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      "Un hogar sin libros es como un cuerpo sin alma." Cicerón (106 a.C.-43 a.C.)

Será mostrado si existe



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Escrito por Athaires el 21/11/17

Lidia y la gaviota con otros relatos Pinche en el enlace para votar


Félix Cañada Guerrero

Una vez más agradecer la aportación de la editorial personal por el ejemplar de 171 páginas por 16 € donado, cuya edición es la segunda y vio la luz por primera vez en el 2005. “Lidia y la gaviota con otros relatos” es el libro del segoviano Doctor Ingeniero de Minas Félix Cañada Guerrero (1925) del cual hay un museo en Madrid en la Calle de Alenza nº 1 perteneciente a la Fundación Gómez Pardo con obras artísticas que donó él (pinturas y esculturas) que datan algunas de siglo XI.

Él es un intelectual que le gusta escribir desde niño, sin pretender ser un “virtuoso” recordando siempre que él es profesor e investigador de su profesión, y eso afecta en sus escritos. Tiene otro libro publicado en el 2003 titulado “La doctora Gala” y “Gibraltar, una utopía en el estrecho” (2007) en esta misma editorial.

Argumento

No vamos a poner a contaros los 9 relatos que forman parte de las experiencias personales del autor y las dos memorias, pero si vamos hacerlo de las primeras para que veáis si os interesa el libro.

“Lidia y la gaviota”

El relato comienza hablando de “Li” una joven criatura que guarda las conchas, piedrecitas de la playa y los cristales de diversos colores como si fuesen tesoros. Vivía con su padre y una sirvienta en plena playa y un pueblecito de pescadores de la costa cantábrica.

Ella jugaba sola por eso era diferente a los demás niños pero no se sentía así, además tenía a “Gav” una gaviota blanca con una capa gris muy clara y una macha roja en el pico que al salir aparecía siempre con un regalo. “Las gaviotas también viven en el mar” decía, le daba de comer etc. Y llegó a ser más importante que su propia muñeca.

Su amistad era acérrima hasta tal punto que no dejaban entrar a otros en el grupo, ni gaviotas ni niños excepto “Santi” el hijo del pescador.

Un día Santi le propone a Li ir a las cuevas que eran muy bonitas y la más grande, la Cuevona que tenía estalactitas y estalagmitas. Llegados a este punto y por las conversaciones que mantenían entre ellos se deja ver cuál es la profesión del escritor.

En la más grande de todas era como la que había hablado Santi, una poza de agua verde y cristalina donde al final se apagaba la luz natural y por donde se iba al infierno según su padre y había bruhas y güesos de muertos.

Lis y Santi tardaban mucho en volver y el padre de Li se empezó a preocupar lo que hizo que todo el mundo los buscase mientras ellos seguían explorando.

¿Qué les sucederá?

“La anciana”

De pelo blanco, tupido y cara risueña se conserva hermosa como la abuela de la cofundadora de este portal. Le gusta mucho tocar el piano que le enseñó Tomás, la escena se sitúa en Aranda del Duero, y cantar.

Le embriaga la tristeza cuando recuerda personas queridas aunque le dura poco dado que piensa en verlos pronto, un símil de la rencarnación de los muertos según la biblia cristiana aunque no habla de la muerte.

Es muy afable con los niños pequeños con los que siempre se encontró feliz. Su padre fue médico, muy bueno al parecer. En aquella época los recorridos se hacían a caballo, no como ahora que hay coches.

Sale poco de casa excepto cuando va a misa etc. Y aun así vive sola pero llega la mudanza y el relato nos va acercando poco a poco hacia el fin de sus días.

Este es de junio de 1992.

“Aisha, la niña del bazar”

Este es el colofón de los relatos escrito en noviembre de 1993. Todo comienza cuando se dirigían al bazar de Jan Al Jalili al que viajan en taxi. La escena acontece en Egipto muy cerca del Nilo (El Cairo).

Aparece “Edel” en escena y el “Yo” que es el que describe el relato. Ven a tres niños, dos varones y una hembra, al otro lado de la calle. Van mal vestidos y ropa sucia y comienza a hablar de comercios y bazares llegando a degradar la reputación del bazar como lugar donde concurre la muchedumbre. Abunda mucho el henna y karkadé.

