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Escrito por Athaires el 22/08/12

Solo quiero que me hables


No pares, no calles nunca

solo quiero que me hables

hasta que la luna se haga pedazos.

No me olvides, aunque no me veas

tú sigue atando versos que lleven tu nombre

hasta que el Sol ilumine tu rostro.

Te quiero ahora,

no quiero perderte de nuevo

y espero sepas perdonar el daño

más te pido que no me destroces.

No me dejes de nuevo

y vente conmigo.

¿Quieres?


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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Escrito por Athaires el 10/10/12

Quiero más de ti


Frio congela mis manos

posado de un hilo

mientras la caricia y el humo

y de nuevo las manos,

te veo, te miro, te observo.

Unas veces te siento

otras te llamo,

al final ladrones sembrando paredes

interferencias, una llamada y un llanto…

te alejas, te acercas y al final…

la llamada rompe el encanto.

¡¡Puta pared!!

Te quiero a mi lado

donde el silencio

selle los labios

juntos,

nunca separados.

Déjame un comentario

y dímelo sabiendo que todavía me quieres

¿Saldrás conmigo?

¿Dónde?

¿Cómo?

¿Cuándo?


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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Escrito por Karlotti el 29/10/12

Solo habito lo que nombro


Hasta cuando regreso, siempre es tarde,

antes de la voz hay un zócalo

como un pespunte de la ausencia

que me acoge y sigo de paso

oliendo el bosque el camino

como una canción

aún veo ante mí el humo y la luz

y a mis espaldas escucho la noche

su flameante silencio su precisión

y en ese instante cuando me paro

en el umbral, y no hay silencio

que anide tan cerca de un milagro

sé que estás en la cocina

mirando el fuego que me guardas

entro y las manos se llenan

como si de una lluvia de marzo

ahora me sentaré en el regazo

de tu cálida fatiga

y sabes con la certeza del olvido

que no habitaré tanto silencio

si no encuentro el nombre

que contigo soñé antes de irte.


Libro de Visitas

Karlotti Valle ©

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Escrito por Athaires el 01/11/12

Amanecen gélidas gotas


Ancestros y pasajeros cabellos

cabalgan de nuevo en sueños,

consumiendo el tiempo y las noches

aquellas en las que hablábamos juntos;

Departieron incesantemente.

La muerte pesaba bajo gélidas gotas

juntas, nunca separadas…

En la penumbra quiso acariciar sus manos

una vez más,

nunca separadas,

bajo la luna el aire suspira

en latidos cobra vida

hasta que el tiempo

congele la magia para ser tuyo,

nunca mía.

Levantaré de nuevo la tierra,

cavaré de nuevo en el foso,

recusitaré entre los muertos

inquiriendo tu alma.

Siempre tuyo.


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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Escrito por Karlotti el 15/11/12

La poesía y los imbéciles


Aldo Pellegrini [20 de diciembre 1903 - 30 de marzo 1973]

La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tiene el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad.

La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.


Libro de Visitas

Karlotti Valle ©

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Escrito por Athaires el 02/12/12

Sendas o caminos


Quiso salir, escapar por otra vía

en estelas de luces sobre copas

de agua cristalizada en la noche,

te enredas, saludas y otro

encantado de conocerte,

más luego voces con ritmo

miradas y sentimientos a flor de piel

con la sonrisa atrevida

en compañía del hielo, cálido, suave

se desliza diluido bajo el cristal.

Movimientos serpentean tu cuerpo

de nuevo encuentras sonrisas

que amargan su existencia y

otra con hábito, costumbre y el sueño

quiso más

y al final, lo dejó escapar

en escenas de amor y odio

donde se ubicó la noche.

Un bus, un mostrador y otra sonrisa.


Libro de Visitas

Pablo Herrero Coira ©

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