaba bien o mal, hasta el día en que, siendo director, azoté a un niño por insolente. De pronto se me ocurrió pensar: ¿"Qué estoy haciendo? Este niño es pequeño y yo soy grande. ¿Por qué estoy golpeando a alguien que no es de mi tamaño?". Arrojé el cinturón al fuego y nunca he vuelto a golpear a un niño. La insolencia del muchacho me rebajó a su nivel, ofendió mi dignidad, mi categoría de autoridad suprema. Me habló como a un igual, ofensa imperdonable; pero hoy día, 60 años después, miles de maestros se encuentran donde yo estaba entonces. Esto parece presunción, pero es la simple y pura verdad: muchos profesores se niegan a ser gente de carne y hueso".

Summerhill es un libro que consigue plantearte nuevas dudas sobre la educación. ¿Sirve la docencia únicamente transmitir conocimientos de tipo teórico a los alumnos (en este caso léase niños aunque claramente un alumno no tiene porque ser un niño)? Hoy en día padres y profesores se culpabilizan unos a otros porque las tasas de violencia en las escuelas e institutos no dejan de subir. Cada día salen en las noticias de la televisión o en los periódicos casos de padres que ya no pueden más con sus hijos de quince años y de profesores de baja porque ya no soportan más el acoso de sus alumnos de doce años. Yo no creo que este sea un problema de ahora, el acoso escolar siempre ha existido entre los propios niños aunque antes se mantenía más en secreto y los niños siempre han mortificado a los profesores a los que la clase se les iba de las manos y que invariablemente terminaban afónicos de tanto gritar para imponer el orden en el aula.

Nadie se asusta si un profesor contesta mal a sus alumnos haciéndoles pagar los platos rotos de su mal humor pero ponemos el grito en el cielo si cualquier otro profesional hace lo mismo con nosotros. Seamos sinceros, ¿Permitiríamos que la cajera del supermercado nos contestara agriamente porque ha pasado mala noche atendiendo a su bebé al que le están saliendo los dientes? Probablemente, no, la vida personal de los demás no nos interesa.

Me imagino la alarma social que causaría el gobierno si decidiera imponer el sistema de educación de Summerhill en todos los centros educativos. Sin duda saldrían titulares en los periódicos, dependiendo de la horma de su zapato del tipo: “El gobierno abre la era de la libertad en la educación” o bien “Escuelas de vándalos, ¿cuál es el futuro de la nación?” Y por supuesto, las asociaciones tipo Beatas de la Santísima Virgen del Santísimo Rosario se rasgarían las vestiduras y probablemente les daría un ataque de apoplejía…porque hay que reconocer que en España no somos tan tolerantes como en la Pérfida Albión.

Creo que Summerhill es una utopía en el mundo en el que vivimos, en una sociedad tan fuertemente competitiva como la nuestra, ¿qué padres se arriesgarían a educar a sus hijos en una escuela sin horarios ni exámenes? Si cada vez nos quejamos más del bajo rendimiento escolar de nuestros alumnos de primaria y de secundaria que obtienen los puestos más bajos en comprensión lectora y en matemáticas, creo comprender perfectamente a Neill, aunque yo no tuve una infancia excesivamente religiosa siempre he detestado profundamente todas las caras del autoritarismo: madres chillonas e histéricas, padres de la vieja escuela que tan sólo se preocupan por la cantidad de sobresalientes que hay en las notas, gobiernos que no encuentran un sistema educativo que funcione y convenza, profesores desde infantil al actual bachillerato que no se sienten cómodos en su profesión…

Hoy en día parece que la situación es inversa, Neill no se encontraría en un momento de su vida en un aula levantando la mano para golpear a un alumno desobediente sino que sería el alumno quien lo golpearía a él. La violencia de cualquier tipo es deleznable, no se puede tolerar ni un extremo ni el otro.

He encontrado a Neill muy freudiano en algunos aspectos como en el apartado sobre la masturbación que trata en el libro de Summerhill y que parecía ser un tema que preocupaba bastante a los padres de esos años (de los años veinte a años sesenta). No estoy de acuerdo con algunas de las afirmaciones que hace Neill sobre el tema de la sexualidad. “Nuestros muchachos de diez años no necesitan a los niñas para nada: las desprecian. Se reúnen en grupos que no sienten interés por los individuos del otro sexo: su interés está en hacer algo que los destaque. Las niñas de esa misma edad también se interesan sólo por individuos de su propio sexo y forman sus propios grupos. Aún cuando lleguen primero a la pubertad no corren detrás de los niños. Parece que la homosexualidad inconsciente dura más en las niñas que en los niños.”(Summerhill, página 196)

Quizá el éxito de Neill radique en la confianza que los niños depositaban en él, una confianza que los niños casi nunca tenían con sus padres. Neill más que un maestro o que el director de un centro escolar era un amigo, un igual.

Summerhill

La escuela de Summerhill

En la actualidad la escuela de Summerhill sigue en funcionamiento desde su fundación en 1921. La escuela tiene una página en internet donde se cuenta la historia del colegio, su sistema educativo, hay una galería de fotografías y un apartado donde los niños hablan de si mismos. La escuela de Summerhill ha sido duramente criticada debido al bajo rendimiento escolar de sus alumnos. La matrícula es cara, entre las 1500 y 1900 libras, lo cual lleva a pensar que, en cierto modo, es una escuela elitista. No todas las familias se pueden permitir el lujo de enviar a sus hijos a esta escuela.