Cansados de tanta tienda en la Calle del Oro van a un famoso café El Fisiawi. Allí edel le habla de su vida, de sus hijos, de su casa en Hamburgo, de los astilleros de los que su marido es dueño etc.

De sus viejos tiempos en Madrid, París, Bruselas etc. Ella también sabe que su matrimonio fracasó y pasarán varias semanas juntos visitando Egipto.

Sigue su paseo por el bazar con olores de perfumes etc. Hasta que por altavoces llaman a la oración del medio día y todos se ponen mirando hacia la Meca. Al terminar todos siguen trabajando y prosiguen su ruta por el bazar parando varias tiendas hasta que vuelven a ver a la niña que escapa.

¿Quién será esta misteriosa niña?

Opinión personal

Por los retazos que se extraen de este libro se deja ver un lenguaje sencillo pero muy bien colocadas las palabras, quizás se pierda un poco de más en las descripciones pero hacen que enganchen y puedas leer con facilidad este libro.

Al ser cortos e independientes los relatos hace que su lectura pueda ser pausada en cada uno de ellos, pero todos guardan relación y aunque están ubicados en distintas partes de la geografía y un montón de personajes, todos hablan de sucesos que le ocurren a personas de todas las edades.

Son historias reales a las que se les ha dado vida en la tinta empleada y aumentados ya que si describiésemos lo sucedido, no lo haríamos como Félix hace.

Es por ello por lo que se convierte en un buen libro, no una obra maestra de la literatura, pero si que merece la pena que os lo leáis. Está orientado a todos los públicos tal cual es la variedad de los relatos que lo engloba, unos nos gustarán más que otros pero todos merecen la pena y todos también llevan un sello en común fruto del estilo del escritor que hace de su obra, propia.


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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Escrito por Athaires el 24/11/17

Secretos de Almuñécar (Felipe Lucena Marotta) Pinche en el enlace para votar


Secretos de Almuñécar

Sobre el autor

El doctor y profesor universitario (Alcalá) Felipe es natural de Madrid aunque se siente de Salamanca. Es escultor, pintor y autor de varios libros que además de este ha escrito otro como “Memorias de Bond” (2008) que ya daremos información un poco más precisa en el argumento y “¿Que significa estar sano?” (2002).

Trabaja actualmente en el Hospital Universitario Príncipe de Asturias en Alcalá de Henares.

Decir que este libro de edición personal colección ópera prima, que tiene un precio de 20 €, ha sido presentado por primera vez, me refiero a la segunda edición ampliada porque la primera es del 2001, en el Palacete La Najarra (Almuñécar) el 26 de Agosto del presente año.

Argumento

La segunda edición ampliada de este libro empieza en la página 31 con un preámbulo donde Felipe deja claro que pasó su niñez en Almuñécar, la vive y la sigue amando.

Se divide en secretos (capítulos), un total de 26 y vamos a enumerarlos de forma dispar, los dos últimos son el tuyo y el mío como intentando meterte en su sueño, lo que ha vivido. El primero trata sobre un viaje a Almuñécar, el segundo muestra el contraste del invierno y el verano tropical en la zona y habla de los visitantes extranjeros que acuden a este paraíso, hasta los animales cobran vida con un texto de uno de sus libros anteriores Memorias de Bond.

El tercero habla sobre atardeceres pero sin lugar a dudas el más bonito del mundo está a 50 km de Granada en la Punta de la Mona a las ocho en verano y las seis en invierno. El quinto se sitúa en la Plaza de la Rosa que es el centro comercial de Almuñécar y es una zona peatonal.

Llega el momento de hablar sobre las playas y resulta que no son como las gallegas de arena fina y hechas de moluscos, sino más bien de cantos rodados pero si de aguas claras, no tienen casi olas por lo que no son aptas para deportes náuticos pero aun así el autor sigue defendiéndolas como si los demás fuésemos tontos. Finalmente cuenta una anécdota.

Llega el sueño (capítulo) seis y como continuación al anterior habla de las calas y cuevas como la de los Jarros o los Gigantes donde el autor vuelve a llamar la atención de su libro memorias de Bond. Como no, ensalza el acantilado de Cerro Gordo teniendo Galicia y Asturias mucho más grandes y sorprendentes. Habla un poco de la pesca y describe su paseo en bote, prosigue su descripción con la cueva de la Virgen y del Sifón.

