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Será mostrado si existe

Top 10 películas más taquilleras en España Top 5 películas más taquilleras en Estados Unidos



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Escrito por Mplanet el 10/05/16

Toro Salvaje Pinche en el enlace para votar

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Mi breve experiencia cinematográfica

Cuando somos niños, el cine te parece maravilloso. Cuando somos adultos, también, pero para un niño es algo mágico y fascinante porque consigue trasmitirle algo que a los adultos no nos llega, al menos, no de la misma manera ni radia de la misma forma. Los niños, bajo mi punto de vista, consiguen creerse (en mayor o menor medida) todo aquello que ven y lo interiorizan de una manera muy desigual a la que estamos acostumbrados los adultos.

Cuando tenía unos ocho o nueve años me maravillaba el cine de Steven Spielberg , la saga de Indiana Jones (1981, 1984, 1989), E.T (1982) o Tiburón (1979) eran mis favoritas. También me entusiasmó mucho El Imperio del Sol (1989) y recuerdo el ir con mi madre al cine el día de su estreno. De todas ellas, me quedo con Tiburón, la habré visto más de quince veces (y no exagero!) Recuerdo ponerla casi todos los días (al menos aquellas secuencias que valía la pena volver a re visionar) escuchar su banda sonora e incluso llegué a tener varios dientes de tiburón que iban siempre conmigo. Cuando iba a la playa, tenía un miedo atroz y no quería, bajo ningún concepto, que el Tiburón de Steven Spielberg viniera a por mí y me hiciera en mil pedazos. Creo (de hecho, estoy seguro) de que Spielberg lo tenía claro y consiguió engendrar un miedo relativo a los bañistas que acudían a la playa. Para mí es una obra maestra y merece un artículo aparte.

Sobre la misma época, vi por primera vez una película de terror llamada Pesadilla en Elm Street (1984). Dicha película consiguió que no durmiera en días, que me tapase con la manta hasta las cejas, que viera sombras donde no las había y cualquier sonido o crujido omitido por la casa, era suficiente para creer que Freddy Krueger estaba en mi cuarto afilando sus largas e increíbles cuchillas.

Después teníamos la magia y la ingeniosidad de Robert Zemeckis con Regreso al Futuro (1985) o la divertida y terrorífica Gremlins de Joe Dante (1984). Fue, sin lugar a dudas, un maravilloso periodo en el que no parabas (al menos yo) de absorber el perspicaz cine de la década de los 80. Qué tiempos aquellos.

Tiburón

En cuanto a la animación nunca fui muy de Disney la verdad, pero si hubo una que me cautivó en exceso, del mismo modo que hacía con la de Tiburón, lo hacía con Fantasía (1940), y la veía día tras día. Pronto llegó el Anime procedente de Japón (Dragon Ball, Akira, Ranma, El Dr. Slump etc…) y para mí, Disney pasó a un tercer plano y calló prácticamente en el olvido.

A medida que fui creciendo y la niñez se transformó en la impertinencia que conlleva la adolescencia, fui viendo películas con tramas mucho más complejas y serias. Enseguida me sedujo el cine de los 70, aunque también contemplaba el de los 80 y los 90. Lo veía todo y me empapaba de mucho. Rocky (1976), por ejemplo, es una de mis películas preferidas y creo que el personaje que desarrolla Sylvester Stallone es uno de los más bondadosos y afables de la memoria histórica del séptimo arte. Su conmovedora historia y una estupenda música de Bill Conti, acompañan inmortales escenas y secuencias ya míticas en el recuerdo colectivo de algunos cinéfilos.

Rocky

Hay mucha gente que desprestigia y detesta a Rocky por el simple y llano hecho de que es Sylvester Stallone quién protagoniza la película. Si en vez de Stallone hubiese sido Steve McQueen (por poner un ejemplo) el actor que interpreta a Rocky, la cosa hubiese sido bien distinta y en la actualidad sería un clásico mayor. Rocky ya es un clásico de por sí, pero creo, que serían palabras mayores si la hubiese interpretado otro actor del calibre de McQueen, Al Pacino… El problema que ha tenido Stallone es su encasillamiento en papeles de “hombres duros”, pero para nada empezó mal su carrera como actor y Rocky no sería la misma si no la hubiese hecho él.

El entusiasmo que me propaga Rocky viene dado de la admiración que mi hermano siente por la película y el personaje en sí. Él me influyó en el visionado de películas clásicas americanas y no he parado desde entonces.

A partir de ese momento, el cine de los 40 y 50 hacia adelante, fueron más que un entretenimiento para mí, y a día de hoy, forman parte casi de mi día a día, con la añadida revelación del magnífico cine clásico que también se hizo en Europa o Japón.

Taxi Driver (1976), La Naranja Mecánica (1971), French Connection (1971), El Padrino (1972), La Conversación (1974), Kramer contra Kramer (1979), Annie Hall (1977), Manhattan (1979), Tarde de Perros (1975), Barry Lyndon (1975), Dersu Uzala (1975), Serpico (1973) Gritos y susurros (1972), Amarcord (1973), Perros de Paja (1971), Apocalypse Now (1979)… Podría seguir y la lista se haría interminable nombrando el excelente y mastodóntico cine que se hizo en los años 70 de casi cualquier país y procedencia. Tiene algo de especial, su color, su potencia visual… no sabría explicar con palabras lo que el cine de finales de los 60 hacia finales de 70 me suscita. Por aquel periodo, los guiones estaban muy ligados a historias y argumentos basados en la mafia, el género policiaco, el político, el conflicto bélico o el erotismo. Después tenemos las localizaciones urbanas de ciudades como Nueva York (casos de French Connection, Serpico, Taxi Diver) o Filadelfia (Rocky) que demuestran la decadencia real de su época con pocos o mínimos retoques.

El cine americano de los años 40 y 50 (el cual adoro) maquillaba sus ciudades con estupendos decorados y las calles eran transitadas por ciudadanos perfectamente vestidos, sus figurantes y protagonistas se les veía felices, los coches estaban impolutos, las casas, perfectamente limpias y cuidadas poseían un perfecto jardín lleno de flores, el sol brillaba y los días eran maravillosos…

Por aquella época reinaba el cine negro, pero sobre todo el melodrama más ñoño, los musicales y la comedia con finales felices, además de no saltarse la censura y que por supuesto, el film no tuviera ninguna connotación comunista. Era un cine demasiado rígido si lo comparamos con el cine que se hacía en Europa. Era una de las muchas maneras que tenían de hacer creer a su sociedad de lo bien que estaban, de lo bien que vivían y de lo acomodados que se encontraban. En aquel periodo, la TV y el cine, tuvieron un papel muy embaucador.

Por el contrario, el cine de los 70, más transgresor y experimental en todos los sentidos, se mostró mucho más realista con la situación actual en la que vivían los norteamericanos: la droga, la mafia, el espionaje, las conspiraciones, las guerras, el racismo, la corrupción política etc… Todo ello se llevó a cabo de una manera mucho más veraz y fiel a la realidad de lo que se hacía en épocas pretéritas.

Una nueva oleada de cineastas americanos e independientes como Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, John Cassavetes (pionero en el cine underground), Woody Allen, Peter Bogdanovich, Terrence Malick o directores medianamente consagrados como Sidney Lumet, Stanley Kubrick o el gran Sam Peckinpah hicieron del cine un mundo lleno de controversia mostrando historias y secuencias, que años anteriores hubiesen sido impensables o directamente censurables. El pistoletazo de salida fue por parte de la descarriada y despampanante Easy Rider de Dennis Hopper (1969).

En la Europa de los años 50 y 60 la cosa era bien distinta, el cine era bastante más libre y al fin y al cabo, más artístico (si hablamos de la libertad que poseían los directores franceses como Godard, Bresson o Truffaut, el sueco Ingmar Bergman o el triunvirato italiano formado por Fellini, Visconti, Pasolini).

En mi opinión, el arte va muy ligado a la libertad de expresión que un autor (en este caso, el artista y a su vez, el director de cine) quiere hacer de su obra. Sin ir más lejos, a un pintor no le dices ni qué ni cómo ha de pintar, ni qué colores ha de utilizar ni el tipo de trazo que ha que ha de hacer… Sería un crimen si le hicieras eso a un pintor, perdería toda su esencia y “su arte” y el concepto que todo ello conlleva se esfumaría como el humo de tabaco. Pues con la música o el cine, debería ser, si no, lo mismo. Aquí no hablo de dinero, ni de recaudaciones, hablo de la libertad artística y a veces, nos olvidamos de que el cine es un arte y como tal, se ha de cuidar, pensando por supuesto, en el público que paga por ver tu película. Uno puede ser fiel a sí mismo y pensar en los espectadores al mismo tiempo, o al menos eso mismo pienso yo.

Kubrick no gustaba a todo el mundo, pero tenía su público, Orson Welles, no gustaba a todo el mundo, pero a la larga han sido reconocidos como lo que son, unos genios del séptimo arte. Ninguno de estos dejó de ser quiénes fueron y consiguieron dejar una estela que aún perdura. Estoy seguro, de que hay mucha controversia al respecto y todas las opiniones son o pueden, en algunos casos ser válidas, pero en cierto modo (y creo que es un hecho más que una opinión), cuando un artista “se vende” y deja de ser el geniecillo que lleva dentro para llegar a un público más amplio y así amansar más riqueza, pierde el carácter artístico propio que todo lo que ello implica y acaba siendo una marioneta sin tener prácticamente ideas propias, me refiero a esas ideas que surgen directamente desde el corazón del artista. Estoy seguro de que todo lo que digo está lleno de matices y habrá de todo, pero creo que algo de verdad hay.

Actualmente, existen directores de cine que trabajan para grandes productoras y disfrutan de una completa y absoluta libertad en el modo de dirigir sus propios trabajos. Es complicado jugar con dinero de Hollywood y tener “carta blanca” al mismo tiempo. Directores como Woody Allen, Francis Ford Coppola, Spike Lee o Martin Scorsese son claros ejemplos. Hacen y deshacen a su antojo y no rinden demasiadas cuentas. Como ya he comentado, Stanley Kubrick hacia lo mismo, de la misma manera que lo hacían Billy Wilder, Fritz Lang u Orson Welles. Eran dueños de sus propios films y ese es el mayor logro y reconocimiento que puede tener un director de cine independientemente de si el film tendrá o no éxito.

Algunos por la época que les tocó vivir, tuvieron que jugar y hacérselas ver con la censura dando rienda suelta a su imaginación, con lo cual lo veo mucho más complicado. Alfred Hitchcock era uno de los más talentosos a la hora de enmascarar la censura.