El eje de la vida de Summerhill son las asambleas generales de los sábados en las cuales todos tienen derecho a voto, desde los maestros a los niños de seis años. La voz de un profesor no tiene más peso que la de un niño. Cada asamblea es dirigida por un individuo diferente nombrado por el presidente anterior.

En vida de Neill su esposa se encargaba de la parte práctica del colegio: los dormitorios, las comidas, el servicio y las facturas mientras que él se encargaba de contratar o de despedir a los maestros.

En Summerhill el juego posee más relevancia que la propia educación lectiva, no los juegos organizados sino aquellos a los que a los niños les apetece jugar. Según Neill el juego es indispensable para formar niños libres y sanos, mucho más que horas intensivas de estudio de matemáticas o de ciencias para aprobar exámenes que quizá el niño no desee realizar.

El hecho de que en Summerhill los niños puedan hacer lo que quieran se entiende dentro de unos límites razonables: un niño que no quiere asistir a clase de geografía no tiene por qué hacerlo pero de ningún modo se le permite molestar a sus compañeros que sí desean hacerlo. Digamos que la libertad de cada uno acaba donde empieza la libertad del otro.

La libertad no significa malcriar al niño. Si un niño de tres años quieres andar por la mesa del comedor, simplemente hay que decirle que no. Debe obedecer, esa es la verdad”. (Sobre la libertad y el libertinaje, Summerhill, página, 99)

Neill creía en la autonomía del niño, éste debe vivir su propia vida y no la que sus padres o el educador tenían proyectada para él: “La autonomía significa el derecho de un niño a vivir libremente, sin ninguna autoridad exterior en las cosas psíquicas o somáticas”. (summerhill, página 98)

En Summerhill siempre ha habido un elevado número de alumnos extranjeros, la mayoría nórdicos o estadounidenses pero también de los países del este de Europa y de Japón.

Neill fue duramente crítico con el sistema tradicional de enseñanza, pues señalaba que se centraba más en el egocentrismo de los docentes que en las necesidades de los niños y con las nuevas ideas pedagógicas del momento (Montessori, Frerière, entre otros) cuyas ideas educativas consideraba restrictivas para los niños y demasiado suavizadas.

Neill afirmaba que la sociedad estaba enferma y que una sociedad enferma creaba a niños no libres y enfermos que posteriormente se convertían en adultos desgraciados. La psicología juega un gran papel en Summerhill, aunque nuca fue un psicoanalista al uso, Neill mantenía conversaciones privadas con los alumnos que lo solicitaban en las cuales trataba de los más diversos temas y le servían para hacerse una idea aproximada del tiempo que necesitaría el niño o niña para rehabilitarse como un niño libre, si es que lo conseguía.

Para Neill sólo lo prohibido, lo tabú, se convierte en objeto de ansiedad y de deseo tanto por niños como por adultos. Por ejemplo, antes la masturbación estaba mal vista (en realidad toda práctica sexual quizá a causa de los posos que quedaban de la represiva época victoriana) porque había la creencia absurda de que dañaba la salud y de que era pecado. Neill decía que la prohibición paterna de la masturbación era lo que hacía que los muchachos lo hicieran en secreto. En la época que Neill era director de Summerhill el sexo era considerado más tabú que hoy en día a pesar de que ya había sido publicado el informe Kinsley que en los Estados Unidos causó un gran revuelo. Neill tenía la creencia, al igual que Freud que todos o casi todos los males ser humano tenían su origen en la represión sexual sufrida en la infancia y de ahí el interés malsano que despierta en niños y adultos, pues  es como el fruto prohibido, cuanto más se prohíbe algo, más se desea. Resulta curioso que muchos padres acudían preocupados a Neill para que ayudase a sus hijos que “habían caído en el vicio de la masturbación” Para él los chicos se sienten atraídos por esta por la prohibición paternal (hoy se sabe que la vida sexual comienza en el feto y pese a toda la libertad y toda la información creo que la sociedad aún no tiene una actitud realmente honesta sobre este hecho fundamental en la vida porque de lo contrario no habría tantos embarazos de adolescentes ni se contagiarían tantas enfermedades venéreas, el propio Neill era consciente de que la represión sexual de occidente estaba ligada a la religión, pues él mismo la había sufrido en su infancia). Sobre ese acto circulaban miles de mentiras algunas de las cuales cuenta Neill y que iban desde contarles a los niños que podían quedarse ciegos. Supongo que ocurre lo mismo con los mitos sobre la menstruación que en el día de hoy aún circulan por el mundo adelante tales como no es bueno lavarse y que las mujeres con la regla pueden cortar la mayonesa.

Más complicado resulta para Neill el tema de las relaciones heterosexuales, ya que a los niños y niñas se los separaba desde la más tierna infancia. Si bien cada vez había más padres tolerantes con el tabú de la masturbación, no lo eran entre los juegos de los niños y las niñas juntos.

En Summerhill no hay exámenes, aunque los alumnos que así lo desean se preparan para pasar las pruebas universitarias. Quizá este sea uno de los puntos que más diferencian esta escuela inglesa de las demás. Sin exámenes, ¿Puede estar un profesor realmente seguro que su alumnado ha adquirido los conocimiento teóricos mínimos de las materias que imparte?

