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Escrito por Olvidado el 10/06/17

Las 48 leyes del poder (Robert Greene) Pinche en el enlace para votar


Las 48 leyes del poder (Portada)

"Las 48 Leyes del Poder" es un ensayo del dramaturgo e investigador profesional norteamericano Robert Greene (Los Ángeles, 1959), que fue director de varias revistas, entre ellas "Esquire", y en este ensayo publicado por Espasa, nos ofrece 48 métodos amorales, astutos, despiadados, pero por encima de todo instructivos. Iré al grano. He seleccionado algunas frases:

"Es mejor ser atacado o difamado que ignorado".

"Aquellos desafortunados que han caído bajo circunstancias fuera de su control, se merecen toda la ayuda y simpatía que podamos darles. Pero hay otros que no han nacido así y, sin embargo, atraen hacia ellos la mala suerte por su actitud destructiva. Sería estupendo si pudiéramos cambiar sus costumbres, pero lo más probable es que éstas nos cambien a nosotros".

"Si hace falta acudir a un aliado en busca de ayuda, no hay que recordarle los favores del pasado ni las buenas acciones, ya que enontrará la manera de ignorarlo. Hay que descubrir algo que le pueda beneficiar y exagerarlo para que vea en ello un provecho para sí mismo".

"Los errores se perdonan a menudo; el desdén jamás, el orgullo no olvida nunca".

"Al reconocer un problema se le otorga credibilidad. Cuanta más atención se presta a un enemigo, más se le fortalece. Cuanto menos interés manifestéis, más superiores pareceréis".

"Si uno cree que los impostores son personas con mucha imaginación que engañan a los demás con mentiras muy bien preparadas y cuentos chinos, están muy equivocados. Los mejores estafadores son conscientes de que las palabras y los gestos rimbombantes levantan sospechas inmediatamente y, en consecuencia, envuelven sus objetivos en situaciones conocidas y banales".

"La gente poderosa impresiona e intimida diciendo poco. Cuanto más se dice, más posibilidades hay de soltar una tontería. Y una vez que las palabras están dichas, no pueden retirarse".

Aplicaciones prácticas

Es sólo una pequeña muestra de lo que encontraréis en este libro: una ingente cantidad de consejos cuya utilidad práctica está fuera de toda discusión. Hablaré de algunas experiencias personales:

Una vez fui a que una autoridad competente me firmara una hoja de trabajo. Por motivos que jamás me quedaron claros, su despedida fue: "La próxima vez no se lo firmaré". Me la encontré unos dos años después; ella ni se acordaba de mí pero me dio igual, ya le hice memoria, y en un tono arrogante y chulesco, le dije si, a diferencia de lo que dijo ese día, me la pensaba firmar o me iba a otra autoridad que también podía hacerlo. Me la firmó, pero unos días después llegó una queja a la empresa, no a Barcelona sino a Madrid (que ya es la hostia) y la prohibición de volver a esa oficina. Tengo más, no hay nadie imprescindible. Conseguí lo que quería: provocarla. Dejé de ser ignorado (no se acordaba de mí) para ser odiado o, cuanto menos, persona non grata. Espero que por mucho tiempo.

Cuando os sale un herpes o un sabañón, mis queridos lectores, ¿os lo rascáis? ¿Os arrancáis la costra? ¿Verdad que no? Simplemente, lo ignoráis y, poco a poco, el picor se vuelve más soportable hasta que, unos días después, desaparece. Recordad el caso de la zorra y las uvas amargas. Pues bien, una táctica más poderosa es actuar como si nunca hubieran existido las uvas. Representad el papel de aristócratas desdeñosos. Si sois atacados, dejad ver que ni siquiera habéis considerado el ataque o responded con una suavidad que demuestre lo poco que os preocupa la ofensa. Ya pasaréis cuentas más adelante si se tercia. ¿Os creéis que en Francia no hay separatismos? ¡Claro que los hay! Yo me puedo poner en la piel tanto de un separatista catalán (región en la que he nacido y crecido) como de un centralista parisino, ciudad en la que nació y creció mi madre y en la que vive su familia que también, es de perogrullo, es la mía. ¿Y sabéis por qué parece un país tan unido? Porque París los ignora. Los ha ignorado siempre. Allí aparece un político, pongamos, bretón, sugiriendo un referéndum de independencia y le cortan el micrófono al instante y jamás le vuelven a ver. Allí silban la Marsellesa y policías de paisano se quedan con unas cuantas caras y, a la salida, los identifican y, unos días después, les llega una multa a casa. Y sin hablar de ello a la prensa, antes de que ésta se entere ya han desaparecido los silbidos. En dos provincias francesas todavía hay gente que habla vasco y catalán.

Para París, no.