En el séptimo nos narra el mercado que lo describe como limpio, coqueto y bien estructurado. Para mi gusto comete un fallo que es ensalzar la fuente más que la iglesia de la Encarnación. Y en el octavo llega la Semana Santa donde si cobra protagonismo esta iglesia y nos habla de sus 14 cofradías aunque es un capítulo muy corto para ensalzar un evento generalizado de España que tiene un valor esencial.

Felipe Lucena Marotta en una entrevista

Y por fin llega el de Velilla y los velilleros como el autor se siente y nos narra como llegaron los colonos a este sitio en los años 50 o 60 o de los pimientos y tomates que hoy ya no existen y es verdad porque tal y como está todo clonado los alimentos transgénicos de hoy en día ya no es lo mismo y sabor tampoco. Ahora es otra cosa. Ahora es cemento y asfalto y el décimo sigue hablando más.

Y aquí os dejo en suspense para que os lo leáis.

Mi opinión personal

Está escrito en primera persona y hace muchas llamadas al lector, interactúa con él. Utiliza un lenguaje casi culto y describe muy bien los acontecimientos pero señalar que utiliza términos andaluces en ocasiones que tendremos que buscar en el glosario al final del libro o pensar cómo se habla en Andalucía, concretamente en Almuñécar.

Parece como si él te lo estuviera contando en persona, en vez de leer el libro aunque a veces se enrolla un poco en las descripciones, no hace falta escribir tantos párrafos sobre lo mismo, lo que hace pensar que es minimalista.

Es insistente y persuasivo queriéndote llevar a su terreno y vender esta tierra granadina como si fuera única en el mundo y la realidad es otra.

En ocasiones llega a ser un poco empalagoso y en vez de escribir este libro, podría hacer una guía Repsol, pero claro, entonces perdería el recurso literario y eso echa para atrás lo que Felipe hizo.

Otras opiniones

“Son una declaración de amor, un motivo para la especulación emotiva, filosófica, sentimental, reflexiva, popular, de alguien que, con la osadía del enamorado, nos presenta algo que le apasiona sin emociones fugitivas, antes bien, de una forma directa, sincera, franca, llana, limpia, expansiva, contagiosa, ingenua a veces pero leal y honesta siempre, blandiendo las armas del apasionamiento por un lugar que lo colma sus sentidos“(Juan Bolívar)


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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Escrito por Olvidado el 27/11/17

Los viajes de Gulliver Pinche en el enlace para votar


Los viajes de Gulliver

Aunque Jonathan Swift (Dublín, 1667-1745) escribió muchas obras literarias, ha pasado a la historia por la que me ocupa, publicada en 1726 y cuyo éxito fue rotundo e inmediato, y ha seguido editándose hasta nuestros días. Si bien actualmente es una novela orientada a niños y adolescentes, en su tiempo pretendía, en palabras del autor, "más a vejar al mundo que a divertirle". Pero vamos por partes:

El viaje a Liliput

Gulliver es un joven licenciado en medicina que consigue sus primeros trabajos como médico en diversas expediciones marinas. En una de ellas, el barco naufraga tras chocar con una roca y se pone a merced de la corriente, que lo lleva a una tierra en la que cae profundamente dormido durante unas diez horas. Al despertar, se encuentra atado por todo el cuerpo, con centenares de seres diminutos a su alrededor, algunos prestos a tacarle con flechas si muestra intenciones agresivas. ¿Cómo de diminutos? Swift habla en pies y pulgadas pero, en definitiva, la proporción es de 12 a 1. O sea, que si yo mido 1,80 en Liliput mediría 15 centímetros. Huelga decir que los animales y los árboles están proporcionados. De estos últimos, los más altos apenas superan la cabeza de nuestro protagonista. En cuanto a los animales, reproduzco este fragmento sobre su partida de Liliput:

"Almacené en el bote cien bueyes muertos, trescientas ovejas, pan y bebida en proporción y tanta comida ya derezada como pudieron prepararme cuatrocientos cocineros".