Los niños educados en un ambiente de libertad no sienten celos ni son miedosos.

En cuestión de aseo las niñas suelen ser más aseadas que los niños, quizá porque se les inculca desde más pequeñas un sentido de la limpieza, aunque Neill contaba en el libro de Summerhill que tuvo una alumna que no quiso darse un baño en una semana. Los niños se defienden de la represión paterna negándose a bañar en muchas ocasiones, de todas maneras este período no suele durar mucho en la vida del niño.

Neill es contrario a la educación religiosa y moral (de nuevo yo creo que es debido a la educación calvinista que recibió en su infancia y que claramente le marcó para el resto de su vida), encuentra que la religión impone restricciones al desarrollo y a la felicidad humana; además encontraba que la idea de un divinidad creadora en una sociedad capaz de crear bombas nucleares era absurda. La educación moral se basa en el castigo y en las prohibiciones: “Creo que es la instrucción moral la que hace malo al niño. Veo que cuando hago pedazos la instrucción moral que ha recibido un niño, éste se convierte en un niño bueno”. (Summerhill, página 207)

En Summerhill se desarrollan actividades complementarias como el teatro, la danza y la música. El teatro de los sábados por la tarde, según Neill estimulaba la creatividad y la confianza de los niños porque representaban obras escritas por ellos mismos. En cuanto a la danza creía que ésta no debía de tener reglas sino ser danza libre y opinaba que el baile era una expresión externa del sexo. Respecto a la música, decía que a pocos niños les gusta la pintura o la música clásicas y que las escuelas tendrían más éxito si incluyeran el jazz entre sus materias (A mí me recuerda a una película Escuela de Rock en la que el protagonista, un músico de un grupo heavy sin aspiraciones, se hace pasar como profesor de música en un colegio de élite y termina descubriendo el increíble talento de los niños para tocar su estilo musical y no sólo música clásica).

El niño libre nunca es cruel y la crueldad infantil en la mayoría de las ocasiones tiene su origen en la falta de amor de los padres. La criminalidad no es más que la radicalización de la crueldad, aunque afirma que todo niño siempre es bueno por naturaleza.

El camino a la felicidad pasa por criar a niños libres que no estén sometidos a normas restrictivas y autoritarias; todos los niños pueden curarse y convertirse en niños libres pero su curación dependerá del daño que haya hecho en ellos la sociedad y sus propias familias. Neill recalca una y otra vez que se puede y se debe ser libre siempre que se respete la libertad de los demás y que ésta no se debe confundir jamás con el libertinaje.

Alexander Sutherland Neill

Vida de Alexander Sutherland Neill

Nació en la localidad escocesa de Kingsmuir  en el seno de una familia de tradición calvinista, su padre George Neall era maestro de escuela rural y su madre, Mary Sutherland dedicó su vida a su marido y a los nueve hijos que le sobrevivieron de los nueve que tuvo.

No resulta extraño que siendo miembro de una familia calvinista la educación de Neill fuera esencialmente religiosa. (El calvinismo era -y es- una doctrina teológica de Calvino según la cual la salvación se consigue con la fe que Dios concede a sus elegidos, y no por las buenas obras en Escocia a los calvinistas se los conocía como presbiterianos, en Francia como hugonotes y en Inglaterra como puritanos) La educación calvinista tenía su eje central en la biblia, pero Neill resultó ser un pésimo estudiante y hasta que su padre lo tomó como ayudante de su escuela tuvo varios fracasos tanto en los estudios como en varios trabajos que le consiguió su padre y que no lo motivaron nada.

En 1903 quedó clasificado penúltimo de una prueba de acceso en una escuela de Formación de profesores y comenzó a hacer sustituciones por diversas escuelas de Escocia. Neill quedó marcado tanto por la brutalidad de los castigos corporales como por el severo régimen escolar, tan habituales en el sistema educativo británico.

En 1906 obtuvo el certificado de profesor suplente en la escuela de James Calder y comenzó su actividad docente en Newsport, una ciudad obrera-industrial donde abundaba la mano de obra infantil, donde permaneció hasta 1908.

Durante un tiempo, decidido a alejarse de la actividad docente trabajó como periodista en Edimburgo donde se licenció en inglés en 1912. Fue allí donde se hizo partidario de la ideología  socialista que siempre subyacería en el fondo de todas sus teorías. Un año más tarde se trasladó a Londres donde continuó su labor como periodista. Por motivos de salud no pudo ir a la Primera Guerra Mundial cuando esta estalló en 1914, tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero de Austria Hungría aunque este hecho sólo fue la gota que calmó el vaso de una insostenible situación política y económica.

En Gretna en el suroeste de Escocia fue nombrado director de una escuela donde aprovechó para instaurar un sistema pedagógico libre en el cual eliminó los deberes para casa y desarrolló un espíritu crítico de los libros de texto de la época, era un profesor con fama de agradable y de poco exigente. Publicó sus dos primeros libros: A domines´s log y A dominie´s dimisset.