Woody Allen con la mediocre What's Up, Tiger Lily? (1966) y después con la desternillante Take the Money and Run (1969) demostró que se podía hacer del humor algo absurdo y jocosamente diferente lleno de enredos y fantasiosas locuras. Aunque también supo demostrar que podía hacer obras de corte más serio y dramático y mezclar ambos géneros como el cómico/dramático. Interiores (1978), Septiembre (1987) u Otra mujer (1988) son casos donde refleja solo el caso melodramático, siempre influenciado por sus dos referencias cinematográficas como son Federico Fellini y sobre todo Ingmar Bergman.

Allen no ha parado desde entonces, y cada año nos ofrece una obra que merece, por lo menos prestarle atención. También es cierto, que no es el mismo Allen de los 70, 80 y hasta los 90. En mi opinión, sus últimas películas están (más o menos) presentables, pero dejan mucho que desear si las comparamos con obras pasadas.

Woody Allen

En cuanto a Francis Ford Coppola estuvo muy a la altura a principios de los años 70 realizando su película más aclamada, El Padrino (1972) con un Marlon Brando espectacular como siempre. Posteriormente nos regalaría verdaderas obras del séptimo arte como El Padrino II (1974) o La Conversación (1974) protagonizada por el gran Gene Hackman. Por último, y después de años de rodaje llegaría la excesiva, barroca y colosal Apocalypse Now (1979). En la ceremonia de los Oscar, Coppola dijo lo siguiente: “Ésta no es una película sobre la Guerra de Vietnam, esto es Vietnam”. El rodaje de Apocalypse Now fue una tortura y un desgaste físico y emocional para los que participaron en ella. Actores de un nivel considerable como Al Pacino, Robert Redford, Jack Nicholson o Steve McQuenn denegaron la oferta de Coppola para participar en el basto proyecto.

Apocalypse Now

Spike Lee entró de lleno en el cine con She's Gotta Have It (Nola Darling) (1986). Un falso documental que con un presupuesto irrisorio, pocos medios y en blanco y negro, llegó hacer de Nola Darling, una más que respetable y buena película indie. La música corre a cargo de Bill Lee, padre del director y músico de jazz clásico. Su hermana Joie Lee, colaboradora habitual de sus películas, también aparece. Spike demostró su descaro y fomentó (como nadie lo había hecho antes) el conflicto racial en sus películas siendo uno de los pocos directores afroamericanos del momento.

Con sobresalientes y preciosas imágenes de la ciudad de Nueva York, un guion más que aceptable y una recaudación considerable (cuadriplicando lo que había invertido) vendrán más y mejores films de la talla de Do the Right Thing (Haz lo que debas) (1989), Mo' Better Blues (1990), Jungle Fever (Fiebre Salvaje) (1991), Malcolm X (1992) o su mejor película hasta la fecha, 25th Hour (La última noche) (2002).

Do The Right Thing

Son palabras mayores cuando hablamos de Martin Scorsese, estamos ante un peso pesado de la industria cinematográfica, que se ha ganado a pulso el ser uno de los directores con mayor trayectoria. Bien podría englobarse dentro del cine clásico o moderno y encajaría tan bien en uno y en otro. Sus influencias son tan dispares como lo es su cinematografía. Gran admirador del neorrealismo italiano de Roberto Rossellini o De Sica, como lo es también de la nouvelle vague francesa, pero a su vez, también le entusiasman las amargas historias suecas de Bergman. ¿Y qué decir del cine negro americano de Orson Welles, Howard Hawks u Otto Preminger del que tanto ha mamado? Sin olvidarnos de los maestros del cine japonés como Kenji Mizoguchi, Yasujiro Ozu o Akira Kurosawa, del cual es un fan incondicional.

Para Martin Scorsese el influjo absorbido por todo ese cine visto hasta ahora ha sido crucial para su carrera como lo es también para la gran mayoría de directores. Pero también es cierto que ha sabido crear una impronta, un sello, su sello, único y personal que lo consagra como uno de los mejores cineastas del siglo. Ahí quedan para la eternidad: Malas Calles (1973), Alicia ya no vive aquí (1974), Taxi Driver (1976), Toro Salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990), Casino (1995) o su última gran película El lobo de Wall Street (2013), hasta su opera prima ¿Quién llama a mi puerta? (1967) es bastante más que aceptable si contamos que era un cineasta nobel.

De todas estas grandes obras maestras del cine que son, yo me quedo con Toro Salvaje. Para mi es la mejor película de la historia del cine. Se dé buena tinta que hay tantas y tan buenas creaciones cinematográficas a lo largo y ancho en la historia del celuloide que es difícil escoger una.

También sé que pueda haber una superior a Toro Salvaje o ¿quizá no? difícil de saber, ¿no creéis?… ¿Sabéis una cosa? El cine es muy arbitrario, no existe la mejor película de la historia, como tampoco existe el mejor director de la historia, ni el mejor actor, ni la mejor soundtrack etc., etc., etc. Las listas son muy banales y carecen de sentido. Es como decir que existe la mejor canción de la historia.

Están bien para documentarse, pero no van más allá de la mera curiosidad. A mí me gustan las listas cinematográficas, listas hechas por un puñado de eruditos cinéfilos procedentes de todas partes del mundo donde cada uno de ellos, vota y decide cuál es la mejor película de todos los tiempos siguiendo sus criterios cinematográficos. Casi siempre en estas listas ya sean la del Instituto de Cine Británico o del American Film Institute aparecen Ciudadano Kane de Orson Welles (1941) o Vértigo de Alfred Hitchcock (1958), seguidas de Historias de Tokio de Yasujiro Ozu (1953), La regla del juego de Jean Renoir (1939) o Sunrise de Murnau (1927) todas ellas enormes películas, no diré que no, pero no demuestra nada, porque para un servidor hay de mejores como por ejemplo 12 hombres sin piedad de Sidney Lumet (1957) y no aparece ni en las 10 primeras.

Para otro aficionado al cine, puede que su mejor película sea una que ni te imaginas… ¿Quién sabe? Lo que si es cierto es que las listas oficiales prometen, y prometen buen cine, de eso estoy seguro y por eso mismo les hecho un vistazo, de hecho me encantan, yo mismo hago mis propias listas, pero de ahí, a decir “la mejor de la historia” hay un trecho enorme.

A día de hoy, he mamado el suficiente cine como para decir que Toro Salvaje es “la mejor para mí”. Tengo bastantes argumentos para demostrarlo y otros bastante más difíciles de revelar, ya que a veces los sentimientos que te produce el visionado de una película o una canción mismo, son inexplicables. Hay sentimientos que no se pueden explicar con palabras porque son sensaciones, efectos enigmáticos e incomprensibles que solo el corazón conoce.

Jake La Motta me dejó los puños bien marcados y lo hizo para los restos. Nunca he pensado en tener “una mejor película”, he visto tantas y me gustan tantas que me es difícil y complicado escoger una. Siempre tuve en mente a Toro Salvaje como mis preferidas, pero nunca que fuera “la mejor”.

El viernes de un 7 de agosto del 2015 quedé con un buen amigo (cinéfilo hasta los topes) con la genial idea de ir a la Filmoteca de Catalunya a ver Toro Salvaje. Me imaginaba su precioso blanco y negro, su música y sus interpretaciones así como escuchar su magnífica banda sonora musical. ¡Y en una pantalla grande de cine! ¿Cómo voy a faltar a un evento así? Después de ver la película (que ya había visto por lo menos unas tres o cuatro veces) y estar embelesado durante dos horas ante las portentosas interpretaciones de Robert De Niro y Joe Pesci, sus poderosas secuencias y la muy acorde y magnífica música de Piero Mascagni, decidí, aquella misma noche, que Raging Bull dirigida por Martin Scorsese y estrenada en 1980, sería mi película preferida.

Luz al final del túnel

En los años 70 Martin Scorsese gozaba ya de cierto prestigio y reconocimiento. Aún era joven y ya había rodado alguna que otra buena película y alguna que otra obra maestra considerando la obra de Taxi Driver. A finales de esa misma década, el bueno de Martin estaba sumido en una espiral de malas y triviales amistades, drogas y fiestas. Su estado psíquico era lamentable y su aspecto físico (llegó a pesar 49 kilos) desconsolador. En 1978 es ingresado de Urgencias en el New York Hospital debido a una hemorragia interna. Durante esos días de ingreso, Robert De Niro lo visitaba con frecuencia y le decía que sería magnífico que a la que estuviera en condiciones se metieran de lleno en un nuevo proyecto, un proyecto en el que De Niro llevaba años rondándole por la cabeza. Ese proyecto sería el largometraje de Toro Salvaje:

"Físicamente yo estaba muy mal. Pase cuatro días en el hospital entre la vida y la muerte. Tuve suerte y sobreviví, la crisis pasó. Mi periodo suicida ya ha terminado. Bobby (De Niro) vino a verme. Ya no tenía fiebre. Hablamos con el corazón en la mano: querer matarse trabajando; soñar con una muerte trágica; llega un momento en que hay que dejar de decir tonterías, aunque a veces sea más fuerte que tú. “¿Sabes? – me dijo Bobby- ¡Podemos hacer ese film!”. Él tenía tres o cuatro guiones que habían sido escritos entretanto y todos habían sido rechazados. Como no me gustaba ninguno, no les había prestado atención. Hablamos de nosotros mismos. Y cuando Bobby me dijo, a quemarropa: “Escucha, creo que podemos hacer una gran cosa con esta película”. ¿Quieres hacerla?, le dije que sí, embravecido; acepté. Todo se había vuelto muy claro, ya entendía perfectamente el personaje. Lo que yo acababa de pasar, Jake La Motta lo había experimentado antes. Los dos lo habíamos vivido a nuestra manera: la herencia católica, el sentimiento de culpabilidad, la esperanza de una redención. Se trata, ante todo, de aprender a aceptarse a uno mismo. Eso era lo había comprendido en el instante en que, sin saber muy bien lo que decía, contesté que sí. Lo que me fascinaba de Jake La Motta era su lado autodestructivo, sus emociones más primarias. ¿Qué hay más primitivo que ganarse la vida machacándole la cabeza a otro tío hasta que uno de los dos cae o de detiene?"

Toro Salvaje (Escena)

Toro Salvaje nace justo en ese momento, momento en que Martin Scorsese se despierta de la pesadilla que casi le cuesta la vida. Su amigo Bobby le despierta a trompicones (después de varias visitas) y le hace ver que hay luz al final del tunel. -“¡Podemos hacer ese film!”. “Escucha, creo que podemos hacer una gran cosa con esta película”- le decía el gran De Niro- Así que Toro Salvaje nace a raíz de la amistad, de la redención y la salvación de un hombre con la ayuda de otro hombre. Exacto, hicieron una gran película.