En las enciclipedias francesas las definen como "lengua hablada en el País Vasco, región española". Punto. ¿Cómo definen el occitano?: "Conjunto de dialectos del sur de Francia, donde "oui" se decía antiguamente "oc" y no "oil". Fin. (Le Robert de Poche, edición de 1995).

Y así día tras día, mes tras mes, año tras año, siglo tras siglo. Resultado: los propios separatistas bretones, alsacianos, corsos, occitanos, sí, ellos mismos, se han dado cuenta de lo poca cosa que son. Sus banderas se han reducido a un elemento folklórico, de hecho en manifestaciones del Frente Nacional en Provenza, su principal bastión debido a la inmigración desbocada y sin control que ha sufrido esa región, pueden verse banderas catalano-aragonesas entre las francesas.

En España, en cambio, recuerdo que los equipos de fútbol vascos han sido recibidos en estadios madrileños con enormes lonas con los colores de España. Y eso es lo que más me alucina de los castellanos: que hasta ellos, sí, ellos mismos, se creen lo de la independencia. Es increíble. Alucinante. Abominable. O, dicho vulgarmente, ¡ES LA LECHE!

Yo conozco personalmente a algunas personas que, pudiendo ser inteligentes, han elegido ser idiotas, lo cual los hace doblemente idiotas. Uno de ellos tiene probablemente (no soy psicólogo) el Transtorno de Espectro Autista (TAE), que, a diferencia del autismo puro, tiene tratamiento. Lo que pasa es que sus padres eran más idiotas si cabe, y no se preocuparon por ello. El otro tiene relación con su tacañería. Alguien tacaño con el dinero es tacaño con todo: la amistad, el amor, la cultura… Para tener hijos así, mejor no tenerlos. Sí, ya sé que es fuerte decir esto, pero a la Biblia me remito:

"La vida de un necio es peor que la muerte" (Proverbios).

Alejaos de ellos, y más si comparten con vosotros algún defecto, porque os lo reforzarán. Cuando estéis deprimidos, acercaos a los alegres. Cuando estéis aislados, a los sociables. Por eso los desdichados se relacionan con más desdichados que ellos si cabe, y así al menos no se sienten inferiores.

¿Alguna vez habéis oído de un general que vaya anunciando sus planes al enemigo? Junio de 1967. Israel aceptó las negociaciones propuestas por sus vecinos árabes para evitar la guerra. Incluso se puso una fecha para su inicio. Y se iniciaron, pero con otro tema sobre la mesa. Israel había atacado primero, destruyendo a la aviación egipcia en sus propios hangares y su infantería ya avanzaba sin oposición hacia El Cairo. Era la guerra. "Un cordero nunca merodea -dice Robert Greene- Un cordero nunca engaña, un cordero es tonto y dócil. Con una piel de cordero sobre el lomo, el zorro puede entrar directamente en el gallinero".

En 1825, Nicolás I ascendió al trono de Rusia. Inmediatamente estalló el llamado levantamiento decembrista, que pretendía una modernización del país. Uno de sus líderes, Kondraty Ryleyev, fue sentenciado a muerte. Pero cuando se abrió la trampilla, la cuerda se rompió. En aquella época, sucesos como éste se consideraban providenciales y el reo era absuelto. Pero cuando un mensajero le comunicó al zar el ahorcamiento fallido, éste le preguntó si el reo había dicho algo tras semejante milagro. "Señor -respondió el mensajero-, dijo que en Rusia no saben ni hacer cuerdas". "En este caso -dijo el zar-, vamos a demostrar que no es cierto". Al día siguiente, la cuerda no se rompió.

Conclusión

Las 48 leyes que nos ofrece este libro (sí, absolutamente todas) me han parecido correctas. Incluso las que no he seguido, debo reconocerlo. No me pongo por encima de este libro, sino este libro por encima de mí, que ya es la leche. Si bien muchas de estas reglas no han hecho sino confirmar muchos de mis comportamientos, no he hecho caso de algunas. Robert Greene nos aconseja, con razón, no aislarnos. Un fuerte siempre es un error, nos dice: parece inexpugnable, pero el enemigo sabe dónde encontrarnos y es un blanco fácil.

En una empresa en la que trabajé me aislé tanto de mis enemigos como de los neutrales. Al igual que es imposible caer mal a todo el mundo, también es imposible caer mal a todos, y es allí donde hay que buscar alianzas, este ha sido el truco de las personas poderosas durante siglos. Y yo, por orgullo o por simple pereza, no lo hice. Otra cosa es que me avectaran sus ataques, lo cual nos lleva a la ley 36 de esta obra.

En definitiva, 48 leyes cuya utilidad está para mí fuera de toda discusión. ¿Utilidad para qué? Para quienes quieren el poder… o simplemente armarse contra él. Para saber ir por la vida, en definitiva.


Libro de Visitas

Miguel Roure ©

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