En 1917 fue llamado por el ejército pero su mala salud lo mantuvo lejos del campo de batalla hasta que la guerra terminó y en el invierno de ese mismo año conoció a un pedagogo llamado Howard Lane, el pionero de la Little Commowealth que fue cerrada en el año 1918, cuyas ideas influyeron notablemente en Neill. En 1921 publicó a Domine in doubt donde reflejaba las ideas de Freud y de los psicoanalistas. Neill trabajó en el colegio dirigido por una pedagoga americana de Dalcroze de Hellerau que se hallaba cerca de la ciudad alemana de Dresden, él se sentía más cercano al método dalcrociano que al método Montessori, el cual era demasiado rígido y didáctico desde su punto de vista. Luego fue a Sonstanberg, Austria, donde en 1924 inició una nueva experiencia pedagógica con Lilina Neustatter como colaboradora. Neill estuvo muy influenciado por el círculo de psicoanálisis de Viena y por Wilhem Stekel.

El primer colegio de Sumerhill lo fundó Neill en 1924 en Lyme Regis, en el sur de Inglaterra y en el año 1927 lo trasladó a Leiston, condado de Suffolk, a cien kilómetros de Londres. Contrajo matrimonio con la codirectora del centro, la señora Lins. Durante estos años, Neill dirigió el centro aunque a veces se le hizo bastante difícil y continuó escribiendo libros sobre educación que provocaban tantos debates como la misma escuela donde los niños vivían en libertad. Estos primeros años de Summerhill se suelen considerar como un experimento, probablemente había mucha gente que pensaba -o esperaba- que el sueño de Neill fracasase.

Muchos padres de pensamiento liberal que consideraban que las escuelas tradicionales habían fallado en la educación de sus hijos, los mandaban a Summerhill. Neill participaba en conferencias sobre la educación en los que trataba temas polémicos como el peligro de enseñar religión a los niños (no hay que olvidar que en su infancia él mismo había recibido una estricta formación religiosa). Desaconsejaba la cultura que se adquiere mediante los libros, al igual que había hecho Rousseau en el siglo de la Ilustración.

Durante los años que duró la Segunda Guerra Mundial la escuela se trasladó a Festiniog situado al norte de Gales donde Neill tuvo algunos problemas con sus nuevos convecinos, que eran galeses que hablaban en lengua galesa y bastante conservadores. Su esposa murió en 1944. Terminada la guerra regresó a Leiston con su escuela y poco después se casó con Ena Wood, que había sido cocinera de Summerhill. En 1946 nació su hija Zoë.

En los años sesenta (la época de Kennedy) comenzó a ser conocido en los Estados Unidos gracias al éxito del libro escrito por el propio Neill del libro Summerhill, a radical aproach to child rearing.

Summerhill nunca ha tenido un número fijo o aproximado de alumnos, ha variado entre veinticuatro y sesenta. Para sobrevivir, la escuela recibió alguna inyección de dinero de personajes importantes como Henry Miller que creían en la escuela de los niños libres o quizá en Neill, porque después de leer sobre él una tiene la impresión de que era una mezcla de hombre carismático y campechano. Su salud comenzó a deteriorarse en Mayo de 1973 y, finalmente, falleció con noventa años en Mayo de ese mismo año.

Para terminar esta pequeña introducción a la vida de Neill creo que no hay nada más adecuado que añadir unas palabras de cómo él esperaba ser recordadas escritas por él mismo, lo cual me parece lo más apropiado:

No deseo ser recordado como un gran educador, porque no lo soy. Si me recuerdan, espero que sea porque traté de salvar el abismo entre jóvenes y viejos, traté de abolir el miedo en las escuelas, traté de persuadir a los maestros de ser sinceros consigo mismos y quitarse la armadura protectora que han usado durante generaciones para permanecer separados de sus alumnos. Deseo ser recordado como un individuo común y corriente que creyó que el odio no remedia nada, y que estar en favor de los niños es la única manera de producir una vida escolar feliz, y posteriormente una existencia dichosa. Soy Neill, Neill, Orange Peel (R: un similar a nuestro maestro ciruela) para mis alumnos, y me gustaría serlo también para todos los niños del mundo. Soy alguien que confía en ellos, que cree en la bondad y en la ternura originales, que en la autoridad sólo descubre deseos de poder, y, muy a menudo, odio.

Pronto debo abandonar este valle de lágrimas, espero que las próximas generaciones, al considerar la educación de nuestro tiempo, se asombren de la barbarie, de su destrucción de las potencias humanas, de su insana preocupación por el aprendizaje formal. Lo espero, contra todo lo que me vuelve pesimista: las guerras, las persecuciones religiosas, los crímenes. Los que gritan que cuelguen a los criminales, ¿no advierten que quieren curar con una aspirina una apendicitis? ¿No reconocerá la sociedad que nuestro sistema represivo, aunado a la pobreza de nuestras calles, a nuestra falta de espíritu, a nuestra sociedad de consumo, son el motivo de que existan criminales y neuróticos?

Confieso a que veces dudo. Cuando pienso en el desafío de la juventud, me siento optimista. Al día siguiente, cuando leo los periódicos y me entero de las violaciones, los crímenes, las guerras y el racismo, me siento invadido por el pesimismo, pero creo que la ambivalencia es común a todos nosotros.

Reflexión

¿Son justos los exámenes para demostrar los conocimientos teóricos? Es sabido por todos que hay alumnos que son auténticos ases en el arte de copiar o de otros que se aprenden la materia como loros para olvidarla en cuanto acaban el examen u obtienen el aprobado. Pocos estudiantes encuentran esta actividad de su agrado porque en muchas ocasiones se castiga a los niños con horas de estudio cuando no se portan de la manera que los padres o maestros quieren. No, desde luego que a poca gente le agrada una actividad relacionada con el castigo.