El proyecto se pone en marcha

Robert De Niro llevaba mucho tiempo con la idea de rodar Toro Salvaje, de hecho, se le pasó por la cabeza en el rodaje de El Padrino II, cuando entre acto y acto leía la biografía de Jake La Motta. En seguida se vio inmerso en el papel. Hizo y re hizo el guion por cuenta propia, hasta que al final, inmersos ya en el proceso de empezar algo, fue Mardik Martin quien se puso manos a la obra con el guion en 1978. Poco después abandona el proyecto y Scorsese le recomienda a De Niro que el guion se lo entregue a Paul Schrader (colaborador habitual de él y quién realizó el guion de Taxi Driver) Éste, con mano maestra, acabó de pulir, de perfeccionar y limar un guion dotado de una estructura a partir de enorme y extraordinario flashback. La película empieza justo por el final, cuando Jake La Motta está a punto de recitar uno de sus monólogos en un bar de mala muerte. Acabado, gordo, sin nada ni nadie, triste y siendo el peor chiste de sí mismo.

Una vez Schrader finalizó el guion se lo entregó a Scorsese para que lo revisara y lo retocara en caso de que hiciese falta. Schrader le dijo lo siguiente: "Te sacaste “Malas Calles” de las entrañas. Haz lo mismo, pero esta vez confórmate con dos o tres personajes. No podrás con cuatro". Así que Scorsese coge el guion y con la ayuda fundamental de su amigo Bobby se van a una Isla y allí mano a mano consiguen modelar y completar el guion.

En sintonía con el castigo

Su personaje es un ser herido, con un gran sentimiento culpabilidad e inferioridad ante los demás que le obliga a ser una persona muy autodestructiva consigo misma y con la gente que le rodea. Celoso, pendenciero, fatuo, egoísta, inseguro, masoquista, controlador, desconfiado, violento… son algunos de los rasgos característicos que demuestra Jake La Motta en el film. Aun así, el espectador consigue empatizar con él, por muy mal que se porte con su hermano y manager Joey (Joe Pesci) y por muy cruel y egoísta que pueda ser con su mujer y con las personas de su entorno, sientes cierta compasión cuando le apalean en el ring o cuando está en la cárcel y dice aquello de: “no soy un animal!” llorando, pegando y aporreando la pared a base de puñetazos como si de un combate se tratase, “nos soy un animal!!!” decía. Cuando llora de manera desconsolada por haberse dejado ganar (a causa de la presión ejercida por la mafia italo-americana) en un combate, logras de alguna manera estar en sintonía con él y exista cierta comunión con el espectador pese a que La Motta sea un monstruo con la gente que en teoría quiere.

Cuando Sugar Ray Robinson le proporciona una paliza inolvidable y está impecablemente filmada, la sangre chorrea y corre a borbotones, quizá es algo exagerado cuando la misma, salpica al público sentado en primera fila. Esa exageración, un tanto desmedida me encanta, es salvaje. Típica escena muy propia del mejor Scorsese o del mejor Tarantino. Aquí, Jake La Motta demuestra su lado más masoquista y se plantea que quizá se merezca tal paliza, es una manera de autocastigarse, de poseerse así mismo un rencor que no le deja vivir, sabe qué hace daño a los demás, y que su autodestrucción, en parte, destruye a los demás. Sugar Ray Robinson le pega y le pega sin pausa alguna, pero La Motta se deja, no retrocede ni ápice, quiere que le pegue más y más y Robinson acaba dejándole la cara como un mapa.

Para La Motta, son momentos en los que se castiga así mismo y en cierto modo es la manera que tiene de redimirse. A él no le importa la paliza, de hecho quiere que le peguen, como cuando le dice a su hermano Joey que le pegue en la cara. Joey piensa que está loco y no quiere hacerlo, de ninguna de las maneras no quiere pegar a su hermano. Pero la tozudez y la provocación muy propias de La Motta consiguen que su hermano se ponga furioso y le perpetre una serie de golpes violentos llenos de rabia.

Al principio de visionar la película no sabía por qué de demonios quería que su hermano Joey le pegara, porque en el film no hay explicación alguna. Con el tiempo, la vuelves a ver y te documentas y consigues entender el porqué de todo. La Motta creía que se merecía esa serie de puñetazos y creía que se merecía la paliza propinada por Sugar Ray Robinson. Era la manera de autocastigarse y de esa manera estar en paz consigo mismo y con los demás.

En el combate contra Sugar Ray Robinson algunas de las imágenes grabadas van a cámara lenta y en primeros planos, demostrando todo tipo mínimos y máximos detalles: la sangre fluye por el cuerpo, los entrenadores que están en el cuadrilátero le hacen masajes y, con esponjas bañadas en agua, presionan el fibroso pero a la vez dolorido cuerpo de La Motta. El agua se diluye con la sangre, y juntas, corretean por el lastimoso torso del boxeador. Se percibe de forma muy precisa los cortes y las magulladuras en el rostro. La respiración de uno y de otro se oye casi en un primer plano sonoro, con el efecto añadido de una reverberación. El vapor humeante de sus cuerpos flota en el aire como si de un volcán se tratase, como si estuvieran a punto de estallar. Los periodistas fotográficos retratan la pesarosa escena como si fuera la última instantánea que hacen en su vida y los flashes producidos por dichas cámaras saltan de aquí para allá provocando un sonido intenso y potente casi en un primerísimo primer plano sonoro. Entretanto, en la secuencia se divisa una suave pero gruesa música de fondo, casi imperceptible y casi silenciosa mientras se oye la voz en voz en off del comentarista.

Acto seguido, Ray le va a dar el último golpe, la cámara se paraliza y se queda durante unos segundos en pausa observando a Sugar Ray en un plano medio americano, como si fuera La Motta quién lo está viendo, si no recuerdo mal. Sugar hace lo mismo mirando a la cámara, el silencio es absoluto exceptuando un pequeño, casi inaudible gruñido de un felino que procede de la ronca respiración de Sugar Ray Robinson. Este diminuto detalle sonoro, pero a la vez enorme, hacen que el cine sea maravilloso. El silencio sigue cuando en un primer plano e iluminado a contraluz se ve el puño alzado de Robinson a punto de darle un último derechazo a La Motta. Cuando el combate finaliza y Robinson es el ganador sin que La Motta haya caído, el mismo se le acerca tambaleante con la cara destrozada y sin apenas poder articular palabra y le dice a Robinson: “No me has derribado Ray… no me has derribado”.

Tomándose el papel muy en serio

Estuvieron más diez semanas para rodar solo los combates y otras diez para todo lo demás, añadiendo los tres meses extras que Robert De Niro se fue a Italia para engordar nada más y nada menos que treinta kilos.

De Niro es de aquellos actores que se meten de lleno en el personaje, siguiendo las estructuras de El Método, que no son más que unas técnicas teatrales desarrolladas a partir del Sistema Stanislavski. Paul Newman, Al Pacino, Marlon Brando, Harvey Keitel entre muchos otros siguieron esta disciplina. Se trata de explorar, escudriñar e indagar en el interior del actor. Recordar su pasado, recuerdos que le produzcan una sensación, ya sea desagradable o no, pero la sensación de la que hablo ha de estar ligada con el personaje que se ha de representar. Los actores que personifican papeles dramáticos hurgan en sus heridas más profundas, traumas del pasado, momentos amargos e incómodos etc… También se destaca por vivir durante un periodo de tiempo de la misma manera que lo haría el personaje a representar.

Christian Bale cuando rodó El Maquinista (2004): “desarrollé una estúpida sensación de imbecilidad”. Por no hablar de la extrema pérdida de peso, unos 28 kilos, donde perturbó su estado de ánimo y su psique. Lo mismo podríamos decir de Matthew McConaughey con Dallas Buyers Club (2013) en que perdió 18 kilos para representar a un enfermo de Sida. Aunque el lado más extremista lo tiene el actor Shia LaBeouf donde estuvo una temporada tomando ácidos para meterse en el papel de una película llamada Necessary Dead of Charlie Countryman (2013). El actor, que también trabajó a las órdenes del polémico director Lars Von Trier en la exagerada, erótica y casi pornográfica Nymphomaniac (y en que firmó un contrato en el que sexo debía de ser explícito) dijo lo siguiente: “necesito saber que hay en la mente de una persona que toma ácido”.

Robert De Niro pasó varios días con el auténtico Jake La Motta para descubrir su personalidad y hurgar en ella, saber cómo era, que pensaba y qué historias sobre su pasado le contaba. Le enseñó su manera de boxear, se fijó en sus gestos… se empapó al extremo y personificó a Jake La Motta de manera magistral.

También estuvo varios meses viviendo con Joe Pesci para reflejar de la mejor forma posible la fraternidad que los une en el film. Tanto uno como el otro se tomaron muy en serio sus respectivos papeles.

Toro Salvaje

Robert De Niro habla al respecto sobre el porqué quiso engordar:

"La idea de engordar para la película fue mía. Es posible que hubiera podido evitarlo, hacer trampa, no lo sé. Pero algo que me apasiona es experimentar las posibilidades físicas que tengo como actor, y enfrentarme con una transformación era una tentación demasiado grande. La idea de aumentar de peso, de que mi cuerpo se deteriorase… Es algo fuerte, visualmente hablando. Sobre todo, en cine. Según como sea tu físico no tienes la necesidad de explicar nada. Estás ahí, eso es todo. Aumenté más de 20 kilos en tres etapas, y conforme lo hacía me sentía más y más como el personaje. Me costaba caminar, me costaba respirar. Me rozaba la parte interior de los muslos, mi vientre se volvía tenso… y yo empezaba a odiarme a mí mismo, lo que redundaba en beneficio de mi interpretación, porque Jake La Motta se sentía muy mal a sí mismo. Pero antes de empezar no sabíamos si el aumento de peso iba a resultar, así que Marty (Scorsese) y yo hablamos mucho de ello, experimentamos, durante semanas me filmó en vídeo y luego pasábamos la cinta y discutíamos. Luego nos dimos cuenta de que era la única forma de interpretar a Jake La Motta."