Un país en el que, al igual que las autoridades castigan a los malhechores, premian (y ésto aquí no sucede) a los bienhechores. En el que la ingratitud es un crimen capital. En el que los padres no se encargan de la educación de sus hijos, sino que a los dos años son enviados a internados en los que son visitados por sus padres dos veces al año por espacio de una hora. Son educados en los trabajos que desempeñan ellos, lo cual sucede casi siempre (aunque aquí no está regulado por ley) en nuestra sociedad, lo que supone muchas veces la salvación de niños que iban para balas perdidas seguir la ley del mínimo esfuerzo: irse a trabajar con su padre. Los niños abandonan la escuela hacia los doce años, las niñas un poco antes. Esta es también la edad en la que ya pueden casarse legalmente.

El 24 de septiembre de 1701, se hace a la vela dejando atrás una estancia de poco menos de un año en Liliput.

Llegada a Brobdingnag

Este país de nombre impronunciable es al que llega Gulliver tras navegar sin rumbo concreto. Allí es recogido por un labrador que lo lleva a su casa, en la que su hija, una niña llamada Glumdalclitch, lo cuida como a una muñeca y se convierte en su protectora y profesora del idioma hablado allí. Y allí todo es a lo grande, incluso sus habitantes. Las descripciones, una vez más, son soberbias, ricas en adjetivos afilados y certeros, que os arrancarán una vez más alguna que otra risa cuando no carcajada:

"Yo estaba muy fatigado y deseoso de dormir, y notándolo mi dueña, me acostó en su propio lecho, tapándome con un blanco pañuelo limpio, más grande y más tosco que la vela mayor de un buque de guerra".

"Como es costumbre en las casas de labradores, había tres o cuatro perros en la habitación. Uno de ellos era un mastín, análogo en tamaño a cuatro elefantes".

"Pedí el honor de besar los imperiales pies de la soberana, pero la graciosa reina alargó hacia mí su dedo meñique y yo, rodeándolo con ambos brazos, llevé su punta a mis labios con el mayor respeto (…) Tuve la audacia de decirle que yo no debía a mi anterior dueño otras obligaciones que la de no haber aplastado los sesos de un pobre ser inofensivo encontrado casualmente en su campo (…) Que la vida que yo había llevado era lo bastante laboriosa para matar a un animal diez veces más fuerte que yo (…) Pero que ya había perdido yo todo el temor de ser maltratado, puesto que me hallaba bajo la protección de tan grande y bondadosa emperatriz, ornamento de la naturaleza, encanto del mundo, delicia de sus súbditos y fénix de la creación, en virtud de todo lo cual confiaba en que las aprehensiones de mi dueño anterior resultasen infundadas, porque ya sentía mis ánimos revivir al influjo de la muy augusta presencia de mi soberana".

Siguiendo el consejo de un avaro amigo del labrador, éste lo exhibe por todo el país (previo pago de entrada) en clave cirquense, lo cual le reporta ingentes beneficios. Sin embargo, ello llega a oídos de la reina, que desea comprarlo. Pero no le parece mal, ya que el agotamiento al que somete al pobre Gulliver le hace sospechar que no vivirá mucho más, así que acepta la oferta de la reina. Y no sólo eso, sino que su hija tendrá un sitio en la Corte por expreso deseo de Gulliver, para que así pueda seguir cuidando de él. Huelga decir que padre e hija quedan contentos como unas castañuelas.

Viaje a Luggnagg

De los viajes que Gulliver hace en la tercera y última parte del libro (Lupata, Balnibarba, Glubbdubdrib y Japón), éste merece en mi opinión una atención especial, más que nada por la visión profética de Jonathan Swift.

Tras pasar dos años en Brobdingnag, su partida llegó de un modo inesperado. En unos minutos de distracción de un paje que cuidaba de él, ya que ese día Glumdalclitch estaba enferma, un águila se lleva la caja en la que se alojaba asiéndola por la argolla del techo, y unos quilómetros después, la echa al mar. Tras navegar a la deriva varias horas, es rescatado por un barco inglés. En Luggnagg, Gulliver conoce a los struldbrugs, una raza caracterizada por su inmortalidad, reconocible por un gran lunar en la frente. Por increíble que parezca, cuando aun no tenemos ningún remedio contra el cáncer o el SIDA, y cuando a mí me parece cada vez más habitual ver esquelas de gente que no superaba los cincuenta, ya hay pseudointelectuales que hablan de alcanzar la inmortalidad.