No creo que se pueda ni deba relegar la educación intelectual a un segundo plano como hacía A. S. Neill. por ejemplo, él mismo decía que no le gustaba leer y que le costaba comprender la pasión de su esposa por los libros pues el se sentía más cerca de la carpintería (o de alguna actividad manual semejante, no estoy segura ahora mismo). Cuando yo era pequeña mi madre me enseñó a leer en casa (casi todos los miembros de mi familia son lectores voraces) y jamás se le ocurrió preguntarme si me gustaba o no hacerlo. Yo recuerdo que lo encontraba tan natural como lavarme las manos o los dientes y hoy en día se lo agradezco enormemente… casi estoy segura de que en nuestra época no es el poder adquisitivo lo que separaba a las clases sociales sino el acceso a la cultura… Me parece imposible que las escuelas públicas adopten el sistema educativo de Summerhill, si ya es grande es absentismo escolar con la educación obligatoria no me puedo imaginar  a los niveles que llegaría si la asistencia a clase no fuera obligatoria.

¿Se puede educar en libertad en una sociedad que no es libre? Creo que ninguna sociedad es libre porque el individuo siempre se encuentra coartado por una serie de normas que inhiben su libertad, no importa que viva en una sociedad comunista, en una tribu bereber o en una sociedad globalizada de libre mercado. Yo creo que la única y verdadera libertad sería posible en un mundo anarquista, lo cual es una utopía y quizá ni eso pues la naturaleza tiene sus propias reglas. Nunca he sido partidaria de una educación restrictiva y autoritaria porque estoy segura de que no sirve de nada pero tampoco de lo contrario, por ejemplo, cuando a los niños se les permite elegir la comida que desean suelen elegir la más insana (y los adultos también). Ninguna sociedad puede permitirse que sus niños comiencen a leer o a estudiar matemáticas en las escuelas que asisten cuando se encuentran preparados o animados; si este hubiera sido el caso yo jamás habría aprendido a hacer ecuaciones  de segundo grado que siempre me han parecido detestables ni de pequeña habría resuelto esos problemas del tipo “un tren sale de Zaragoza a las 10:00 a.m…”, desde luego estoy segura de que mis maestros nada sabían de Summerhill o no eran partidarios de su sistema…

Por mi parte, como no creo en la bondad, no creo que los niños sean más buenos que los adultos sino más bien lo contrario, es la sociedad, pese a sus múltiples defectos la que nos convierte en seres bondadosos y altruistas. Las ideas de Neill me parecen muy cercanas a las de Rousseau; el pretender que el niño libre sabe lo que le conviene me parece casi absurdo y peligroso: un niño es un niño haya sido educado en un ambiente de libertad o autoritario y necesita recibir unas reglas básicas como el hábito de una buena alimentación y las normas básicas de la sociedad, de la familia y de la pareja.

¿Estaría más preparado para integrarse en la sociedad un niño educado en Summerhill que en una escuela convencional? ¿Son más felices los niños que sus padres los educan en libertad? En realidad, los temas libertad y felicidad son demasiado genéricos y abstractos; Neill se hallaba influenciado como es sabido por Homer Lane y el grupo de psicoanalistas de Praga pero sus ideas educativas probablemente fueron una manera de revelarse contra la restrictiva educación que había recibido en su infancia.


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Escrito por Ananke el 09/11/09

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Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel

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Pocos escritores han sido tan injustamente ignorados por el público y por la crítica durante años como Rosa Chacel. Esta vallisoletana nacida el 3 de Junio de 1898, hecho del que se sentía orgullosa porque fue un punto de inflexión en la historia de nuestro país, es una de las figuras cumbres de la literatura española del siglo XX. Quien haya leído su Teresa (sobre la vida de la amante de Espronceda) o La Sinrazón sabrá a lo que me refiero. En el prólogo de Memorias de Leticia Valle, Alberto Cousté parafraseando a Julián Marías decía:

"Cuando Rosa Chacel regresó a España, todavía quedaban -frágiles y luminosos- algunos representantes (Guillen, Aleixandre) del siglo admirable… ahora, desaparecida la totalidad de sus pares, ella es la más alta figura viviente de la literatura española. Que no se repita en voz alta, a cada rato, es una vergüenza que nos incumbe a todos"

Biografía

Rosa Chacel fue discípula de Ortega y todos los críticos coinciden en señalar su innato talento narrativo y su lentitud a la hora de escribir. Fue una escritora tardía, siempre reflexiva. Estudió escultura en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y ella se inclinó siempre por un clasicismo apolíneo y austero en toda su obra. A principios de los años veinte, en la época del Lyceum club (un club de mujeres intelectuales y escritoras que se enfrentaron a la sociedad machista y patriarcal de la época pero al que la individual Rosa Chacel, si no me equivoco, no llegó a pertenecer, al menos como miembro activo) se casaría con el pintor Timoteo Pérez Rubio con el cual conviviría durante más de cincuenta años tanto en España como en el exilio, tras la guerra civil. Tuvieron un único hijo. En ultramar se instalaron en Río de Janeiro y vivirían a caballo entre esta ciudad y Buenos Aires. No regresarían a España hasta los últimos coletazos de la serpiente de la dictadura en 1974 y, curiosamente, está época y los años ochenta se encuentran entre los más prolíficos de su carrera como escritora.