Otra las grandes interpretaciones que hay en el film es la de Joey. Su caracterización fue lo más trabajado en el guion de Schrader. Cuando Jake La Motta le pide a su hermano Joey que le pegue en la cara, lo hace en serio y le pega una serie de puñetazos reales en el rostro. Después Robert De Niro hizo lo propio partiéndole una costilla cuando La Motta entrena en el gimnasio. Hay muchas de secuencias en las que improvisan sobre la marcha y quedaron realmente auténticas. Para mí son un dúo de actores magistrales y ver a los dos en pantalla es toda una experiencia, véanse casos como los de Casino o Uno de los nuestros. Un espectáculo oiga.

Robert De Niro y Jake La Motta

La producción, el montaje y la postproducción

La producción corrió a cargo de Chartoff-Winkler Productions, productora perteneciente a Irwin Winkler y Robert Chartoff quienes ya habían estado a las órdenes de Scorsese con New York, New York (1977) y habían sido responsables de una de las películas de boxeo más afamadas de la historia del cine: Rocky (1976). Leí en un libro que unas de las primeras peticiones era que el film debería estar rodado en blanco y negro. El color fue excluido debido a que Martin Scorsese estaba en contra de la utilización del Eastmancolor, que según él, dañaba y menoscababa el colorido de las películas. Utilizó esta opción para manifestarse y reafirmar su descontento. Por consiguiente, optó por el blanco y negro por pura estética, por la fuerza y la belleza de sus imágenes además de situarse en el periodo y época en la que se basa el film.

El blanco y negro se excluyó solo en una secuencia para diferenciarla del resto y fue una idea muy acertada: primer plano de la mano de Jake La Motta sumergida en un cubo lleno de agua y hielo, la imagen aún está en blanco y negro y de pronto, la música de Piero Mascagni: “Silvano: Barcarolle”, con sutileza, hace su aparición y empiezan a salir una consecución de imágenes y fotografías en las que Jake La Motta pelea en diferentes rings y en diferentes fechas. Acto seguido, hacen su presencia una serie de videos en color, un color sucio y gastado porque está grabado con una cámara doméstica, de aquellas que iban con cinta magnética. Los vídeos demuestran una elipsis, un salto en el tiempo y en el espacio en la vida pasa y se mueve, mientras la preciosa música de Mascagni suena de forma armoniosa sobre la existencia de Jake, su mujer, Joey y los suyos. En tres minutos de imágenes y música consiguen condensar tres años de vida. Es una de las mejores secuencias del film.

Scorsese quería desarrollar un film realista y sofisticado. A excepción de algunas escenas del ring, la mayoría de secuencias fueron hechas en escenarios reales del barrio del Bronx. Fue realmente dificultoso dado que el rodaje de los interiores están hechos en apartamentos originales del Bronx donde suelen ser extremadamente pequeños y estrechos. La colocación de las cámaras, la iluminación… fue todo muy complicado. A todo esto, hay que añadir el calor de principios de la primavera, la primavera del 79 para ser exacto.

Una pieza fundamental de la película es Thelma Schoonmaker quien fue la encargada del montaje. Pieza clave en muchísimas películas de Socrsese y ya habían coincidido en Quién llama a mi puerta y Malas Calles y más adelante en el documental de El último vals. Después de hacer el montaje de Toro Salvaje, Scorsese contaría con ella para todos sus posteriores films.

La postproducción fue extensa y complicada y una de los momentos de gran complejidad (aunque parezca que no y la gente no acostumbre pensar en ello) fue la banda sonora musical. La soundtrack central está en el intérprete clásico Piero Mascagni con la inmortalizada “Caballeria Rusticana” en la introducción del film. Después como ya he comentado con anterioridad está “Silvano: Barcarolle” donde ocurre la mencionada elipsis de tres años.

Antes comentaba que a veces las cosas te gustan sin más, no hay explicaciones ni tecnicismos que lo resuman. Simplemente lo encuentras maravilloso. El ¿por qué? Ni idea, solo sabes que sale en pantalla un boxeador. Se aprecia su soledad, un ring que lo rodea y un fondo en blanco y negro lleno con cierta neblina. La secuencia se muestra en cámara lenta (una constante en la película) y está ese boxeador llamado Jake La Motta. Se le ve ágil, saltando, casi bailando con un estilo rítmico muy propio de los boxeadores. En ese preciso momento, si es la primera vez que ves el film, es probable que no sepas nada de él, pero no te importa. Solo sabes que la música es idónea a la imagen que la envuelve también. En ese instante vives el presente, no te importa nada, ni cómo ni qué pasará en la película. Solo sabes de tu perplejidad al ver fotografía tan espléndida e intensa. La música es suave, la imagen lenta y aun así la secuencia adquiere una fuerza bruta pero fina al mismo tiempo. Solo con la introducción, sabes que vas a ver algo que merece realmente la pena.

Pero la banda sonora musical (y repito lo de musical, porque banda sonora engloba a todo el conjunto de audios producidos en un film incluyendo los diálogos, sonidos etc…) no fue nada fácil, Scorsese seleccionó él mismo toda música. La música hace que la escena, la acción y en definitiva la narración cinematográfica en general adquieran un sentido y un qué.

A excepción de Taxi Driver donde contrató a nada más y nada menos que al legendario Bernard Herrmann, Scorsese nunca contrata a músicos para las bandas sonoras de sus films. Siempre es él quien hace la selección porque, ¿quién mejor que el director? Todo está en su cabeza, él sabe mejor que nadie que música cuadra con la historia que quiere contar. Se la imagina de una forma concreta y él da las instrucciones de cómo quiere que se haga su película. Así que Scorsese sabe de sobras qué música le pega a sus films y nunca se equivoca.

En la época en la que está basada la película, la música sonaba a diestro y siniestro por las calles de los distritos del Bronx y Brooklyn o el barrio negro de Harlem al norte de Manhattan. Los clubes eran sótanos decrépitos llenos de humo y olor a alcohol y como siempre, y así la historia lo demuestra, Nueva York siempre ha sido un hervidero musical en plena ebullición y por aquellos locos e intensos años 40, 50 y 60 se inhalaba toda una mezcla de estilos dispares tales como el jazz, el soul, la música latina o la italiana.

En años posteriores la ciudad de Nueva York poseería una increíble e inagotable fusión de estilos, géneros y subgéneros. Allí nacería el hip hop, el disco y el punk (aunque creado en el Reino Unido) evolucionaria a cosas más abstractas y electrónicas. Además la multiculturalidad de la ciudad da para que se oigan estilos musicales muy diversos. Pero ese es otro tema.

En Toro Salvaje se oyen cosas como: Benny Goodman And His Orchestra Jersey Bounce, Ella Fitzgerald Featuring The Ink Spots Cow-Cow Boogie o Artie Shaw And His Orchestra, Louis Prima y Keely Smith, Frank Sinatra, Marilyn Monroe, Robbie Robertson, Nat King Cole, Tony Bennett, Renato Carosone… Jazz, latin, soul y música de raíces italoamericanas suenan constantemente. Si os fijáis, la mayoría o mejor dicho, muchos de los de temas que suenan, lo hace de forma sutil y algo atenuada, la música está en la calle, en el ambiente, pero muy pocas veces (aunque si algunas) en un primer plano sonoro. El diálogo adquiere un protagonismo superior en casi todas las escenas, pero la música de fondo lo acompaña a la perfección.

Cuando Joey y La Motta aparecen por los exteriores de la ciudad o cuando el mismo La Motta está con su mujer en la piscina, se oye música de jazz, soul etc… pero casi todas y cada una de esas canciones están en un tercer plano sonoro. Están en el ambiente, porque el ambiente de aquellos periodos era así. Podríamos afirmar que en el film la mayoría de las veces la música es diegética, por lo tanto, quiere decir que está dentro de la secuencia.

Lo mismo pasaba en los años 60 y 70. La música afrocubana, el soul y estilos diversos salían de entre las ventanas abiertas de par en par. Las calles neoyorquinas eran un festín absoluto, por no hablar de la música que se tocaba en la calle. Ese es el recuerdo que yo tengo sobre el audio musical de Toro Salvaje, la música está en el ambiente de forma objetiva y poca de ella en forma subjetiva (extradiegética). Los casos más sonados del audio musical subjetivo son el inicio del film con la música de “La Caballeria Rusticana”. En el nudo cuando aparece la secuencia en color y su famosa elipsis, y en desenlace cuando vuelve hacer su presencia la música de Piero Mascagni… y puede que alguna más, pero ahora no lo recuerdo con claridad.

El sonido de exteriores no se grabó al instante del rodaje sino que se hicieron posteriormente, de ahí que la postproducción de sonido fuese tan compleja.

"El sonido fue particularmente difícil –añade Scorsese-; era necesario que cada golpe, cada chasquido y cada flash de una cámara de fotos fuera diferente. Fue Frank Warner, quién había trabajado en “Encuentros en la tercera fase” (1977) y “Taxi Driver”, quien hizo los efectos sonoros. Utilizó petardos y melones que hacía reventar, pero la mayoría de efectos nunca nos quiso decir cómo los hacía; pronto se volvió muy posesivo y al final del rodaje destruyó todas las pistas de sonido originales para que nadie pudiera utilizarlas. Los combates se grabaron en Dolby Stereo, pero no los diálogos; eso nos puso en dificultades. Habíamos previsto ocho semanas de postproducción y creo que al final nos hicieron falta dieciséis. Fue realmente laborioso, sobre todo porque yo quería que cada combate tuviera un aire diferente."

Michael Chapman fue el encargado de dirigir la fotografía, ya lo hizo en Taxi Driver, pero también para películas como Tiburón y más tarde El fugitivo (1993). Solo tienes que ver los primeros diez minutos de Toro Salvaje para darte cuenta que la fotografía son palabras mayores. No entiendo de fotografía cinematográfica, pero a mi parecer en el caso de Toro Salvaje es hermosa.

Conclusión

Hace aproximadamente un año que volví a verla por cuarta vez. A veces pienso (no sé si os ha pasado alguna vez) que ojalá nunca la hubiese visto, porque así tendría un motivo para verla por primera vez. Me ha pasado con algunas pocas películas, con aquellas que significan algo: Haz lo que debas de Spike Lee o Dersu Uzala de Akira Kurosawa son algunos ejemplos. Toro Salvaje está en el pódium de los campeones siendo una película que visualmente es poderosa. Con un guion meticulosamente cuidado y unas más que ejemplares actuaciones dignas de ser mencionadas en cualquier libro sobre cine. No encuentro ningún punto negativo, lo tiene todo y no le sobra de nada.

Cuando ves una película sabes si al final de la cinta, esa película te ha transmitido algún valor, sabes si ha dejado algún tipo de impronta en tu ADN, si te ha dejado huella y sabes si has perdido tu valioso tiempo en ver un film que al final no ha significado nada para ti.