Como los struldbrugs.

"Al llegar a los ochenta años, lo que en aquel país se considera el límite de la vida, padecían todos los achaques y enfermedades de los hombres de su edad. Eran, además, tercos, codiciosos, huraños y vanos. La envidia y los deseos impotentes eran sus más notorias pasiones, y siempre que contemplaban un entierro pensaban que les estaba prohibido aquel puerto final de paz y descanso. No recordaban nada sino lo que habían aprendido y observado en su juventud y madurez, y aun esto muy imperfectamente (…) Aunque les dijeron que yo era hombre que había viajado mucho, no tuvieron interés alguno en hacerme una sola pregunta (…) Son menospreciados y odiados por todos (…) Mi avidez de una larga vida disminuyó mucho (…) Aquellos inmortales serían con el tiempo propietarios de toda la nación, lo cual produciría la ruina pública".

¿Qué otra cosa puedo hacer queridos, má que bendecir ¿estas palabras? Es innegable, además, la visión de futuro de Swift. El Alzheimer puede llegar a provocar la quiebra económica de un país entero. Somos seres espirituales que pasamos por una experiencia humana. Alargar la vida… es tentar a Dios.

También tuvo visión profética en su visita a un país poblado por caballos con una inteligencia parecida a la humana… o yo diría que superior. Lástima que estas ideas tardaran tanto en aplicarse, al menos en Occidente: "Mi amo juzgaba monstruoso en nosotros dar a la hembra una educación diferente a la del macho, salvo en ciertos capítulos de orden doméstico; porque si, como bien observaba, la mitad de nuestros congéneres no servían para nada, salvo traer hijos al mundo, confiar su cuidado a tan inútiles animales era, decía, el mayor ejemplo de brutalidad que cupiera ver".

Conclusión

En nuestros bien informados días, una novela como ésta, si obviamos su carga crítica, se ha reducido al público infantil. Pero no es descabellado que en otros planetas hayan surgido formas de vida así. Tendemos a humanizar a los extraterrestres, es normal. Pero desconocemos por completo cuál es la fuerza de gravedad allí o cuánto pesa el aire que soportan sus hombros.

También podría existir en otro planeta una especie como los hoyhnhnms, una especie inteligente, con lenguaje propio (como los delfines) pero limitados por su anatomía (como los delfines), que les impide hacer obras de ingeniería. Todavía no hemos traducido una sóla sílaba del lenguaje de los delfines, pero quizás pueda extrapolárseles lo que dice Gulliver de los houyhnhnms: "El idioma de aquellos seres no es abundoso en palabras, ya que sus necesidades y pasiones son menos que las nuestras".

Esta novela ha sido varias veces llevada al cine. Yo he visto las entregas de 1996 (protagonizada por Ted Danson, a quien los de mi generación recordaréis por la serie "Cheers") y la de 2010, protagonizada por Jack Black. Esta última está inspirada en la novela, cierto, pero difiere mucho de ella, es una comedia que tiene sin embargo algunos momentos buenos, como cuando se despierta en una casa de muñecas del país de los gigantes, vestido como tal. Es mucho más fiel, y mejor, la de 1996, que os recomiendo vivamente.

Epílogo

La novela finaliza con una profunda reflexión sobre cómo han cambiado su perspectiva estos viajes, una reflexión que supone también una implacable crítica a la sociedad. Yo, personalmente, después de todo lo que nos ha contado nuestro amigo Gulliver, acabaría la novela más o menos así:

"Así fueron mis viajes, y así se los he contado, mi querido lector. Un momento… ¿Por qué irrumpen ustedes en mi casa? ¿Son médicos? Lo digo por sus batas blancas. ¿Pero qué hacen? ¡Suéltenme, coño! ¿A dónde me llevan? ¿Qué pretenden? ¿Y ese coche? No. Eso sí que no. ¡Al manicomio no! ¡No pueden hacerme esto! ¡AL MANICOMIO NOOOOOOOOOO!


Libro de Visitas

Miguel Roure ©

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