La verdadera vocación y pasión de Rosa Chacel fue la Estética y la Forma, no es de extraña porque antes que escritora fue escultora. Aunque abandonaría este arte por el literario. Por cierto, su marido Timoteo Pérez Rubio fue quien salvó los cuadros del museo del Prado llevándolos a Suiza durante la guerra Civil.

A mí sencillamente me encanta. Leer a Rosa Chacel es leer buena literatura, es disfrutar del trabajo bien hecho de quien conocía la lengua castellana como la palma de su mano, de quien es capaz de hacernos creer que el texto más complicado es de una sencillez resplandeciente. De su obra poética no puedo hablar por la simple razón que la desconozco, la poesía y yo no nos acabamos de entender demasiado bien; hecho que algún día tendré que solucionar.

Dicen que Rosa Chacel fue toda su vida una solitaria a la que no se puede incluir dentro de ninguna corriente literaria, porque sin duda hay escritores que brillan como solitarias estrellas en este firmamento. En los ochenta vivía casi en el umbral de la pobreza en Madrid, y casi se vio obligada a emigrar nuevamente a América, hasta que alguien hizo los oportunos remiendos… qué vergüenza. Estas cosas sólo pueden pasar en un país como España, en el que la cultura tiene tan poco valor colectivamente hablando.

Falleció en 1994. Obtuvo varios premios a lo largo de su carrera o debería decir, ya al final. Pero el verdadero premio de un escritor es que los lectores lean y aprecien su obra. Y murió con las botas puestas, sin abandonar su arma de tinta hasta el último aliento que le permitió su mente y su cuerpo anciano.

Memorias de Leticia Valle

Sería muy largo explicar como cayó en mis manos la obra de esta autora, baste decir que fue hace muchos, muchísimos años con el libro que ahora comento (luego vendrían lecturas de libros como La Sinrazón, Teresa, Estación. Ida y Vuelta… de los que guardo muy buen recuerdo) y que produjo en mí una fascinación que todavía continua. Yo siempre digo que igual que se puede aprender a disfrutar de la buena comida se puede aprender a disfrutar de la buena literatura…

En Memorias de Leticia Valle, Rosa Chacel ofrece el clásico tema de la seducción de un adulto por parte de un muchacho o muchacha, como en el caso de Lolita. En este caso será Leticia, una niña huérfana de madre de extraordinario talento e innata madurez (en Leticia la madurez es un rasgo más de su personalidad, como el color de su cabello o de sus ojos). Esta criatura nunca ha sido una niña, porque en ella siempre ha estado el germen de la madurez y de una memoria casi inhumana.

Cuando su padre regresa de la Guerra de África se instalan en Simancas, donde la niña abandona su amor casi enfermizo por los libros para espanto de su tía, hasta que la maestra del pueblo se ofrece a dar clases a la niña. Pero esta mujer carece de interés para Leticia, pues no posee el verdadero conocimiento, ya que es la típica maestra que prepara a las muchachas casaderas (ya se sabe algo de música, un poco de historia y muchas labores de costura). Es opuesta a su primera institutriz de Valladolid.

Rosa Chacel

El marco donde se desarrolla la novela es Valladolid y Simancas, a pesar de lo cual nada se puede encontrar de provinciano ni en la historia ni en los personajes. Y sobre todo la casa de Doña Luisa y de Daniel. Que Leticia convierte en su segundo hogar o en el primero, según se mire.

Leticia acabará en casa de Doña Luisa, una catalana en la que se percibe cierto espíritu cosmopolita, aunque es una perfecta ama de casa, según palabras de la chiquilla aunque madre de dos hijos de corta edad que da clases de música y entre ambas surge una relación de amistad porque ambas se complementan. Será Daniel, el marido de Luisa y archivero de Simancas, el que se ofrezca a dar clases a Leticia para no desperdiciar su innato talento con los libros. Se trata de una de esas novelas sobre el aprendizaje, en las que la educación del niño o adolescente se convierte en el eje central de la trama. Pero cuando Daniel entra en la vida de la niña comienza el desastre, ya que este hombre maduro y de bastísima cultura es todo lo que puede llegar a desear Leticia…

En la vida de Leticia se cruza también su prima Adriana y sus tíos que viven a caballo entre Suiza e Italia dedicados a la arqueología. Adriana, una chiquilla de su edad ejerce una extraña fascinación en Leticia ya que se trata de una criatura culta y cosmopolita, algo que atrae profundamente al espíritu cultivado de la niña. Pero será su nuevo maestro el que obtenga toda la atención de Leticia…

Naturalmente, dado la elegancia con la que escribe Rosa Chacel, se trata de una seducción suave y llena de pureza como la luz de un amanecer, en la que el eje son los sentimientos a los que hay que llegar a través de sutiles velos.

Hay frases sencillamente magníficas que nos muestran el verdadero interior de la muchacha:

"¿Será esto lo que la gente llama inocencia? ¡Qué asco! Nunca me cansaré de decir el asco que me da esta enfermedad que es la infancia: Lucha uno por salir de ella como una pesadilla y no logra hacer más que unos movimientos de sonámbulo para volver a caer en el sopor."