Creo que la mayoría de personas que vemos cine de forma habitual y los que no seguro que también, tenemos tres tipos de sensaciones:

Una, aquella que te emite una sensación positiva y que después de haberla visto, te deja una buena sensación de boca. Sabes que no has perdido el tiempo. También sabes que no es una obra maestra, pero sí que es una buena película.

Dos, aquella en el que el visionado se nos hace eterno aunque dicha película dure ochenta tristes minutos, sabes que esa película no te llama la atención y, también sabes, que no la volverás a ver en tu vida porque no significa ni significará nada para ti. De hecho, puede que les des al STOP y la saques de tu aparato reproductor porque es la mayor bazofia del mundo.

Tres, es única en su especie, nunca jamás en la vida volverás a ver algo parecido. Es única e intransferible. Te coge de la mano y te lleva directo al film y una vez dentro te sumerges en ella sintiendo cada escena, cada música, cada momento, cada gesto, cada palabra de todo lo que sucede en la película. Es más, no quieres que finalice y esperas a que dure algo más, aunque la película sea una odisea dramática, aunque sea dura y desagradable al mismo tiempo.

Después estás unos cuantos días pensando en ella, en lo buenos que fueron los actores y actrices. Después puede que te hagas una serie de preguntas del estilo: ¿cómo consiguieron hacer esto y aquello? ¿Dónde se rodó? ¿Y aquella actriz tan buena… cómo se llamaba? ¿Cómo narices consiguieron hacer un plano secuencia tan espectacular?… puede que incluso te compres un libro sobre el rodaje y un edición especial de coleccionista donde salga el making off de cómo se hizo. Cuando ocurre algo así, sabes que esa película formará parte de tu vida, te identificarás con ella y puede (seguro que sí) que la veas de vez en cuando o una y otra vez ¿quién sabe?

Eso es lo que me trasmite Toro Salvaje. Me entusiasman muchos estilos y no descarto nada o casi nada. Hay algunas cuantas que están a la altura, pero no son Toro Salvaje. Este film me ha ofrecido por ejemplo, el poder escribir de ella de forma apasionada y darme cuenta de lo grande que es el cine y los poderes de atracción que tiene el mundo del séptimo arte.

La película está llena de detalles que aún falta por nombrar, pero creo harían falta veinte páginas más para abordar todo el significado de la película ya de por sí, lleno de matices.

Siempre que veo Toro Salvaje veo detalles nuevos que con anterioridad se me habían pasado por alto. Gestos, introducciones de audio (que antes no le daba el significado que requiere y ahora lo valoro), músicas que están perfectamente adecuadas a cada una de las escenas, giros de cámara inesperados, conceptos significantes que adquieren mucha fuerza y puede que con un primer visionado no los contemples todos y no le des la estimación que requiere… Por ejemplo, en muchas de las películas de Alfred Hitchcock tienes que ver dos veces algunas de sus escenas para entender lo que realmente cuenta la secuencia. De hecho, él recomendaba ver las películas como mínimo dos veces.

Es imposible que en una primera visión te des cuentas de todos los detalles.

Evidentemente, esto no pasa con todas las películas y no es necesario hacerlo siempre. Pero en mi caso, para todos aquellos films que yo he considerado obras maestras, por lo menos las he visto tres, cuatro y hasta más veces.

Toro Salvaje es la redención de Martin Scorsese y ha sido en cierto modo su salvación y su válvula de escape. Le salvó la vida y con ello, nos regaló películas como El Rey de la comedia (1982), ¡Jo, qué noche! (1985), El color del dinero (1987) Uno de los nuestros, Casino y tantas otras.

Parece que él no lo veía de esa forma:

"Yo puse en Toro Salvaje todo lo que sabía, todo lo que sentía, y pensé que eso sería el final de mi carrera. Es lo que se llama un film kamikaze: se pone todo dentro, se olvida todo y después se intenta encontrar otra manera de vivir."

Para finalizar diré que todo esto, todo lo escrito aquí es muy personal y subjetivo, siempre lo digo, yo lo comento y lo escribo bajo punto de vista y perspectiva, y cada uno tiene el suyo propio. Este es el mío.


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Escrito por Olvidado el 18/05/16

El Ministerio del Tiempo (Temporada II, Colón) Pinche en el enlace para votar


El Ministerio Del Tiempo

"El Ministerio del Tiempo" es una serie de TVE que lleva tiempo emiténdose los lunes por la noche en La 1. Nunca me llamó la atención pero recientemente quise ver un capítulo en el que sus protagonistas se trasladaban al convento de La Rábida en 1485, fecha aproximada de la llegada de Colón a España tras pasar unos diez años en Portugal diseñando cartas marítimas y tratando de convencer, sin éxito, a Juan II de su proyecto.

Esta serie nos muestra al parecer la actividad de un ministerio que controla los viajes en el tiempo para evitar que cambien el curso de la historia; en clave algo humorística, ya que de no hacerlo así la audencia se enfada ante tamaño disparate. Es cierto que viajar en el tiempo siempre nos ha hecho mucha ilusión; y también es cierto que estos viajes son posibles. Pueden demostrarse matemáticamente, con álgebra de primer curso, y también están de acuerdo con muchos experimentos.

Relojes muy precisos transportados en aviones retrasan un poco en comparación con los relojes estacionarios. Una velocidad es simplemente una distancia dividida por un tiempo. Al aproximarnos a la velocidad de la luz no podemos sumar simplemente las velocidades, y los conceptos cotidianos de espacio y tiempo no funcionan. Viajando a esa velocidad apenas envejeceríamos meintras quienes se quedaran seguirían haciéndolo a un ritmo normal. Un viaje a una velocidad próxima a la de la luz es como un elixir de la vida. Podríamos llegar a Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, en unos cinco años medidos por el reloj de a bordo. Al centro de la Vía Láctea, en 21. Sin embargo, en la Tierra habrían pasado 30.000 y no quedarían muchos amigos para darnos la bienvenida. El vuelo espacial relativista hace el tiempo accesible sólo a quienes participan en el viaje. Además, estamos atrapados en el siglo XXI y, con la tecnología actual, esta nave necesitaría motores del tamaño de pequeños mundos. Los vuelos a través del espacio y del tiempo son un objetivo a mil o diez mil años vista si nuestra civilización no se ha extinguido antes.

Estos viajes plantean, además, algunas contradicciones: supongamos que retrocedo unas décadas, me cruzo con mi padre y lo mato. Entonces yo no he nacido, lo cual es absurdo por razones obvias. ¿Solución? Quizá exista una jerarquía infinita de universos y entraríamos en otro en el que nuestro padre no existe. Por no hablar de que quizá existan galerías para ir de un lugar a otro del universo sin cubrir la distancia intermedia. Desde luego, nuestra imaginación no tiene límites: universos paralelos, agujeros de gusano… ¡No son más que fábulas!

EL COLÓN DEL MINISTERIO DEL TIEMPO

El Colón que nos mostró ese capítulo hablaba perfectamente el español. Craso error. Si en algo coinciden todos los testigos castellanos que conocieron y trataron al Portador de Cristo es que era "ajeno a su lengua", o sea, al castellano. Así consta por testimonio del físico de Palos García Hernández en la visita que Colón hizo a la Rábida en 1491. Las Casas insistirá en lo mismo, véase su "Historia" cpaítulos 48, 124, 141 y 150.

Según se desprende de la obra del lingüista Ramón Menéndez Pidal "La lengua de Cristóbal Colón" (un hito sobre esta faceta del descubridor, hasta entonces muy ligeramente tratada), el español que escribía Colón está lleno de portuguesismos: no distingue a menudo entre la l y la ll, confunde el diptongo ue por oe, y no capta la diferencia entre gue-ge o gui-gi, por citar algunos ejemplos y no hablar de la cantidad de palabras portuguesas que usaba. También se encuentran no pocos italianismos, si bien no se conserva ninguna anotación en italiano, al menos en un italiano correcto; aunque en mi opinión es exagerado defender, como hizo Arce, una influencia 100 % italiana. Más perspicaz fue Varela, que sostiene una influencia de ambas lenguas con clara preponderancia portuguesa.

Es cuanto menos sorprendente que, con esta importante baza, la teoría del Colón portugués surgiera tarde y mal. Una de las obras más completas, escrita por Antonio Rumeu de Armas en 1982 bajo el título "El portugués Cristóbal Colón en Castilla", nos ofrece un Colón no nacido sino nacionalizado portugués y como tal -dice Rumeu- sería conocido por los Reyes Católicos. A mi modo de ver es poco convincente. Otra obra en la misma línea, la película de Manoel de Oliveira "Cristovao Colom, o enigma" se basa en mi opinión en simples gratuidades. Quizá por este cariz novelesco y fatuo esta teoría no dio seguidores contumaces.

Si pudiéramos conocer a Cristóbal Colón, seguro que la primera pregunta que le haríamos es "¿de dónde sois vós?". Y los protagonistas de este capítulo no podían ser menos. Una escena muy acertada es la de su hijo Diego hablándole en portugués. Sin duda debía utilizar esta lengua con él, no en vano su madre (muerta recientemente y, para no desentonar con el aura de misterio que envuelve también la vida de su marido, jamás se supo de qué) era portuguesa. Esto sucede justo cuando le preguntan por su orígen al bueno de don Cristóbal. Gran sembrador de confusiones fue su hijo Fernando, que en su "Historia del Almirante" hizo toda una ceremonia de la confusión sobre este particular en el que casi todos han encontrado un asidero al que agarrarse. Entre ellos los partidarios del Colón extremeño (sí, también), al tomar la ciudad italiana de Piacenza por Plasencia. Veían a Colón como miembro de una familia de judíos conversos que emigraron a esta villa durante las luchas religiosas de mediados del siglo XV. No merecieron los honores de la refutación por ser demasiado evidente su falta de consistencia. Mezcla de leyenda, tradición y trabajo interesado de genealogistas, su montaje duró poco.

El rastro se inicia el 21 de febrero de 1429. Ese día comienza la historia de nuestro querido Cristóbal, por lo menos tal como Patrizia Schiappacasse, archivera del Archivio di Stato de Génova, es capaz de reconstruirla cinco siglos después. Ese día, un tejedor de paños llamado Giovanni Colombo, del pueblo de Quinto, cerca de Génova, acude a un notario para sellar un acuerdo con Gerardo di Brabante, que regenta una empresa de tejidos. Este hombre se declara dispuesto a aceptar a Domenico, hijo de Giovanni, como aprendiz. El 6 de septiembre de 1440, otro documento se refiere a Giovanni Colombo como "maestro tejedor". Según este papel, Domenico vive de forma desahogada, al menos lo suficiente para arrendar una casa entera en las inmediaciones de la Porta d'Olivella.

En esta casa nacerá unos años después nuestro querido Cristóbal, probablemente en septiembre-octubre de 1451, hijo de Domenico y Susanna di Fontanarossa. Unos años después, entra en la escuela del gremio de tejedores. Cristóbal puede convertirse en un respetable lanero y envejecer lentamente en la Porta d'Olivella, casarse y tener hijos y, de vez en cuando, echar un vistazo al mar. Todo habría sido muy fácil (si bien aburrido) si las cosas hubiesen salido como Domenico planeaba.

Pero hacia 1460 el mundo de Colón empieza a hacerse añicos.

El poder de los Campo Fregoso se tambalea y la guerra civil azota Génova. Se supone que en 1464 el último Campo Fregoso huyó a Córcega en su barco. Los duques de Milán gobiernan ahora Génova y con ello comienza la decadencia de los Colombo. Un documento del 2 de marzo de 1470 se refiere a Domenico como "tejedor y fondista". Su antiguo oficio ya no le da para vivir y se rumorea que conoce el negocio de las fondas… como asiduo cliente. Además, el mismo documento indica que le debe el jornal a un aprendiz.

El siguiente documento, del mismo año, menciona por primera vez a nuestro querido Cristóbal (Cristoforus filius) pero no para bien. Padre e hijo deben pedir dinero a un prestamista, y al parecer la palabra del padre ya no es suficiente, ya que Cristóbal aparece junto a él como fiador. Acaba de cumplir 18 años. Este es uno de los documentos que han servido para determinar su año de nacimiento. Y ya podemos hacernos una idea del futuro descubridor: no firma con su nombre sino con la abreviación XPFR. Más adelante firmará XPO FERENS y en su testamento tendrá un detalle con este prestamista al que recordará incluso por su nombre: Gerolamo del Porto.

Sin embargo, estos y algún otro crédito sólo les sirvieron para salir del paso. Susanna, la madre de Colón, debe vender un terreno que aportó como dote. Y poco después deben hacer lo mismo con la casa en la que probablemente nació el Portador de Cristo. La familia se muda a Savona (Diego Méndez, un marinero castellano que participó en el cuarto viaje, escribirá años después "era de Savona, un pueblo cerca de Génova") y por esa época Colón debió de comenzar a navegar como comerciante, empujado por estas penurias económicas. Varios documentos indican que trataba con mercancías y eso implicaba tener que navegar. A un joven de Madrid seguramente no se le habría ocurrido tan deprisa la idea de buscarse la vida en el agua. A Colón, en cambio, en una ciudad espantosamente estrecha, le queda tan sólo la indigencia o el mar.

Y más de 500 años después, la archivera genovesa Patrizia Schiappacasse extiende frente a la bella historiadora Anunciada Colón, descendiente del Portador de Cristo, su documento más preciado. Se trata de un acta notarial fechada el 25 de agosto de 1479 en la que un marinero de 27 años llamado Cristóbal Colón comparece como testigo ante la denuncia de un negocio fallido cometido por la Casa Centurione, para la que Colón trabajó, eso está demostrado por otros documentos. El joven marinero declara que trabaja en Lisboa como representante comercial para diversas familias genovesas, y que al día siguiente debe regresar a esa ciudad. En el acta, el notario describe a nuestro querido Cristóbal como "civis Jaune" (ciudadano genovés).


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Escrito por Natalia el 27/09/16

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Gattaca (Portada)

La mente humana tiene la capacidad de desear, los budistas dicen que debemos desprendernos de cualquier deseo si queremos vivir en paz, porque el deseo hacia algo o alguien no es más que llegar al fin de poseer ese algo o a ese alguien deseado, lo cual nos hace egoistas, y la posesión no trae la felicidad.

Por el contrario, Oscar Wilde dijo que la única manera de librarse de la tentación es caer en ella. En mi opinión, creo que todas las reacciones químicas de nuestro cerebro encargadas de producirnos sentimientos como por ejemplo la felicidad, tristeza, miedo, fascinación o el deseo, deben ser aceptadas y experimentadas sin apartarlas. Amar nuestro cuerpo no es solo aceptar nuestra parte exterior sino también la parte interior, la parte no fingida ni arreglada, la parte en la que notamos esas sensaciones que acabo de nombrar, donde todas nuestras células tejidos, órganos y sistemas trabajan para mantenernos vivos, donde se producen las reacciones ante los estímulos externos y donde también modificamos las respuestas a dichos estímulos en forma de palabras o acciones para sobrevivir al medio exterior. Nuestro yo más real, con el que convivimos en soledad y nadie más conoce, ese que la sociedad ha querido que ocultemos porque se ha considerado que la superficialidad es más elegante y válida.

Creo que debemos dejarnos atrapar por esas sensaciones y experimentarlas si queremos crecer y ser más fuertes, si no queremos arrepentirnos el dia de mañana de haberlas dejado atrás y habernos convertido en hielo. El deseo forma parte de ellas. Apartar el deseo de nuestras vidas nos facilita la existencia y nos da tranquilidad y nos evita el riesgo del fracaso, pero sin objetivos y sin esos procesos arduos y laboriosos para lograrlos, en los que nos dejamos la piel y conocemos a nuestro yo más fuerte e intentamos superarlo poco a poco, no experimentariamos satisfacción, la sociedad no avanzaría y nuestra auténtica naturaleza se revelaría antes o después. Nuestra mente no es estática.

Despreciar el deseo, creer que la libertad para expresarnos y sentir no es el camino o impedir a otros individuos la oportunidad de cumplir sus deseos, en vez de facilitarles el camino, es en mi opinión, despreciar al ser humano. Todos tenemos derecho a encontrarnos envueltos en nuestros propios deseos y disfrutarlos siempre que no impliquen el sufrimiento ajeno.

Cuando vi esta película me acordé de esos momentos en los que, yo misma o alguién de mi entorno, sentía que la sociedad le daba de lado por no poseer las mismas facilidades que otros privilegiados, de los avances logradoa en la biogenética utilizados para otros fines que no sean los de la curación de enfermedades, de cuanto daño puede hacer la ciencia en las manos equivocadas y de como en nuestra realidad, el sistema económico nos clasifica y nos marca un destino al nacer al que podemos resignarnos o luchar por cambiarlo. Recorde las locuras que alguna vez he hecho por lograr mis sueños. También lo buenos que son Ethan Hawke y Uma Thurman y lo infravalorados que estan en Hollywood respecto a otros actores, menos mal que nunca les falta trabajo y que por fin han reconocido todo el trabajo cinematográfico de Ethan en los premios Donostia.

Gattaca (Escena)

La trama

En un futuro no excesivamente lejano, Antonio Freeman (Elias Koteas) y Marie Freeman (Jayne Brook) deciden concebir de forma natural a su proximo hijo sin la intervención del genetista de la familia. El resultado es Vincent Freeman (Ethan Hawke) o un no válido. Es clasificado de esta manera porque no es geneticamente perfecto, además de haber podido tener ventajas físicas, también hubiesen podido evitar una deficiencia cardiaca que le daba una esperanza de vida de unos treinta años. Los no válidos se encuentran discriminados por la sociedad, que ya no discrimina por raza, sexo, religión o clases sociales sino por imperfecciones genéticas. Esta sociedad en la que vive Vincent se podría llamar "Distopía transhumanista", que consistiría en una sociedad enfocada en mejorar las capacidades humanas tanto físicas como psicológicas o intelectuales.

Deciden tener otro hijo, esta vez con la ayuda de su genetista, con la excusa de que Vincent se aburre, pero en realidad lo único que quieren es tener otro hijo que tenga la opción de acceder a la élite, ya que a Vincent desde que nació se le prohibió desear llegar lejos, debido a sus limitaciones físicas. Vincent es un apasionado del cosmos, desde pequeño deboraba con la mirada la cúpula celeste, estudiaba meticulosamente los libros de astronomía y mientras su familia le apartaba los pajaros que revoloteaban por su mente de poder viajar algun día al espacio, él se agarraba con mas fuerza e ilusión a ese sueño. Su carácter inconformista no le deja espacio a la resignación, por lo que harto de limpiar en el centro de preparación de astronautas, el lugar donde contempla alejarse sus añoranzas, decide suplantar la identidad de Jerom Morrow (Jude Law), un válido. En la central conoce a Irene Cassini (Uma Thurman) Todo parece tornarse favorable para Vincent, hasta que se comete un misterioso asesinato en la central y todos los indicios apuntan a que el asesino es un no válido que ha suplantado una identidad y ha logrado infiltrarse en la central y burlar sus medidas de seguridad.

Gattaca (Escena)

Reflexión

Hay películas en las que el director pretende ir más allá del entretenimiento y tratar un tema que cree de importancia para la sociedad, para la mente humana o las relaciones y se dirige hacia la raíz del asunto, la extirpa, la desgarrara una vez fuera y muestra los entresijos de la cuestión al espectador, la naturaleza pura, bella o desagradable del tema sobre el que se mueve la trama de la película o bien plantea una reflexión al final que aporte luz sobre los sentimientos congelados del público o deja que el público saque sus propias conclusiones. Y esto es el arte y uno de los rasgos que hacen bello el cine, ahora bien, dentro de las películas profundas, en mi mente, clasifico dos clases de profundidad en el cine, las profundas con una intención obvia, de las que te vas a ver al cine o te pones en tu casa y sabes a lo que vas, a encontrarte con una parte de ti que llevaba encerrada en un sótano de tus pensamientos mucho tiempo. La intención es clara, despertar determinados sentimientos sobre el espectador dentro de un marco limitado, en mi opinión para dar que hablar y que en las críticas del día siguiente del estreno todos leamos, "conmovedora", "apasionante", "desternillante" , "muy humana", "se la recomiendo a todo aquel que esté pasando una mala época, es esperanzadora", pero no te hacen reflexionar más de diez minutos y al día siguiente ni te acuerdas de lo que has visto.

Este tipo de películas caen en la trampa y terminan siendo de entretenimiento, pero de las malas, porque nadie volverá a ver para evadirse una película que en el momento en el que la ve le despierta un sentimiento profundo pero a lo largo de los días posteriores no le dice nada, ya que una película de entretenimiento esta hecha para no pensar ni remover nada, sino para alejarnos de la realidad sin alterarnos lo más mínimo, engancharnos a una trama y recordarla con gusto porque fue amena en un momento complicado, para eso son las películas de entretenimiento. Y estas películas, en mi caso, tampoco logran despertarme ese sentimiento melancólico e incluso romántico que se inicia cuando has visto una buena película y te empiezas a plantear incluirla en tu top ten a ella y al director o a la directora.