O ya en el umbral del desastre: "En su garganta o en su boca se produjo un sonido chirriante tan inhumano como el crujido de un armario. Uno de esos ruidos que causan terror, precisamente porque no sabemos si es o no un alma quien los produce"

O cuando dice con una cruel sencillez "Tengo tal necesidad de pensar por cuenta propia que cuando no puedo hacerlo, cuando tengo que conformarme con alguna opinión que no arranca de mí la acojo con tanta indiferencia que parezco un ser sin sentimientos"

Reflexión

Rosa Chacel no quería crear el típico personaje femenino sin dos dedos de frente que se deja engañar o seducir por la madurez del hombre adulto. No, Leticia es quien inicia la seducción sabiendo el riesgo que corre de perderlo todo… En ese punto es necesario explicar el concepto de femenino de Rosa Chacel, que en Memorias de Leticia Valle aparece con absoluta claridad: en las novelas de Rosa Chacel aparecen dos clases de mujer completamente opuestas; una entiende lo femenino por pasividad, por la entrega a las labores domésticas, la envidia… que son espejos de una sociedad retrógada y atrasada.

De ahí el temor de Leticia,que se sabe inteligente a abandonar sus libros y acabar embruteciéndose, como ella misma llega a decir. A este tipo de mujer, siempre protagonista secundaria se opone la mujer libre, inteligente y culta, tan preparada como el hombre. Porque Rosa Chacel es una feminista intelectual, que desea el conocimiento del hombre y no se conforma con la vida pasiva de la mujer, ni tampoco sus heroínas, que como Leticia pagan un alto precio por ese conocimiento. Se trata de un tipo de feminismo por el que las feministas de hoy en día la acusarían de machista y de retrógrada casi con toda seguridad. El lector puede interpretar entre lineas que en el pensamiento de Rosa Chacel era probable que la verdadera igualdad entre los dos sexos sólo se pudiera dar en el plano intelectual porque las diferencias en los otros son abismales.

Y los celos son sin duda el telón de fondo de la novela, celos de Leticia por Doña Luisa, de esta por la niña y de Don Daniel por ambas que nunca llega a entender, intuimos, que ambas mujeres sabiéndose rivales tengan una relación de amistad tan profunda. En realidad en toda novela chaceliana hay un momento en el cual la protagonista femenina se siente extraña y poderosamente atraída por otra mujer, aunque esa atracción no suele traer más consecuencias que el conocimiento del verdadero yo.

Se han escrito ríos de tinta sobre esta novela e incluso hay una película sobre ella. Pero para comprenderla hay que leerla porque mientras escribo parece que hablo de algo monstruoso como la pederastia implícita de Lolita de Nabokov y nada más lejos de la realidad. El amor en Memorias de Leticia Valle es completamente espiritual, puro, reflexivo en lo que lo físico no tiene cabida aunque hay un erotismo completamente mental. Si algún lector avezado emprende su lectura buscando escenas pornográficas o puramente románticas se llevará un gran chasco. Se trata de un tema siempre delicado, la relación entre un adulto y un menor, resuelto con una maestría única, sin caer en los tópicos recurrentes.

Es una novela lenta y profundamente reflexiva que se sustenta en cuatro o cinco hechos puntuales porque lo que interesan son los pensamientos, reflexiones y sentimientos de Leticia y todo lo demás es secundario. No es una novela escrita para los amantes de la novela americana, donde la acción pura y dura tiene la supremacía porque su ritmo lento y pausado como las tardes de estivales en la meseta castellana.

Personalmente, creo que Memorias de Leticia Valle es la opción más adecuada para introducirse en la obra de Rosa Chacel. Algo de lo que ningún buen amante de la literatura se puede arrepentir, los falsos amantes sólo verán lo obvio y serán incapaces de observar y disfrutar el increíble talento narrativo de esta autora.

Siempre recomiendo a esta escritora y siempre recomiendo que se comience a leer esta obra antes de introducirse en las páginas de La confesión o de la sinrazón, por elegir algunos títulos entre su obra. No creo que nadie se pueda arrepentir y si lo hace es que, lo siento mucho, no es un amante de la literatura y no sabe apreciar lo excelente.


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Escrito por Ananke el 04/01/10

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Agnes Cecilia de María Gripe

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¿No se oían pasos en el cuarto redondo? Escuchaba…

Sí, ahí vienen. Están ahí fuera otra vez… Aquellos pasos que no sabe de quién son.

Permanece inmóvil, de espaldas, no se da la vuelta, sólo escucha atentamente. Ahora los pasos entran en el cuarto de al lado y se acercan lentamente a su puerta. Allí se paran. (Agnes Cecilia, página 6)

Siempre me ha gustado leer, de hecho no tengo recuerdos de mi existencia antes de que pudiera sumergirme entre las páginas de un libro. De niña, siendo muy pequeña, sentía una especie de obsesión por los libros: me encantaba mirarlos, tocarlos, sobarlos e incluso dibujaba a lápiz horrendos garabatos que harían estremecerse de pánico a los lectores amantes del orden y de los libros perfectos o a aquellos que piensan que los libros son un mero objeto decorativo para la sala de estar. Si un libro tenía ilustraciones podía estar entretenida durante horas (sí, lo sé, lo reconozco, siempre he sido una persona fácil de complacer).

En mi casa siempre hubo libros y mi madre jamás tuvo el menor inconveniente en comprarme los libros que yo le pedía; además en aquella época hice un descubrimiento que aún hoy me parece maravilloso: la biblioteca del colegio (más tarde la biblioteca municipal, la del instituto, la de la universidad, etc) uno de esos lugares maravillosos donde podías coger libros prestados.