Luego existen las películas que por casualidad encuentras, te metes a ver cualquier sesión en cualquier sala un día que te encuentras alejado de casa y llueve, o eliges verla porque alguna palabra de su título e imagen de su portada llama tu atención, puede que llegues a casa de madrugada enciendas el televisor un rato antes de irte a dormir para hacer la digestión y acabes acostandote al amanecer porque no has podido despegar la mirada de la pantalla y de sus imagenes atrapantes. O simplemente porque te la han recomendado y es un clásico que tienes que ver si o si a lo largo de tu vida una o varias veces para analizarla con detalle. Estas situaciones no aseguran que te vayas a encontrar con una película de tu agrado, no es cuestión del contexto que la película sea buena para ti o para mi, si no que el artista sea bueno y encaje con tus gustos su forma de plasmar su realidad e imaginación a través del cine.

Pero estas situaciones combinadas con un gran descubrimiento cinematográfico hacen la película más especial, ya que no has tenido a los medios de comunicación ni a los críticos entendidos en la materia atosigandote con lo buena y prometedora que es esa película, es más puede que ni hubieras nacido cuando se estrenó o estuvieses en plena fase de desarrollo. Con esto no quiero decir que muchas películas que salen en la actualidad y tienen mucha promoción sean malas, ni mucho menos. Este tipo de películas tan especiales lo son porque en un principio solo buscas pasar un rato pero cuando terminas de verla no sabes que decir, y te vas con una buena sensación, durante los días siguientes te acuerdas de la música, la fotografía, la forma en la que los personajes expresan sus sentimientos, en una frase que te encantó, y te empiezas a dar cuenta de la verdadera profundidad de la película que iba mas allá de un encuentro casual entre dos individuos, o más allá de un solo personaje egoista y rancio hay un gran corazón que lucha por liberar a una mayoria oprimida, más allá de encontrar la carcajada fácil, te das cuenta de que debajo de una broma hay otra broma y debajo de la segunda broma una crítica social.

Estas son las verdaderamente profundas las que cuidan todos sus aspectos para expresar un sentimiento al público, que si no calan con un guión lleguen con una imagen o una buena canción. Pues Gattaca es de estas últimas, solo que con una peculiaridad, no subyace un solo sentimiento debajo de la situación obvia de la trama, subyacen muchos y forman un prisma, una crítica al ser humano en todos sus aspectos o a la sociedad en toda su extensión. El mensaje que podemos creer que el creador de la película quiere lanzar al público mientras nos encontramos viendo la película es el de "lucha por tus sueños", y puro entretenimiento para los amantes de la ciencia ficción, que también, pero ya he dicho que esto tiene varias caras, y que los de mente científica no son personas sencillas, por lo tanto sus creaciones tampoco. Inmediatamente después de eso yo vi una clara predicción del futuro, y una representación ficticia del presente. Una sociedad jerarquizada sin valores. Los problemas que pueden traer los avances científicos en las manos de poderosos que no entienden sobre leyes de la naturaleza, ni sobre las verdaderas necesidades de los que no lo son, solo entienden de amasar fortunas y ser cada vez más poderosos, de hacer ruido, distraer y hacerse con el poder de todos los medios de producción, en vez de utilizar la ciencia de forma coherente para necesidades verdaderas y gestionada por un gobierno responsable que no se deje sobornar.

Ya he comentado antes que en Gattaca ya no existen las clases sociales divididas por la economía, sino por la genética y las decisiones de sus padres, si tienes buena genética estarás en el escalón más alto, si eres un no válido, tu futuro laboral será limitado. Esta película plantea una disyuntiva, la de dificultades que nos ahorrariamos, la de personas que vivirían sanas sin sufrir, la de dinero que se ahorraría en fármacos, terapias y un monton de procesos desagradables que sirven para mejorar nuestra salud o para mantenernos con vida. El número de personas que sufren se vería reducido casi en su totalidad, pero hasta que punto esta bien jugar con las leyes de la naturaleza y que consecuencias traería eso. Me hace pensar en todo el sufrimiento por el que pasan en la sociedad actual todas las personas que se ven supeditadas a la atención y cuidados de otros, a superar obstaculos en ciudades inhabilitadas para ellos que se superan día a día, que prefieren rendirse con todo su derecho o que directamente no cuentan con los medios suficientes para poder recuperarse. En la película se refleja la competitividad entre Vincent (recordemos, no válido) y su hermano (Válido) con el juego del gallina. Se ve como los perfectos cada día quieren ser más perfectos y sobrepasar los límites de la perfección, olvidándose de la esencia imperfecta del ser humano. Y los no válidos simplemente quieren ser aceptados y tener las mismas oportunidades que los perfectos, ahora, de momento no existen avances tan exactos en la genética, pero si existe una imposición de unos cánones de belleza, unos requisitos demasiado elevados para conseguir un puesto de trabajo en el que tu jefe te respete y te den un sueldo que cubra las necesidades mínimas y te permita ser independiente, estas imposiciones nos hacen vivir situaciones de conflicto con nosotros mismos, como le ocurre a Vincent, con nuestros seres queridos y al fin y al cabo con la sociedad, solo para llegar a una perfección que el sistema ha creado para que se nos olvide disfrutar de la vida, para que abandonemos nuestros sueños, nuestra naturaleza y que al final le sirvamos a él.

La cuestión es si, si los no válidos de Gattaca sufren en una sociedad jerarquizada solo por la genética, hasta que punto deben sufrir en esta sociedad aquellos que se encuentran en una sociedad dividida por la economía y que además deja a un lado a aquellos que no poseen una salud excelente. La otra cara es sencilla si tus sueños o el amor por tus sueños no es tan grande como para hacer locuras, mejor buscate otro.

Gattaca (Escena)

También Vincent experimenta satisfacción en el proceso de realización de sus sueños, un sueño que no sabe si llegará a hacerse realidad, no deja que la sociedad logre que aparte la vista de su objetivo ni altere sus deseos más profundos. Este personaje expresa que la libertad no reside en no estar preso, la libertad esta en perseguir nuestros sueños y disfrutar de lo que nos hace felices. Jerom Monrrow (Jude law), el verdadero, es un ser geneticamente perfecto, alto, guapo, aunque no muy agradable después de su "accidente", este personaje aunque confunda con su carácter arisco, posee un gran corazón, lleno de amor por la libertad como Vincent, en una situación tan complicada como la suya, en vez de preocuparse por su propio bienestar y superar obstaculos diarios que antes no tenía, decide ponerse otro más cediendole su identidad a otra persona para que logre sus sueños y así burlar a una sociedad que no le satisface. Es apasionante ver como defiende con uñas y dientes el sueño de su nuevo amigo.

Sobre los actores y otros datos

Comenzaré hablando de Uma Thurman, interpreta a Irene Cassini una Válida, una interpretación muy elegante y disciplinada, con carácter pero sin apartar en ocasiones su toque travieso y alegre. Ya he comentado que tanto ella como Ethan, son actores para mi excelentes, por su esencia rebelde, por la capacidad de darle el alma exacta a los personajes creados en papel y trasmitir fuerza a los espectadores, ademas del tremendo atractivo que desprenden con su mirada azulada y pícara. Reconocidos por los cinéfilos pero no muy aceptados por el resto de los espectadores y algo apartados de los reconocimientos en Hollywood, pero respetados entre los grandes.

Ethan Hawke interpreta a Vincent, el papel protagonista, en la reflexión ya he dicho todo lo que podía decir sobre este grandioso actor que a mi me ha robado el sueño en numerosas ocasiones, es un actor polifacético, lleno de pasión por su trabajo, amor por la vida y por el cine y me alegro enormemente de que haya recibido el premio Donostia. Hay ciertos actores que me trasmiten unos sentimientos tan electrizantes y profundos que me podría pasar noches enteras escribiendo páginas sobre lo buenos que son y lo mucho que me encantan los motivos y en los momentos en los que empecé a respetarles profundamente, y tanto Uma como Ethan, forman parte de esa lista mental de actores y actrices con los que podria realizar una tesis sobre sus carreras.

Jude Law (Jerom Monrrow) actor cuya carrera no he seguido mucho, en Inteligencia artificial me embauco y tanto en Gattaca como en Sherlock Holmes, interpretando a Watson, he podido comprobar que es de esos actores que llenan de vida un personaje secundario y los hacen ser joyas necesarias para que la película brille. Crea personajes llenos de fuerza, valentía y en ocasiones picardía. No obstante, sigo prefiriendo la interpretación de Ethan.

Curiosidades

Gattaca es el nombre del centro desde el que se regulan los viajes al espacio. Sus letras son las iniciales de los nucleotidos que componen el ADN (Citosina, Guanina, Tiamina, Adenina). En la pelicula la estructura del ADN se muestra en la escalera en espiral de la casa donde viven los protagonistas. Aunque en la película se alude a la prohibición legal de discriminar por motivos genéticos (genoísmo lo llaman), en la práctica no cesan de practicarlo.

Otros datos

Duración de la película: 1: 46: 27; Director: Andrew Niccol; Música: Michael Nyman; Fotografía: Slawomir Idziak; Género: Ciencia ficción. Intriga Distopía. Película de culto; Premios: 1997: Nominada al Oscar: Mejor dirección artística 1997: Nominada al Globo de Oro: Mejor banda sonora original 1997: Festival de Sitges: Mejor película, mejor banda sonora.


Libro de Visitas

Natalia Cañadas ©

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Escrito por Natalia el 13/10/16

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Alicia en las ciudades (Portada)

La Trama

Un periodista y fotógrafo alemán, Philip Winter (Rüdiger Vogler) es enviado a los estados unidos para escribir un libro de tema libre, le pagan dietas, alojamientos en moteles de carretera cuyas habitaciones misteriosas guardan recuerdos de cientos de situaciones y personas de muy diversos tipos. Con su polaroid al hombro, disfruta tanto recorriendo largas distancias en coches de alquiler mientras se deleita con grandes canciones del rock, cogiendo trenes, caminando, zambullendose en una maravillosa aventura para la mente, no le ocurre nada especial, pero el simple hecho de plantarse frente a la majestuosidad y grandeza de los paisajes, ciudades, pueblos gobernados por los cuatro granjeros de la zona y sus escopetas, el violento oleaje de una playa en un atardecer de ensueño, y por otro lado enfrentarse con su yo más profundo, sumido en sus propios pensamientos, pasiones y miedos, en completa soledad, un viaje de introspección, conociendo la profundidad de la naturaleza que le rodea y la profundidad de la naturaleza que le hace ser quien es, lo convierte en un viaje muy especial.