Uno de los libros que más me marcaron el curso escolar de mis diez años fue Agnes Cecilia, de María Gripe. Yo había leído La hija del espantapájaros, un libro suyo que había pertenecido a mi hermana pero entonces no me había gustado demasiado. Pero con Agnes Cecilia fue diferente. Recuerdo que lo elegí porque me gustó el título, porque Cecilia y Agnes (Inés) fueron durante muchos años mis nombres favoritos para mujeres y por supuesto, todas las historias que me inventaba estaban protagonizadas por su correspondiente Inés o Cecilia.

Todavía recuerdo el libro de Agnes Cecilia que saqué de la biblioteca del colegio aquel año, un libro de Gran Angular negro con la imagen de una pequeña muñeca en el centro (verdaderamente feo) pero cuando lo compré años después cuando estaba en el instituto me decepcionó porque la portada representaba una casa de muñecas.

Argumento:

Nora es una adolescente que vive con sus tíos y su primo después de perder a sus padres en un accidente de coche. A pesar de que la tratan con todo el cariño posible y que intentan respetar su intimidad, la muchacha en el fondo siente que no encaja, como la pieza de un puzzle que nadie sabe donde colocar. Además en la nueva casa donde se han trasladado a vivir suceden cosas extrañas, a las que al principio no le da importancia: llamadas de teléfono en las que nadie contesta, accidentes fortuitos, hallazgo de libros, jarrones, relojes, etc en viejos armarios tapiados que su tío ha vuelto a sacar a la luz.

A veces, Nora siente una presencia en la habitación, tan real, tan tangible, que casi siente que puede tocarla aunque no verla. Pero tiene un gran presencia de ánimo y parece acostumbrada a esos pequeños sucesos paranormales (si me sucediesen a mí yo habría puesto pies en polvorosa sin dudarlo porque una cosa es leer libros sobre fantasmas o ver películas de terror y otra muy distinta que puedas protagonizar un programa de misterios del Más Allá). Un día, Nora recibe un regalo de una anciana desconocida, una muñeca antigua que parece la réplica de una persona de tan realista que es. ¿Pero quién es esa niña?

Y Nora empieza a indagar hasta que poco a poco consigue desentrañar la triste historia de Agnes Cecilia, una niña ilegítima, no deseada, no querida. Y aunque Nora no es ilegítima siente la misma soledad que Agnes Cecilia, las une una empatía especial a través del tiempo y del espacio.

Agnes Cecilia no es una novela de terror a pesar de que aparecen espíritus y escenas sobrenaturales en ningún momento hay una sensación de miedo hacia el Más Allá pero sí de misterio. Aquí los fenómenos paranormales no están teñidos de maldad de ultratumba sino de una pátina de incógnita, de nostalgia y de tristeza.

Desde mi punto de vista, se trata de una de esas novelas juveniles recomendables tanto para adolescentes como para adultos. La prosa de María Gripe es sencilla, sí, porque la autora sueca era consciente del público al que se dirigía pero jamás cae en la burda simplicidad. En la trama hay cambios de narrador de tercera persona a primera pero están bien llevados y no resultan chocantes. El lector en ningún momento pierde el hilo del argumento.

La muñeca

¡Una muñeca!

La más extraordinaria muñeca que nunca había visto. Más bien, la escultura de un verdadero ser humano. No había palabras para describirla.

Representaba una niña aproximadamente de diez años, con un rostro pálido y serio, tan fina y hermosamente tallado, que parecía como si en verdad fuera de carne y hueso.

No era una cara de muñeca. Sino un rostro humano. (Agnes Cecilia, página 55)

No me gustan las muñecas. Nunca me han gustado aunque las tuve como casi todas las niñas. ¡Qué remedio! Las muñecas de porcelana me causan escalofríos (en cambio mi madre las adora y durante muchos años tuve que soportar tener una muñeca de cuando ella era una cría que tiene cara de mala; por suerte ahora la tiene en la habitación donde duerme mi galga, que está atestada de libros y revistas y también tenemos otra aún más horripilante, una muñeca de pasta de principios del siglo XX que a mí me recuerda a la tatarabuela de Chucky). Sin embargo, la muñeca es una pieza clave en el libro.

Personajes:

Esta vez prefiero no revelar más de los personajes porque se evaporaría todo el misterio. Sí, aún queda. Los personajes principales, Nora y Agnes Cecilia no son en absoluto planos como en otras novelas juveniles sino que poseen profundidad y una evolución que se hace patente al final.

María Gripe

La autora:

María Gripe (Suecia 1923-2007) es la autora sueca de novela infantil-juvenil más reconocida no sólo en su país sino internacionalmente. Se la considera una de las mayores representantes del movimiento anti-autoritario en la literatura infantil, un movimiento cuyo objetivo era la conquista de la autonomía y libertad de la persona a través de la educación.

Los temas de sus libros son realistas y costumbristas, conoce el universo infantil, los miedos, temores y esperanzas de los niños por lo que estos se pueden identificar fácilmente con sus personajes.

En 1974 fue galardonada con el premio Hans Christian Andersen, que es a la literatura infantil y juvenil lo mismo que el “Nobel” a la literatura adulta.


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