Un viaje de completa expansión multidireccional, sin fronteras para la mente y los sentidos. Una aventura en la que creces quieras o no, ya que todas tus fuerzas, herramientas, habilidades y recursos, conocidos y desconocidos para ti, se despierta para enfrentarse a las fuerzas más poderosas, las de la naturaleza, y llegar a un equilibrio casi místico en el que vivir en completa paz y armonía con ellas. Esto no quiere decir que sea una película de aventuras en una selva, bosque, montaña o cualquier entorno natural sin contacto con la civilización como por ejemplo "Into the wild", cuya película no he visto pero si he leí el libro y por lo que sé, la película tiene una buena crítica. Pero el hecho de emprender un viaje en soledad y más atravesando todos los estados unidos con un presupuesto ajustado, ya te pone en una tesitura de peligro, si no eres hábil, ya que no cuentas con la ayuda de nadie.

Alicia en las ciudades (Escena)

El periodista vive el viaje a través de las fotogrfías y almacena una gran cantidad de ellas para entregarselas a su jefe, que cuando las ve, decepcionado, reclama que debería haber escrito sobre algún tema en concreto, y cancela su contrato. Philip, se queda sin dinero y decide volver a Alemania, pero cuando llega al aeropuerto la azafata de tierra le informa de que no quedan vuelos directos a Munich debido a una huelga. En la recepción conoce a una bella mujer, Lisa (Lisa Kreuzer) también alemana, le ruega que sea su traductor ya que ella desconoce el inglés por completo va con su hija llamada Alice (Yella Rottländer), y necesitan volver a Alemania cuanto antes.

Philip continúa hablando con la azafata y comprueba que el único vuelo disponible es a Amsterdan el día siguiente, ella le pide que pasen la noche juntos. Una simple coincidencia en la recepción de un aeropuerto con una paisana desconocida, cambiará por completo el rumbo del viaje de estos personajes y la perspectiva con la que ven la realidad.

Opinión

Reconozco que esta película la encontré buscando películas alemanas para que me sirvieran de apoyo con mis clases de Alemán, no tenía ningún tipo de interés por zambullirme en la trama, empatizar con los personajes, ponerla en alguna lista especial o considerarla una obra maestra, simplemente quería ponerme a prueba, comprobar que era capaz de entender con lo que había aprendido hasta aquel momento y aprender nuevas expresiones, vocabulario y mejorar la pronunciación si fuese posible. Pero después de haber visto ya unas cuantas películas alemanas, debo reconocer que son buenos, muy buenos haciendo películas de todos los géneros y que al final te enganchas a la trama, te identificas con algún personaje, te enamoras de la fotografía, te deleitas con el acento de los personajes y siempre te quedas con la sensación de haber aprendido algo, de haber sabido elegir bien la película y de no haber perdido el tiempo. No me gusta clasificar las películas por países, me gusta más por géneros o directores, pero cierto es que en cada país hay un rasgo en las películas que las caracteriza, aporta el toque especial de cada lugar y te ofrece la oportunidad de viajar muy lejos sin moverte de tu cama, lo cual es malo porque en cuanto termina la película te entran unas ganas terribles de irte lejos muy lejos de tu cama, con la seguridad de que tu cama seguirá ahi para cuando vuelvas, porque es donde mejor se duerme.

Quise hablar sobre esta película en particular porque me dejo una sensación buena, pero me hizo pasar por muchos estados de ánimo mientras la veía. Creo que esta película trata de todo el daño que se puede hacer siendo egoísta. Nos olvidamos de dejar a un lado nuestros objetivos y lo que buscamos con ansiedad porque creemos que todas esas metas nos van a hacer felices, pero simplemente son creencias sin fundamento, castillos en el aire. Esta película muestra de una forma muy cruda, que si en esos momentos apartasemos de nuestra mente la ambición y el egoísmo para disfrutar de lo que nos rodea en un instante concreto, y centrásemos una parte de nuestra energía en ayudar a los demás a conseguir sus objetivos, en vez de ponerles trabas, podemos hacer muy felices a quienes amamos, ser mucho más felices nosotros y lograr nuestros objetivos antes de lo que hubiésemos imaginado y conseguido en soledad.

La película tiene un buen guión, pero no es mi favorito, no es cine mudo, sí en blanco y negro, lo que hace que sea muy atractiva para mi. La escasez de diálogo puede llegar a confundir durante unos minutos a aquellos que la cojan a medias, aunque dudo que esta película la lleguen a echar por televisión. Pero ahi reside la grandeza de esta película, la grandeza de los actores para expresar sus sentimientos en los momentos dificiles sin un guión muy elaborado, muchos sentimientos a través de muy pocas palabras y una expresión y una presencia en escena grandiosas. También rompe con la idea preconcebida en la que la sociedad plantea que un adulto nunca aprendera de un niño o de alguién más joven, lo cual me encanta porque los niños son grandes profesores y están ahí para recordarnos que lo bonito de la vida es la grandeza de la naturaleza del alma con la que venimos al mundo, sin intoxicar aún por la sociedad, las malas experiencias o los detalles sin importancia que nos hacen perder el tiempo alejándonos de disfrutar de este maravilloso planeta, de la gente buena que lo forma y de desarrollar juntos las cualidades que nos hacen hermosos. También plasma lo fácil que es romper esa inocencia a través del egoísmo y de como algunas personas son obligadas a madurar antes de tiempo a causa de las acciones emprendidas con espontaneidad de otras personas que influyen directamente sobre nuestras vidas y en la formación de la personalidad durante nuestro desarrollo.

Alicia en las ciudades (Escena)

Es una parte de la trama que me enfurece bastante pero con la que, a la vez, he podido llegar a empatizar y ponerme en la ropa del personaje que lo provoca, no al momento, pero lo logré después de llevar días reflexionando sobre esta película. Nos encontramos con personajes complejos y muy bien construidos, movidos por la espontaneidad, el miedo y la inconsciencia de sus actos, pero buenos de corazón y que una vez lejos del extasís del momento en el que te debates entre cometer una imprudencia o no y finalmente eliges cometerla, reflexionan y puede que sigan o no cometiendo imprudencias pero en esta película se ofrecen momentos tanto para el personaje, como para el actor y el espectador en los que se puede reflexionar. Es decir, los personajes son humanos, nada de arquetipos cogidos al azar para meterles en el caldero cinematográfico llamado plató y conseguir un exitazo en taquilla con un guión medio interesante y una buena escenografía. Son precisamente el tipo de personas que podrías encontrarte en un viaje, sentir que te han enseñado algo, de las que decides conservar siempre en la memoria y en las historias que cuentas a tu familia y amigos cuando hablas de ese viaje en concreto, personas que siempre las recordarás tan vivas como en el momento en el que las conociste, que te ayudaron a superar un obstaculo o te alegraron el viaje.

Puede que sea una película lenta para algunos, yo la calificaría más bien como profunda, la lentitud en el cine, desde mi punto de vista, ocurre cuando han cambiado de escena alrededor de unas catorce veces, llevo media hora de película y todavía no entiendo de que trata ni quienes son algunos personajes o por qué llevan a cabo ciertas acciones, esto tambien se da en días de despiste, por lo que espero otra media hora a ver si remonta y la entiendo o sucede algo que una todos los puntos por los que pasa con anterioridad, si es así puede ser lenta pero grandiosa y si no, es posible que me sienta estafada al terminar la película.

Puedo asegurar que si te gusta el cine en blanco y negro y terminas decidiendo verla no te vas a sentir estafada, aunque solo sea por la fotografía, la delicadeza con la que la cámara va recorriendo ángulo a ángulo y milímetro a mílimetro la belleza de los lugares y escenas, al verla es posible que sientas como si contemplases maravillado poro a poro el cuerpo desnudo de la persona que amas. Sensación que me provoca la adaptación cinematográfica de El gran Gatsby (1974) con los fantásticos Robert Reford y Mia Farrow como protagonistas. También aprendí algo de alemán, asi que se podría decir que es una película esperanzadora.

Otros datos

El protagonista vive su viaje obsesionado con retratar todos los momentos y paisajes vistos a través de su polaroid ya que quiere lograr que consigan reflejarse en el papel de forma idéntica a como son en la realidad, él sabe que no es así, por lo que entra en un bucle de frustración y obsesión con la fotografía. Entiendo esa obsesión por querer conservar cada momento y lugar lejano intacto para llevarlo contigo a cualquier parte, porque cuando vuelves la realidad cambia y por miedo a olvidar la fantasía que tuviste la oportunidad de vivir en un momento intentas conservarla como una esencia en un pequeño frasco que puedes destapar y deleitarte con su aroma siempre que necesites esperanza o que pienses que todo es malo, para recordar que no todo es malo, que las tormentas pasan y que en algún lugar existe un pequeño paraíso perfecto para tí. Pero también puede ser que el personaje no esté a gusto con la realidad en la que se encuentra y quiera llegar a sobrepasar la perfección y realidad de la naturaleza a través de la fotografía. Esto le ocurre mucho a los fotógrafos de moda que generan estereotipos irreales a través de su cámara. Al intentar mejorar y perfeccionar su trabajo, crean una realidad paralela y destructiva con la verdadera realidad.

Dirigida por Wim Wenders, escrita por Wim Wenders y Veit von Fürstengberg, grabada en la Alemania del oeste en 1974 (RFA), en pleno triunfo soviético por europa y división de la actual alemania, lo cual le da un toque histórico que para mi le suma puntos. Musica de CAN. Director de fotografía, he aqui el genio, Roby Müller (B and W).

Reparto, Rüdiger Vogler, Yella Rottländer, Lisa Kreuzer, Edda Köchl, Didi Petrikat, Ernest Böhm. No estoy en condiciones de opinar sobre la carrera de los actores y dar mis impresiones ampliadas mas allá de esta película porque es la primera vez que me les encuentro en una película, pero he de decir que su calidad interpretativa podria calificarse como magistral. Género, drama, road movie, centrada en un viaje en carretera, me gustan este tipo de películas como Paris, Texas, Abierto hasta el amanecer, Lolita o Miedo, Asco en las vegas o Thelma y Louis por poner algunos ejemplos de películas en los que la mayor parte o cierta parte de la trama transcurre en un viaje por carretera dentro de un coche o caravana. Duración 110 minutos. Productora, Produktion 1 im Filmverlag der Autoren/WRD. Título original, Alice in den Städten.


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